Hay momentos en la vida política de un país que pueden pasar desapercibidos pese a la trascendencia que deberían tener. Este artículo pretende evitar que el nombramiento de la señora Ana Elena Pinto Lizano se convierta en uno de ellos.
Como ya ha sido ampliamente estudiado por especialistas en la materia, sabemos que la primera mujer que participó en la actividad diplomática costarricense fue doña Yvonne Clays Spoelders, quien entre 1940 y 1944 tuvo a su cargo algunas gestiones importantes en Estados Unidos de América, aunque sin cargo ni nombramiento oficial. Fue declarada Ciudadana de Honor de Costa Rica en abril de 2022.
En 1946, por iniciativa del licenciado José Rafael Peralta Cañas, jefe de la Sección Consular de la Cancillería, se emitió una ley para crear la carrera consular, pero ningún Gobierno la respetó y continuó imperando la designación de los agentes diplomáticos y consulares de todos los niveles con base en conexiones partidistas y familiares.
En 1952 se nombró por primera vez una ministra plenipotenciaria en misión especial, doña Ofelia Castro de Wright, y en 1958 Ángela Acuña Braun —primera abogada de Centroamérica— se convirtió en la primera embajadora costarricense y también en la primera mujer del hemisferio en ser acreditada con ese rango ante la OEA.
En 1965 entró en vigor el Estatuto del Servicio Exterior, que rige hasta hoy. El Gobierno del presidente Orlich empezó a dar pasos importantes para poner en práctica ese Estatuto; sin embargo, el Gobierno del presidente José Joaquín Trejos Fernández derogó esas acciones casi inmediatamente después de su ascenso al poder, en mayo de 1966. En los años siguientes, el Estatuto, a pesar de ser una ley de la República, permaneció virtualmente ignorado o se aplicó solamente en aquellos artículos que el Gobierno de turno consideraba convenientes, como, por ejemplo, los que permitían el nombramiento de funcionarios políticos sin sujeción a requisitos. Por mucho tiempo, ese Estatuto, más que una ley de la República, parecía una “amable sugerencia” para los círculos políticos.
Luego, en 1981, doña Emilia Castro Silva de Barish se convirtió en la primera funcionaria de carrera en ascender a la categoría de embajadora. En 1996, doña Emilia también fue la primera mujer en recibir el rango de embajadora emérita, el más alto honor que se confiere en el servicio diplomático costarricense, y además fue declarada Benemérita de la Patria en 2022.
Doña Elizabeth Odio Benito fue la primera mujer que ejerció como canciller interina con recargo, cuando fungía como ministra de Justicia durante el Gobierno del presidente Calderón Fournier, a inicios de la década de 1990.
En el año 2000, Elayne Whyte Gómez se convirtió en la primera mujer vicecanciller debidamente nombrada de la historia nacional y, además, era parte de la carrera diplomática. A ella le siguieron otras destacadas funcionarias como Marta Núñez Madriz (de carrera, 2010), Gioconda Úbeda Rivera (política, 2013), Lorena Aguilar Revelo (política, 2018), Adriana Bolaños Argueta (de carrera, 2020 y 2026) y Lydia Peralta Cordero (de carrera, 2022).
En ese sentido, no se puede omitir el breve paso de la señora Epsy Campbell Barr como la primera ministra de Relaciones Exteriores de la historia costarricense, cargo que ejerció durante unos meses de 2018.
Más recientemente, y con enorme importancia, se debe destacar a la diplomática de carrera doña Maritza Chan Valverde, quien se convirtió en la primera mujer embajadora de Costa Rica ante la ONU, en agosto de 2022.
De modo que el nombramiento de doña Ana Elena se suma a esta serie de aciertos que Costa Rica ha alcanzado en materia de igualdad de derechos. Pero, además, hay que sumarle que será la primera vez que mujeres conduzcan enteramente la política exterior de Costa Rica. Como bien señala el artículo 140, numeral 12, de nuestra Constitución: “son deberes y atribuciones que corresponden conjuntamente al Presidente y al respectivo Ministro de Gobierno: Dirigir las relaciones internacionales de la República”.
Pero, además, yo, como estudioso de la materia y convencido defensor de una carrera diplomática profesionalizada, he de aplaudir en especial que por primera vez en la historia se haya nombrado como canciller de Costa Rica a una persona de la carrera diplomática. Un gran paso, sin duda, y, a mi juicio, el correcto en materia de política exterior. El país ha recorrido un largo camino hasta este día y merece, por fin, una canciller de la carrera diplomática.
Felicidades a la señora canciller por este histórico nombramiento. A ella y a doña Laura les deseo el mayor de los éxitos en el cumplimiento del inciso 12 del artículo 140 antes citado, y estoy seguro de que todo el cuerpo diplomático costarricense trabajará para ello.
