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Durante los últimos días, la noticia de que el Ministerio de Hacienda asignó ₡70.000 millones del presupuesto del FEES a infraestructura ha generado diferentes reacciones en los distintos actores sociales. Como resultado de la indignación de la comunidad estudiantil de las universidades públicas, los movimientos estudiantiles han procedido con la toma de edificios de estas casas de estudios.

Uno de los casos más sonados fue la toma del edificio de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Costa Rica que incluyó, entre otras cosas, marcas en las paredes con mensajes de protesta.

Estas marcas han levantado polémica sobre la manera de proceder por parte de los movimientos estudiantiles y en algunos casos, opiniones bastante fuertes sobre el concepto de apropiación del espacio.

En mi caso quisiera referirme en unas cuantas líneas a la relación entre el espacio y la educación porque, a final de cuentas, ¿La universidad no se trata sobre la educación y el aprendizaje?

El filósofo y promotor cultural argentino Darío Sztajnszrajber ha traído a la discusión académica el concepto de aula desde una postura deconstructivista. A través de una aplicación de la famosa frase de Nietzsche Dios ha muerto (encontrada en su libro “La Gaya Ciencia”), Darío propone que, en esta época de pérdida de las certezas, el aula no debe ser vista únicamente como ese espacio físico con pizarrón, pupitres, material didáctico, docentes y niños aburridos. El aula es todo aquel espacio físico-temporal donde se desarrolle el aprendizaje: Un parque, un video de YouTube, una manifestación… Los medios en donde se produce la experiencia de aprender han variado, se han desarrollado y han evolucionado a lo largo de la historia.

Esta es una visión muy acorde con una pedagogía crítica, como la propuesta por el laureado pedagogo brasileño Paulo Freire. ¿Dónde se aprende? ¿Dónde hay una verdadera superación del modelo educativo bancario, donde los estudiantes son recipientes de información y no sujetos en transformación? En definitiva, en el ejercicio de la vida misma, en la lucha por hacer una lectura consciente y crítica de la realidad en la que hemos nacido.

Desde la academia, el discurso educativo y por sobre todo, el discurso latinoamericano ha sido especialmente analizado e impulsado desde una educación como práctica de la libertad, como expresa el propio Freire en el título de una de sus obras más reconocidas.

Debemos dejar de limitar el aprendizaje y la educación a cuatro paredes grises que, en lugar de protegernos de la ignorancia, nos encierran y ahogan.

Y si en medio de esa experiencia de vida y aprendizaje algunas paredes deben volverse a pintar, al menos, ya existe una asignación de fondos de ₡35.000 millones del presupuesto del FEES para infraestructura.