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Foto: Con fines ilustrativos.

Episodios de violencia cotidiana reflejan necesidad de fortalecer la prevención y la convivencia pacífica

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Colaboración con agencia

El CPO llama a implementar un abordaje integral de la salud mental que incluya acciones preventivas en diferentes espacios sociales.

Las peleas entre estudiantes, los enfrentamientos entre conductores y las agresiones entre vecinos son algunas de las situaciones de violencia que frecuentemente se hacen visibles mediante videos difundidos en redes sociales y medios de comunicación. 

Ante esta realidad, el Colegio de Profesionales en Orientación (CPO) considera importante fortalecer la prevención, el desarrollo de habilidades socioemocionales y la construcción de entornos de convivencia saludable, como parte del abordaje integral que promueve la Ley Nacional de Salud Mental N.° 10412.

Esta legislación, cuyo reglamento fue publicado en febrero de 2025, plantea un modelo de atención que contempla la promoción, prevención, atención, rehabilitación e inclusión social y laboral. Sin embargo, uno de los principales desafíos consiste en traducir sus disposiciones en acciones concretas que impacten positivamente la vida de las personas.

Ana Luisa Guzmán, vocera del CPO y orientadora del Centro Costarricense de Logoterapia Viktor Frankl, explicó que los episodios de violencia pueden responder a múltiples factores, entre ellos dificultades para regular las emociones, poca tolerancia a la frustración, conflictos interpersonales, aprendizaje de patrones violentos, consumo de sustancias y condiciones sociales que incrementan las tensiones.

La profesional advirtió que no se deben atribuir automáticamente estos comportamientos a problemas de salud mental ni establecer diagnósticos a partir de los videos que circulan en redes sociales.

La prevención de la violencia comienza mucho antes del episodio violento. Inicia cuando enseñamos a niñas, niños y adolescentes a reconocer sus emociones, expresar sus desacuerdos sin agredir, resolver conflictos mediante el diálogo, ponerse en el lugar de otras personas y asumir la responsabilidad por sus actos".

De acuerdo con el CPO, la implementación de la Ley Nacional de Salud Mental representa una oportunidad para fortalecer un modelo preventivo e interdisciplinario, en el que participen profesionales de distintas áreas e instituciones públicas y privadas.

Este abordaje requiere comprender que el bienestar de las personas está relacionado con factores emocionales, familiares, educativos, sociales y económicos. Por ello, además de garantizar atención especializada cuando sea necesaria, resulta indispensable promover habilidades para la vida, redes de apoyo y ambientes protectores.

La atención clínica es indispensable para las personas que la necesitan. Sin embargo, no podemos esperar a que alguien desarrolle un trastorno para comenzar a preocuparnos por su salud mental".

Desde la profesión de Orientación, este trabajo preventivo incluye el fortalecimiento del autoconocimiento, la empatía, la toma responsable de decisiones, el manejo de la frustración y la resolución pacífica de conflictos, así como la identificación temprana de situaciones de riesgo y la referencia oportuna a profesionales especializados.

En el ámbito educativo, estas acciones pueden complementarse con las herramientas de promoción de la salud mental y acompañamiento socioemocional impulsadas por el Ministerio de Educación Pública (MEP).

Desde la perspectiva de la Orientación, se plantean cinco recomendaciones que pueden incorporarse a la vida cotidiana:

  • Desarrollar competencias emocionales y sociales: Es necesario aprender a reconocer y expresar las emociones, regular los impulsos, afrontar la frustración, resolver conflictos, establecer límites saludables y pedir ayuda cuando se requiere. Estas capacidades deben desarrollarse desde la infancia y fortalecerse a lo largo de la vida.
  • Fortalecer los vínculos y las redes de apoyo: La escucha respetuosa, la empatía, la comunicación familiar, la amistad y el sentido de pertenencia son factores protectores esenciales. Debemos combatir el aislamiento y construir comunidades donde las personas sepan que no tienen que afrontar todas sus dificultades en soledad.
  • Promover el autoconocimiento y los proyectos de vida con sentido: Desde la Orientación y la Logoterapia se puede ayudar a las personas a reconocer sus fortalezas, identificar sus valores, descubrir qué es importante para ellas y establecer metas significativas. No se trata de imponerles un propósito, sino de acompañarlas para que puedan construirlo y traducirlo en decisiones y acciones concretas.
  • Enseñar estrategias cotidianas de autocuidado: Dormir adecuadamente, mantener actividad física, disponer de espacios de descanso, cultivar relaciones saludables, establecer límites, organizar el tiempo y equilibrar las responsabilidades son acciones que contribuyen al bienestar. También debemos enseñar a reconocer cuándo estas estrategias no son suficientes y es necesario buscar ayuda profesional.
  • Construir entornos protectores y detectar oportunamente las señales de alerta: En los centros educativos, por ejemplo, es importante prevenir el acoso, promover la convivencia, fortalecer la participación estudiantil y disponer de mecanismos claros para atender situaciones de violencia, aislamiento, sufrimiento emocional o riesgo. En las comunidades y lugares de trabajo, es necesario promover condiciones respetuosas, inclusivas y libres de discriminación.

De la misma manera, se hace un llamado a las autoridades para implementar la Ley Nacional de Salud Mental con recursos, responsabilidades definidas, mecanismos de coordinación e indicadores de resultados. Es necesario evaluar periódicamente si las acciones llegan a las poblaciones que más las necesitan y si producen mejoras verificables en el bienestar y el acceso a los servicios.

Para las personas orientadoras, la salud mental no puede ser responsabilidad exclusiva de quien sufre, ni únicamente de quienes trabajan en los servicios de Orientación y clínicos. Es una responsabilidad de las familias, las instituciones educativas, los gobiernos, las comunidades, los lugares de trabajo y la sociedad en su conjunto.

Guzmán concluyó:

Desde la Orientación, tenemos la oportunidad y la responsabilidad ética de contribuir a una cultura que promueva el desarrollo integral, la convivencia pacífica, la esperanza y la capacidad de encontrar sentido en la vida. Porque una sociedad que cuida la salud mental no solo atiende a quienes sufren: también procura que haya menos sufrimiento evitable, más oportunidades de desarrollo y mejores condiciones para que todas las personas puedan vivir con dignidad”.