Hace apenas unas semanas, desde la Cámara de Tecnologías de Información y Comunicación (Camtic) advertimos a la comunidad empresarial e institucional costarricense que la ventana de oportunidad para fortalecer nuestras defensas digitales estaba abierta, pero no por mucho tiempo. Nuestra carta abierta se sumaba a un llamado internacional de líderes tecnológicos y especialistas en ciberseguridad que advertían sobre una nueva generación de ataques potenciados por inteligencia artificial (IA).
Hoy, los acontecimientos confirman la urgencia de la advertencia.
El 29 de octubre, Binance, una de las mayores plataformas de intercambio de criptomonedas del mundo, sufrió un ataque que comprometió aproximadamente $6.300 millones en activos digitales. El FBI atribuyó la operación a TraderTraitor, un grupo de cibercriminales vinculado a Corea del Norte.
Richard Teng, codirector ejecutivo de Binance, afirmó que, según análisis preliminares, el incidente involucró una computadora portátil comprometida y software malicioso diseñado para borrar evidencia de su actividad, lo que dificultó el análisis forense. Según investigadores citados por Reuters, la mayor parte del robo ocurrió en aproximadamente 20 minutos.
Si esto le pasó a la mayor plataforma de criptomonedas del mundo, ¿qué podrá pasar en su organización?
Según Check Point Research, durante septiembre de 2026 las organizaciones enfrentaron un promedio de 2.803 ataques cibernéticos semanales, un incremento del 48% interanual. En América Latina, la cifra alcanzó los 3.813 ataques semanales por organización.
El informe de Verizon sobre brechas de seguridad de 2026 encontró que la explotación de vulnerabilidades de software representó el 31% de las vías iniciales de acceso identificadas en los incidentes analizados.
Los responsables de estos ataques no necesariamente utilizaron IA. Sin embargo, ocurren en un momento en que esta tecnología está transformando las capacidades de los ciberdelincuentes.
El atacante ahora puede multiplicarse
Imagine un delincuente que antes podía revisar cien puertas por noche. Ahora dispone de cientos de asistentes digitales de IA capaces de buscar millones de puertas, probar cerraduras e identificar debilidades simultáneamente, durante las veinticuatro horas, los 365 días del año.
Los sistemas no necesariamente se volvieron más vulnerables. Los atacantes están adquiriendo una capacidad extraordinaria para encontrar y explotar sus debilidades.
Recientemente, Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, advirtió ante estudiantes de Stanford que ya no cree posible protegernos simplemente corrigiendo todas las vulnerabilidades del software. También expresó su preocupación porque líderes empresariales, gobiernos y ciudadanos no están tomando suficientemente en serio la magnitud del problema.
Y ahí está uno de nuestros mayores riesgos. Las amenazas evolucionan aceleradamente, mientras muchas organizaciones continúan operando con defensas y prácticas de seguridad diseñadas para otra realidad que está desapareciendo rápidamente.
La ciberseguridad es responsabilidad de la alta dirección
Las organizaciones modernas ya no son castillos protegidos por una muralla. Son ciudades digitales, interconectadas mediante aplicaciones, servicios en la nube, proveedores, bases de datos, dispositivos y, ahora, agentes de IA. Cada conexión puede representar una puerta de entrada.
Un ataque exitoso puede paralizar operaciones, comprometer información, interrumpir servicios esenciales y provocar pérdidas económicas y reputacionales.
Por eso, la ciberseguridad debe ocupar un lugar permanente en la agenda de las juntas directivas, gerencias generales y jerarcas institucionales.
No podemos enfrentar amenazas que operan continuamente con mecanismos de defensa que dependen exclusivamente de revisiones periódicas y respuestas tardías.
Cinco preguntas que todo líder debería responder
Si usted dirige una empresa o institución, sin importar su tamaño, pregúntese lo siguiente:
- ¿Qué consecuencias tendría para nuestros clientes, colaboradores, proveedores y la continuidad de nuestra empresa un ciberataque que nos impidiera producir, entregar, cobrar o pagar durante cuatro semanas o más? ¿Estamos preparados para sobrevivir a una crisis de esa magnitud?
- ¿Cuántos clientes perderíamos si nuestros productos o servicios dejaran de funcionar durante un mes? ¿Cuántos recuperaríamos y cuánto tardaríamos en reconstruir su confianza?
- ¿Qué tan vulnerables son nuestros activos, datos y sistemas críticos, y qué consecuencias tendría que quedaran comprometidos para nuestros clientes, proveedores y la sociedad en general?
- ¿Cuánto tiempo tardaríamos realmente en recuperar nuestras operaciones después de un ataque devastador? ¿Lo hemos comprobado mediante pruebas reales o simplemente confiamos en nuestros planes?
- ¿Sabe nuestra junta directiva cuánto valor económico está en riesgo y está invirtiendo lo necesario para proteger la continuidad y supervivencia del negocio?
Si usted no puede responder estas preguntas con claridad, contundencia y, sobre todo, evidencia, significa que existen debilidades que requieren atención urgente. Y si nadie en su organización sabe responder, probablemente ni siquiera conocen su verdadera exposición al riesgo.
El mejor momento para prepararnos ya pasó; el segundo mejor momento para hacerlo es hoy.
La ciberseguridad dejó de ser una responsabilidad exclusiva de las empresas o de sus departamentos de tecnología. Es una responsabilidad colectiva que compromete la continuidad de las cadenas de suministro, el funcionamiento de las instituciones del Estado, la prestación de servicios esenciales y la seguridad de todos los ciudadanos. La vulnerabilidad de uno puede convertirse, en cuestión de minutos, en una crisis para miles o millones de personas.
Pero necesitamos actuar ahora.





