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Durante estos meses de pandemia que ha vivido la humanidad, hemos visto cómo las organizaciones internacionales han constantemente cambiado su opinión sobre la efectividad del uso de las mascarillas o si el virus se transmite por el aire o no. Esto también lo hemos visto a nivel nacional, donde el Gobierno cambia, de forma repentina, su actuar en las decisiones tomadas como el cierre por una semana de la GAM o un cambio en la apertura económica. Estas medidas han sido fuertemente criticadas en redes sociales. Muchas de dichas críticas apelan a una falta de visión por parte del Gobierno, o cómo ciertas voces han sido ignoradas en el debate político. Al escuchar estas críticas —algunas de las cuales comparto— y al reflexionar sobre la disciplina que ejerzo, me ha llevado a comprender que el manejo de la pandemia no es muy diferente de la biología de conservación: ¡ambas son disciplinas de crisis!

Michael Soulé, el padre de la biología de la conservación, definió una disciplina de crisis como una disciplina donde nos vemos forzados a actuar antes de conocer todos los hechos. Como científicos, nos encantaría conocer todas las respuestas a cualquier pregunta que aparezca en el camino. Lamentablemente, ese conocimiento toma tiempo que puede que no tengamos. No podemos esperar a saber cómo se va a recuperar el bosque en diez años si lo están talando en este momento. No podemos esperar a comprender los efectos de la pandemia en la economía del país si hay personas muriendo en este momento. La naturaleza del problema que enfrentamos nos obliga a tomar decisiones rápidas que pueden parecer no ser las mejores.

Estas decisiones cambiantes son naturales en el manejo de cualquier crisis. Nuevas publicaciones científicas actualizan nuestro conocimiento de la enfermedad día con día, y los datos de la evolución de la pandemia en Costa Rica pueden a veces cambiar repentinamente. Las proyecciones matemáticas nos han ayudado a prever estos cambios e incluso proponer soluciones, pero la toma de decisiones es una actividad integral que debe hacerse con la información disponible en el momento.

Entonces, ¿qué puede hacer el Gobierno para mejorar su manejo de la pandemia? Otra disciplina de crisis como lo es la comunicación ambiental, nos dice que las oportunidades para que la sociedad interactúe con el medio ambiente son cruciales para comunicar a la gente la crisis ambiental. En el caso de la crisis económica que se presenta, escuchar y dialogar con otras voces es análogo a interactuar con el medio ambiente. La reciente propuesta del Gobierno para escuchar ideas sobre cómo reactivar la economía es un gran comienzo.

Sin embargo, es importante recordar que la pandemia es también una crisis de salud. Las voces de los expertos en salud no pueden ser ignoradas en el diálogo propuesto por el Gobierno, el cual solo busca soluciones al ámbito económico.

Es importante comprender las grandes dificultades en el manejo de una crisis. La crítica constructiva es sana y fomenta la mejoría en dicho manejo, pero no podemos olvidar que estamos trabajando siempre con información incompleta, y a veces la decisión tomada no pareciera ser la mejor. Debemos asegurar que el desarrollo económico no nos cueste más vidas de las que ya nos está costando, así como la salud no nos cueste más años de progreso en materia económica de los que ya nos está costando. El equilibrio entre estas dos caras de la misma moneda es delicado, y se tendrá que balancear sobre un fino hilo hasta que acabe la crisis.