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Repaso Dominical: De las comisiones de Carlos y la Costa Rica que queremos

1.

Editorial

— El viernes en la tarde se oficializó la conformación de dos comisiones que, a pedido del presidente de la República, trabajarán en la reforma del Estado y la administración pública. Nadie en su sano juicio puede cuestionar la importancia —mejor dicho: urgencia— de pulir y modernizar el entramado que sostiene a la institucionalidad costarricense, así que de buenas a primeras no hay motivo para recibir con mala cara la iniciativa...

— Sin embargo, tampoco se requieren cuatro maestrías en ciencias políticas para entender este ejercicio como un bonito ensayo cívico con todo el potencial de no trascender de lo simbólico. El tema medular es que en efecto logre ir más allá de un emotivo fellowship en Casa Presidencial y ofrezca resultados más felices de los que nos han heredado iniciativas similares en el pasado.

— Un análisis en frío de todos los elementos que hay sobre la mesa nos obligaría a trascender la indignación automática a la que podría (o no) llevarnos, por ejemplo, la lista de nombres que conforman la "Alineación Piza". Porque si hay algo que tenemos que tener claro es que el director técnico de esta selección no es Alvarado, sino su ministro de la Presidencia.

— Primero, porque esta es una idea a la que don Rodolfo siempre le ha tenido afecto (nótese que él mismo formó parte de la Junta de Notables Chinchilla Miranda). Segundo, porque si revisan el acuerdo Gobierno Nacional: acuerdo por la esperanza, la equidad y el desarrollo firmado por Alvarado y Piza recordarán que el punto 10 se titula Reforma del Estado y Política Internacional (qué espanto juntar ambas cosas) y que a su contenido solo le faltó agregar "Y don Rodolfo convocará a su propia Junta de Notables que en esta ocasión liderará”. Tercero, porque si bien la Alienación Piza continúa por la línea de la equidad de género que ha caracterizado a la administración Alvarado —y podemos intuir que aquí la presión de Carlos tuvo peso— lo cierto es que basta con repasar los nombres para concluir que responden más a la visión de Piza que a la de Alvarado.

— Lo dicho no necesariamente debe leerse como algo “negativo” a los intereses del presidente (si bien la base progresista de su electorado indudablemente se lo cobra y cobrará) pues es evidente que Alvarado tiene claro que carece de músculo en el Congreso y que no puede dirigir un país desde el berrinche y el resentimiento (Carlos, no cabe duda, llevó con éxito el curso de inducción para gobernar al que yo titularía: Amargas Lecciones de la Administración Solís Rivera 001).

— Alvarado comprende que no puede imponer su visión y que mucho menos puede intentar gobernar y conciliar desde la minoría. El presidente sabe que fue elegido de milagro sobre la hora cero cuando ya el país había decidido hacer del Congreso un potrero sobre el cual la pelota PAC difícilmente puede rodar. En cuestión de semanas la Asamblea Legislativa ya se ha retratado de cabo a rabo y los costarricenses lo agradecemos. Nada ganamos con que pretendan apoyar a la presidenta del Congreso de la boca para afuera el día 1 si al día 2 le están retirando el respaldo luego de lanzarla debajo del bus con una vulgar treta política.

— Estúpidos no somos y bien harían los congresistas en terminar de aprenderlo. Mejor entonces cuentas claras y chocolate espeso para saber todas y todos a lo que nos atenemos. Entonces sí, hoy sabemos que el Congreso responde por completo a los intereses de la oposición, entendida, por supuesto, como un partido mutante al que podríamos llamar Restauración Nacional Cristiana (40 diputados, nada menos). Ante semejante panorama Alvarado acepta con lucidez que si LGS gobernó cuesta arriba a él la cosa le quedó todavía más comprometida: ángulo de 90 y “suerte con eso”.

— Piza, a la vez, también entiende que si bien ahora sí tiene injerencia política de peso y protagonismo (a diferencia de cuando conformó la Junta de Notables Chinchilla Miranda) tampoco va a llegar muy lejos con esta iniciativa si no negocia y concilia. Su tono reciente, sin embargo, nos da a entender que está más que dispuesto a hacerlo. Don Rodolfo también comprende que ni una sola reforma constitucional —el camino por excelencia para poner a caminar al país— va a avanzar en la actual Asamblea Legislativa si el Ejecutivo no desarrolla el músculo político necesario... y eso implica sumar respaldos de personajes como Mario Redondo y Mónica Catalán.

