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Dicen que hacer lo mismo y esperar resultados distintos, es una locura. Así que, partiendo de eso, y en vista que ya me cansé de sonar como un tocadiscos roto, voy a intentar ir contra mis instintos y probar algo distinto. Muchas han sido las analogías para comparar la pandemia con algo cotidiano, pero seguro la que más ha pegado en el país es la de comparar la pandemia con un partido de fútbol (si me leen ya saben que he sido acérrimo crítico de esta analogía). Pero ya que, hagamos un intento y veamos la pandemia a través de los ojos de un fanático del fútbol.

Empecemos por lo simple. ¿Cuánto vamos? Perdiendo. Sin lugar a duda. Algunos inclusive dicen que ya perdimos, y por goleada. Los daños ya son irreparables, los y las más de 600 personas que han sido víctimas fatales de la COVID-19 en el país no volverán. Muertes que en la mayoría de los casos eran prevenibles. Eso es lo que más duele. No era algo inevitable como muchos han querido decir. Sumémosle a la goleada que la economía durará años en recuperarse, y algunos de los empleos perdidos nunca retornarán.

No es que sea un partido imposible de ganar. Teníamos todo para hacerlo de hecho. El talento, la infraestructura, la capacidad técnica, y la voluntad. Muchos, como Uruguay y Hong Kong, van ganando su partido. Vale la pena estudiar de cerca en qué radica su éxito. Algo podemos aprender de su táctica.

Ahora, que vayamos tan mal ¿es culpa de nosotros los jugadores o del técnico? Como todo en la vida y en el fútbol, no es tan sencillo apuntar un solo dedo. Ambos actores tenemos algo de responsabilidad.

Empecemos por el técnico (las autoridades en salud). Ya en otras ocasiones he expresado mi descontento con algunas de sus estrategias (aquí y aquí). En resumen, son dos cosas. Primero, una mala táctica defensiva, sin un enfoque suficiente e integral para la prevención de nuevos casos, en la cual hacemos muy pocas pruebas e invertimos relativamente poco en el rastreo de casos. Y segundo, estrategias de comunicación mal planteadas ¿Ataco o defiendo? ¿#vamosaturistear o #quédateencasa? ¿Qué hago? Mensajes mixtos tienden a tener pésimos resultados, sino pregúntenle al Machillo Ramirez, a quien en la selección nunca nadie le entendió bien su idea.

¿Y los jugadores (la población), tienen algo de culpa? Pues sí también. Muchas son las personas que tienen los medios, el conocimiento y las capacidades para acatar las medidas de distanciamiento, el uso de mascarillas, el lavado de manos, e insisten en no cumplir estas recomendaciones. Playas llenas, fiestas en casas, e indiferencia hacia los demás parece ser la tónica de algunos sectores de la población. Estas son las actitudes que repercuten sobre toda la población y en parte lo que nos tiene en estas condiciones tan graves. Pagan justos por pecadores, pero perdemos todos.

¡Pero responsabilizar solo a la población tampoco se vale! Le robo las palabras a Paula Fairen Gamboa, profesional en la promoción de la salud en relación a la estrategia de “autogestión del riesgo individual”, popularizada en tiempos recientes:

Desde una perspectiva de salud pública la “estrategia” de dejar la responsabilidad de su salud a las personas desde un enfoque individual no solo es completamente elitista, sino que inefectiva. No podemos esperar que las personas tomen las decisiones sobre su salud cuando no les garantizamos los medios y la información para que desde una perspectiva social, económica y laboral realmente tengan libertad de decidir sobre ella".

El punto es, como continúa ella, “debería de tratarse de no decir “que se cuiden” como si fuera tan sencillo para todes, como si fuéramos igualiticos, el punto es que no lo somos y las medidas sociales y sanitarias también deberían de reflejar eso”, y finaliza “perdimos esta batalla cuando dejamos de trabajar para disminuir las inequidades sociales décadas atrás”. Spoiler, por aquí anda la estrategia de Uruguay.

¿Y entonces qué hacemos? ¿Salimos con todo, sin miedo al rival, a jugar de tú a tú (autogestión individual del riesgo- la ruta escogida)? O, ¿Metemos el bus (martillazo)? Ya lo sufrimos en el mundial de Rusia contra Brasil, estar 90 minutos con el bus metido no deja nada, solo un “casi, casi”. Y algunos ya nunca quieren ver al país así. Otros pensarán que ya pa’ que. Si ya vamos mal ¿para qué empeorar la cosa? Pero les recuerdo, el gol diferencia vale, sino preguntenle a Guima, que probablemente no ha olvidado que en Corea y Japón quedamos fuera de la segunda ronda por un gol. Cada vida vale, y a mi parecer el martillazo no debe de esperar ¿Por qué? Dos razones:

  1. A todas luces estamos camino a un colapso inminente de nuestro sistema de salud. El día que tanto nos ha dicho el ministro que tenemos que temer, ya está tocando la puerta. Ya el penal fue pitado, y el ejecutor no falla. Todos los modelos lo predicen, y las estrategias de “autogestión del cuido” evidentemente no están calando. ¿Por qué insistir en meternos miedo con las morgues anexas, los mensajes trillados y el “esto es real” si es evidente que estos mensajes no están funcionando?
  2. Todo cambio de estrategia toma su tiempo para ver los efectos en el campo de juego. Existe un retraso entre el momento que aplicamos la medida y cuando vemos los resultados. En el caso del martillazo, la experiencia global nos dice que una vez aplicado, las cosas se tienen que poner peor (por unos 10 a 15 días), antes de que se pongan mejor. Pónganse a pensar lo que significa esto ¡Encerrados en nuestra casa nos tocará vivir lo que pasó en las potencias de Italia y España! Pasarán días donde las muertes aumentan y aumentan, los casos seguirán subiendo, y a los 10-15 días llegaremos al pico, y las cosas empezarán a mejorar ¿Por qué retrasar esa decisión si es a lo que vamos sí o sí? ¿Por qué no aplicar esta medida hoy cuando la mortalidad está cerca de 15 por día? ¿por qué esperar a que suba por ejemplo a 30 por día? Hay muchas vidas en juego en ese tiempo de reposición. Cuanto antes mejor.

Pero tal vez otra estrategia dirán algunos, ¿Un cambio de técnico? (¿Que llamen a Pinto?) Para mí es un claro ¡No! Jamás, sería caer en el cortoplacismo que plaga nuestras instituciones y nuestros equipos de primera división ¿Saben cuántos técnicos ha tenido el Liverpool en sus casi 130 años de historia? 21 ¡si 21! La misma cantidad que la Liga Deportiva Alajuelense en los últimos veinte años. Consistencia, iteración, reconocer los errores para enmendarlos, resiliencia y pensar en largo plazo son cosas que podemos aprender del fútbol inglés sin lugar a duda.

Por último, ¿Cartaguito campeón? Pregúntenle a un Cartago, la fe es lo último que se pierde. Pero la sombra del descenso y el muñeco siempre están ahí. Y si leen desespero en mi tono, es por que lo hay. Tal vez este sea el año. Empezamos como la sele en Brasil, envidia del mundo, en boca de todos, jugando contra las apuestas, pero estamos como la sele en Sudáfrica (les recuerdo que ni fuimos a ese mundial). ¿Qué esperamos para actuar Costa Rica? ¿Un repechaje contra Uruguay? ¿Un gol en la saprihora? Ya es muy tarde para todo eso, toca ponernos la 10 a todos, y salir con dignidad de este embrollo en el que nos metimos solitos.