Referencia del BCCR

Tipo de cambio

Compra

₡...

Venta

₡...

Presentado por
Logo Coopealianza
Imagen principal del artículo: Costa Rica no merece imposiciones ni descalificaciones, merece respeto

Costa Rica no merece imposiciones ni descalificaciones, merece respeto

Hay situaciones que no deberían pasar inadvertidas, y lo ocurrido en Turrúcares de Alajuela con el ministro Chaves y la regidora Ana Patricia Guillén es una de ellas.

Es verdaderamente preocupante escuchar a un ministro hablar de educación cuando, precisamente, quienes ocupan puestos de tanta responsabilidad deberían ser los primeros en demostrarla. Porque la educación no consiste en repetir discursos, señalar a los demás o sentirse por encima de quienes cuestionan. La educación se demuestra en la conducta, en el respeto y, sobre todo, en la capacidad de aceptar que no todo el mundo tiene que pensar igual.

Parece que algunos han confundido gobernar con imponer, tener autoridad con tener la razón y recibir críticas con ser atacados. Y no, señor ministro. En democracia no todo el mundo está obligado a aplaudirle, respaldarle o compartir sus decisiones. La ciudadanía tiene derecho a cuestionar, a manifestarse y a exigir explicaciones. Para eso existe la democracia.

También llamó la atención su referencia al PLN y al Frente Amplio, a los que calificó como partidos de la misma calaña. Si para usted ser de la misma calaña significa no compartir sus pensamientos, entonces sí, son diferentes a su posición política. Pero en esa misma comparación no debería dejar por fuera al PUSC ni a Coalición. Y tampoco olvidar a Despertar Alajuelense, partido al que pertenece la regidora Patricia Guillén.

Los partidos tienen diferentes ideologías y formas de pensar. ¡Qué bueno que así sea! Eso es democracia. Lo preocupante sería que todos tuvieran que pensar igual para evitar convertirse en blanco de descalificaciones.

Los cinco partidos tienen presencia en la vida política del país, pero hay algo que debe quedar claro: no basta con ocupar una silla, participar en reuniones o pronunciar discursos para decir que se está trabajando por una mejor Costa Rica. Eso se demuestra con hechos, con responsabilidad y con decisiones que beneficien a la gente, no con enfrentamientos ni ataques a quienes tienen una posición distinta.

Y hablemos de Turrúcares. Sus habitantes merecen que se les escuche. Merecen explicaciones claras sobre un proyecto que genera preocupaciones en su comunidad. No merecen que sus inquietudes se conviertan en un escenario para demostrar poder o protagonismo político. Un ministro debe entender que las comunidades no están para obedecer ciegamente, sino que tienen derecho a participar y a defender aquello que consideran importante para su futuro.

La señora Patricia Guillén podrá tener sus propias ideas, podrá estar de acuerdo o en desacuerdo con el Gobierno, pero eso no le quita su derecho a expresarse ni justifica que se le falte al respeto. Su posición política no determina el valor de su voz.

Y aquí es donde cabe preguntarse: ¿de qué sirve hablar tanto de educación si a la hora de enfrentar una opinión contraria se olvida lo más básico? ¿De qué sirve hablar de democracia si molesta que alguien cuestione? ¿De qué sirve pedir respeto si no se empieza por ofrecerlo?

Señor ministro, los cargos públicos no convierten a nadie en dueño de Costa Rica. Son responsabilidades que se ejercen por un tiempo y que deberían estar acompañadas de humildad, respeto y madurez. Nadie está por encima de la ciudadanía, y mucho menos por encima de la crítica.

No se trata de defender al PLN, al Frente Amplio, al PUSC, a Coalición ni a ningún otro partido. Se trata de defender algo mucho más importante: el derecho a pensar diferente sin ser señalado, el derecho a cuestionar sin ser descalificado y el derecho de las comunidades a ser escuchadas.

Costa Rica está cansada de los discursos bonitos que no siempre se reflejan en las actuaciones. Está cansada de las divisiones y de esa costumbre de etiquetar como enemigos a quienes no comparten una misma ideología.

Y que quede claro: pensar diferente no es ser enemigo de nadie. Cuestionar a un ministro no es faltarle el respeto. Defender una comunidad no es hacer política barata. Es ejercer un derecho ciudadano.

Si realmente queremos una mejor Costa Rica, empecemos por algo tan sencillo, pero que parece costar tanto: aprender a respetar.

Porque la educación no se presume, se demuestra. La autoridad no se impone, se ejerce con responsabilidad. Y el respeto no se exige solamente cuando nos conviene.

Turrúcares merece ser escuchado. Patricia Guillén merece respeto. Y Costa Rica merece autoridades que entiendan que servir al pueblo significa también saber escuchar al pueblo.

Costa Rica no merece imposiciones ni descalificaciones, merece respeto | Delfino.cr