— Esto, naturalmente, implica ofender a ciertos sectores y ese parece ser un precio que Carlos está dispuesto a pagar. Alvarado entiende que la juventud del PAC —y la izquierda del PAC— alzará la voz pero pareciera estar dispuesto a vivir con ello: las elecciones ya pasaron y las prioridades del país, hoy, son otras. No pareciera entonces “accidental” la ausencia de sectores progresistas en la Alienación Piza pues es evidente que se les asocia con una posición hegemónica con poca capacidad de negociación. Ojo, esa factura es cara porque sin el progresismo Piza no estaría donde está... así de complejo e interesante es este país.

— A título personal sí me parece que La Sele de Piza es "polla" en cálculo político: nada les costaba agregar a cinco o seis personas más de los sectores aludidos para diversificar la escuadra y consolidar un equipo más representativo de unas sociedad que tan bien describe el artículo 1 de la Constitución Política y tan mal retrata la fotografía que ilustra este editorial.

— A ver, sin ir muy lejos... este es el Gobierno del cambio (¿2.0?) en el cual se supone una nueva generación empieza a tener peso en la administración del país que queremos a futuro. A pesar de eso la fotografía muestra una colección de personas que distan de representar a esa nueva generación. Y a esa nueva generación eso, le tiene que pesar, y mucho. Tendrán entonces que decidir las nuevas generaciones si van a ser (más) oposición o si van a intentar escuchar y conciliar. Cierto es que sí están en todo el derecho a levantar la voz (a diferencia, digamos... de los sindicatos y el papel que van a hacer mañana).

— Entonces sí, Carlos debe de escuchar a la juventud... pero la juventud también debe de escucharlo a él. El panorama no es sencillo. Ya tenemos un antecedente incómodo con lo que sucedió recientemente en el Consejo de la Persona Joven... y a eso ahora debemos sumar el rechazo que la propia juventud del PAC ha mostrado frente a la designación de Kevin Casas como parte de uno de estos dos equipos anunciados el viernes. Casas, por cierto, es otro tema, pero ya este editorial está lo suficientemente extenso como para abordarlo hoy. Le entraré el martes.

— Volvamos a Piza. Quien considere que Rodolfo Piza tiene el mínimo músculo político en la bancada socialcristiana (9 legisladores) duerme del lado incorrecto de la realidad. No pudo ni remover a Pedro Muñoz de la candidatura cuando al presidente del PUSC se le cuestionó por sus vínculos con Juan Carlos Bolaños ¿y va a poder marcarle la pauta ahora? No nos engañemos, el PUSC se partió en dos cuando Piza firmó el acuerdo con Alvarado y es el equipo “B” es el que está actualmente en el Congreso.

— En Liberación Nacional sucedió lo mismo (y su base electoral así lo reflejó en la Segunda Ronda, distanciándose de la voluntad de su “líder”, Antonio Álvarez). El equipo “B” (al que de forma muy simplista por comodidad podríamos llamar “Amigos de Toño”) controla el Congreso y el equipo “A” (más "académico", más socialdemócrata, más "progresista") controla... ehm... controla la ansiedad agónica de ver al partido necesitando desesperadamente una reinvención y fracasando en el intento.

— De todos esos retazos de partidos está tratando de hacer cobija Alvarado para sacar adelante al país. Eso implica entonces que algunos sectores no invitados a la fiesta se sientan excluidos y que les cueste entender que el frío no está en ... esa cobija. De nuevo: ¿hablamos o no hablamos de un gobierno de unidad nacional? ¿Aceptaron o no los votantes de Alvarado que esa y no otra fue su propuesta para alzarse con la victoria?

