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Rehabilitar con seguridad: monitoreo estructural como requisito para red ferroviaria nacional

La rehabilitación de una vía férrea que ha permanecido abandonada durante más de 30 años no es un simple ejercicio de restauración de rieles y durmientes. Es, ante todo, un desafío de ingeniería estructural de alta complejidad. Cuando esa infraestructura incluye, además, puentes —elementos críticos sometidos a cargas dinámicas, fatiga y exposición ambiental prolongada—, el monitoreo estructural deja de ser una opción técnica para convertirse en una necesidad impostergable.

Después de décadas de abandono, la estructura no solo ha envejecido, sino que ha sufrido procesos de degradación acumulativa que no siempre son evidentes a simple vista. La corrosión en elementos metálicos, la pérdida de sección en vigas y armaduras, la fisuración del concreto, los asentamientos diferenciales en estribos y pilas y la acción combinada de vegetación, humedad y posibles eventos sísmicos o hidrológicos han alterado el comportamiento original de la obra. Los puentes ferroviarios, diseñados originalmente para cargas específicas, enfrentan hoy un escenario de incertidumbre estructural que no puede resolverse únicamente con inspecciones visuales puntuales.

El monitoreo de salud estructural (Structural Health Monitoring) permite pasar de un enfoque reactivo a uno predictivo. La evaluación diagnóstica, acompañada de una caracterización general mediante sensores remotos, permite identificar las condiciones de la vía férrea y su entorno. De esta manera, es posible determinar la futura ubicación de sensores que monitorearán variables como la deformación, la inclinación y el agrietamiento.

Lo anterior, sumado a un sistema de adquisición de datos en tiempo real, permite obtener información objetiva y continua sobre el estado real de la estructura. Esta información no solo identifica daños existentes, sino que permite valorar su evolución bajo condiciones de carga reales una vez que se reinicie el servicio. En puentes ferroviarios, donde las cargas son cíclicas y de alta intensidad, detectar cambios sutiles en la rigidez, en las frecuencias naturales o en las amplitudes de respuesta puede marcar la diferencia entre una intervención oportuna y un fallo catastrófico.

Ignorar estas etapas equivale a rehabilitar a ciegas. Reparar o reforzar elementos sin conocer con precisión su estado residual y su capacidad de carga real puede generar dos extremos igualmente peligrosos: sobredimensionar las intervenciones —elevando innecesariamente los costos— o subestimar los riesgos —comprometiendo la seguridad de usuarios y operadores—. El monitoreo permite priorizar intervenciones, validar los refuerzos aplicados y establecer umbrales de alerta que acompañen la operación futura. Además, genera un historial de desempeño que resulta invaluable para la gestión del activo a lo largo de su nueva vida útil.

En los últimos meses, el Instituto Costarricense de Ferrocarriles (Incofer) ha anunciado proyectos con el objetivo de recuperar la red ferroviaria tanto al Atlántico como al Pacífico, donde existe un deterioro generalizado de las estructuras ferroviarias. Casos de éxito en el ámbito internacional demuestran que el monitoreo estructural en sistemas ferroviarios permite no solo garantizar la seguridad, sino también optimizar el mantenimiento y extender la vida útil de estructuras envejecidas.

Rehabilitar una vía férrea abandonada es una decisión de desarrollo territorial, de movilidad sostenible y de recuperación del patrimonio construido. Pero hacerlo sin un programa serio de monitoreo estructural sería una irresponsabilidad técnica y financiera. La seguridad de quienes transitarán por esas vías, la rentabilidad de la inversión pública y la confianza en el sistema ferroviario dependen, en gran medida, de nuestra capacidad para “escuchar” lo que las estructuras tienen que decir antes, durante y después de su rehabilitación.

El tiempo de abandono ya pasó. Ahora es el momento de la precisión.