Personalmente, estoy del lado del Bloque Democrático en muchas de las discusiones que atraviesa Costa Rica. Comparto la defensa de la independencia judicial y el rechazo a proyectos que amenazan los derechos y el bienestar de las mayorías. Agradezco que haya quienes denuncien los abusos y ejerzan los contrapesos que necesita una democracia.
Precisamente por eso, quiero cuestionar su estrategia: defender las instituciones desde una curul no basta para recuperar la confianza de quienes se sienten abandonados por ellas.
Las marchas, las denuncias y la indignación de una parte de la población no demuestran, por sí solas, que el oficialismo esté perdiendo respaldo. Tampoco podemos asumir que las dificultades económicas se convierten automáticamente en apoyo a la oposición. El malestar existe, pero nadie tiene garantizado hacia dónde se dirige.
Las estadísticas necesitan traducirse al idioma de la vida cotidiana
Un discurso desde la curul puede ser riguroso y aun así resultar lejano para alguien que está pensando en cómo pagar la comida. Un comunicado puede denunciar correctamente un problema sin ofrecerle a esa persona una razón para creer que su situación va a cambiar.
Me preocupa que la oposición esté concentrando sus esfuerzos en una disputa mediática contra un partido que sabe aprovechar la frustración, el resentimiento y el conservadurismo de sectores que se sienten ignorados. El Partido Pueblo Soberano encuentra terreno fértil donde otros gobiernos dejaron promesas incumplidas. Enfrentarlo exige reconocer esa historia y asumir las responsabilidades correspondientes.
Sería un error reducir a sus simpatizantes a personas engañadas o incapaces de pensar. Hay experiencias reales detrás de la desconfianza: comunidades que han pedido ayuda durante años, familias que no perciben oportunidades y ciudadanos que solo ven políticos cuando se acercan las elecciones.
¿De verdad esperamos que otro comunicado cambie esa relación?
En ese sentido, rescato como ejemplo la gira que realizó Claudia Dobles, diputada del CAC, antes del primero de mayo. Considero que apuntó al camino correcto al acercarse a las comunidades. El paso que reclamo es llevar ese acercamiento más lejos: construir con ellas propuestas concretas, convocar voluntariado y coordinar con organizaciones sociales dispuestas a trabajar en soluciones específicas.
Que esas mismas personas que llegan a escuchar dediquen también un fin de semana a ensuciarse las manos y trabajar ahí mismo, junto a los vecinos de la comunidad. Que conozcan de primera mano el esfuerzo que implica y que la comunidad pueda verlas actuar. Escuchar permite conocer las necesidades; trabajar junto a las personas demuestra el compromiso de atenderlas. Ese es el salto que necesita dar la oposición.
Pienso en Altos de San Blas, en Cartago, o en Bella Vista, en Puntarenas, dos de las muchas comunidades que conocí mediante el voluntariado. En Altos de San Blas conocí las dificultades de acceso al agua y la necesidad de recurrir a organizaciones sociales para buscar soluciones. En Bella Vista vi condiciones insalubres y una situación de vulnerabilidad que comprometían la vida cotidiana de sus habitantes.
No hablo de ellas como ejemplos abstractos. Hablo de lugares donde las necesidades tienen rostro y donde la ayuda recibida no elimina necesariamente los problemas estructurales. Hay comunidades así en todo el país, esperando respuestas mientras la conversación política se siente ajena a ellas.
Quienes viven esas condiciones merecen ver políticos ensuciándose las manos a su lado. Políticos dispuestos a recorrer el lugar, escuchar sin un discurso preparado, participar en el trabajo comunitario y regresar cuando ya no haya cámaras.
Agarrar una pala no reemplaza la obligación de legislar. Pero trabajar junto a una comunidad permite entender lo que difícilmente se aprende desde una oficina. Esa experiencia debería orientar los proyectos de ley, la fiscalización y las exigencias a las instituciones responsables.
Hace falta una agenda territorial organizada: comunidades por visitar, problemas por comprender, compromisos públicos y fechas para rendir cuentas. Una agenda que permita saber quién regresó, qué gestionó, qué consiguió y qué sigue pendiente.
Las organizaciones sin fines de lucro también pueden aprovechar la capacidad de convocatoria de estas figuras públicas.
Hay oportunidades para reunir voluntariado, conocimiento técnico y recursos, respetando la autonomía de las organizaciones y el liderazgo de las comunidades. Esa colaboración debe servir para fortalecer derechos y exigir respuestas institucionales, sin convertir la ayuda en propaganda. No se trata de ofrecer arroz con pollo a cambio de subirse a un bus. Se trata de acompañar sin condiciones electorales.
La falta de mayoría legislativa puede impedir aprobar un proyecto, pero no impide escuchar, organizar, fiscalizar o dar seguimiento. Hay trabajo que puede comenzar hoy, sin esperar a tener más diputaciones o mejores encuestas.
Quiero ver a Liberación Nacional ensuciándose las manos; al Frente Amplio agarrando la pala; a Agenda Ciudadana construyendo propuestas junto a quienes viven los problemas; y a la Unidad Social Cristiana poniendo los valores cristianos al servicio de las personas más afectadas del país.
La acción social debe alimentar la política pública. Lo aprendido en una comunidad tiene que llegar a la curul y traducirse en decisiones, recursos y responsabilidades.
Después, quienes legislan deben volver y explicar los resultados, incluidos los obstáculos y los compromisos que todavía no han podido cumplir.
Las redes sociales influyen en cómo entendemos el país. Precisamente por eso, la oposición necesita ofrecer experiencias concretas con las cuales contrastar esos mensajes. Quien ha visto a una persona escuchar, trabajar y cumplir tiene razones propias para confiar en ella.
Denunciar es necesario. Marchar es necesario. Defender los contrapesos democráticos es indispensable. Pero la confianza también se construye estando presentes donde la democracia todavía se siente como una promesa incumplida.
Estoy de su lado, y por eso les exijo más. La oposición tiene que salir de la curul y demostrar, con trabajo sostenido, que la defensa de la democracia también puede mejorar la vida de quienes hoy están demasiado ocupados sobreviviendo como para escuchar otro discurso.