— Ya el PAC se creyó el cuento de que podía gobernar por sí solo una vez y ya vimos cuáles fueron los resultados. Cuando se habla de un país y de una nación hay que tener clarísimo que no se puede construir desde la arrogancia, desde el resentimiento y desde el odio. Lo que pasa es que a los ticos nos encanta alabar a Mandela y endiosar a Mujica pero cuando tenemos que ver para adentro nos resulta más cómodo alimentar “progreso” desde el hígado recordando que Fulano me cae mal o que Sutano me cae peor.

— Quizá, si estuviéramos recogiendo cuerpos de la calle o enterrando bebés cuyas vidas acaban frente a las balas perdidas de los paramilitares —como sucede al otro lado del San Juan— podríamos elegir mejor nuestras batallas y entender que insultando a Óscar Ramírez por incapaz o acosando a Leonora Jiménez por desubicada no vamos a heredarle una nación más libre, más equitativa y más justa a nuestras hijas y a nuestros hijos.

— No hay que dejar de ser vocales con nuestro punto de vista y no hay que dejar de reclamar todo lo que consideremos necesario reclamar. Pero también hay que saber escuchar y también hay que saber dialogar. No podemos pedir resultados cuando la pelota no ha empezado, siquiera, a rodar. Tampoco podemos esperar resultados felices cuando enviamos señales equivocadas que dan a entender que del todo no estamos dispuestos a poner nada de nuestra parte (de nuevo, ver: sindicatos mañana, tema que también abordaré el martes).

— En fin. Que no son todos los que están ni están todos los que son. Claro que sí. Que ya se ha hecho antes y los resultados han sido tristes. Claro que también. Pero que a pesar de eso desde ambas circunstancias se puede construir: sí. Por supuesto que sí. ¿Qué tal si —por ejemplo— ledamos una oportunidad a María del Pilar Garrido Gonzalo? Nótese que va a liderar un un equipo notable y variado de profesionales... sería prudente verlos jugar antes de darlos por eliminados.

— Hay que entender, además, que este grupo de personas —que puede o no gustarnos— no va a trabajar en un diagnóstico. Los diagnósticos ya están y sobran. Lo que procede ahora y en lo que se trabajará es en los acuerdos para materializar las propuestas que ya se tienen listas. Entendiendo, como entendemos todos, la gran pared que hay en el Congreso.

— Material sobre el cual trabajar sobra y no es válido partir de que se le ha descartado. Que Miguel Gutiérrez y Roberto Artavia no estén en la lista de convocados —por ejemplo— no implica que el Acuerdo Nacional no va a ser tomado en cuenta... El propio punto 10 del Acuerdo Piza-Alvarado lo cita y lo rescata... ¿Vamos a descartar ad portas sin tener elemento alguno para hacerlo que dicho documento vaya a formar parte de la mesa de discusión de las comisiones? No pareciera la forma más constructiva de ver las cosas cuando más bien todo parece indicar lo contrario... estoy seguro de que se les invitará a exponer todo lo que lograron consolidar en un documento al que ya de por sí Alvarado ha aludido cualquier cantidad de veces...

Entonces sí, preocupa el afán criollo de encontrarle problemas hasta a los intentos de solución... y así, como me dice un buen amigo: “es muy difícil avanzar como sociedad”.

— El Presidente Alvarado sin duda está apostando el capital político que obtuvo en las urnas con la conformación de ambas comisiones, por ello es necesario otorgar el beneficio de la duda y poner mucho ojo al trabajo que harán "los notables" durante estos años. Recordemos que ambas darán avances de su labor periódicamente y ahí sí tendremos elementos para empezar a cuestionar si esta nueva apuesta del Gobierno tendrá o no efectos positivos para el país.

— Mientras ese momento llega, es oportuno y necesario volver la mirada a la Asamblea Legislativa. Es ahí donde se disputa el futuro del proyecto que pone un parche a las malheridas finanzas públicas. La Contraloría y Hacienda ya han advertido los desalentadores escenarios que tenemos para el futuro cercano si no se toman medidas con prontitud y ambas han dado los insumos necesarios a los diputados para que afinen el texto que tienen en sus manos.

Para el éxito de las eventuales reformas que planteen las comisiones designadas por el Presidente, es imperativo solventar el problema más grande que amenaza la estabilidad de nuestro sistema democrático y social.

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