Señor diputado, es que yo vengo de un ámbito donde hay señores y señoras, que es algo más importante que el cargo es temporal, lo demás es de por vida.”
Esa fue la respuesta de Jorge Araya García a José Miguel Villalobos en la segunda sesión de la Comisión Especial de Nombramientos de la Asamblea Legislativa, donde se evaluaba su reelección como magistrado.
La respuesta nos obliga a reflexionar: ¿nos representan nuestros títulos o cargos, o nuestros valores y lo que hacemos o dejamos de hacer?
Los títulos y los cargos son el medio a través del cual decidimos dar nuestro aporte a las personas y, más que por las funciones y deberes que conllevan, deben caracterizarse por los valores y, en especial, por lo que decidimos hacer o no hacer una vez que estamos en ellos.
El respeto no nace del papel que nos acredita como profesionales o detentadores de un puesto, sino de nuestra intención.
Así lo dijo Rafael Ángel Calderón Guardia en su momento:
Por mi profesión de médico, puede palpar las angustias y los problemas que confrontaba nuestro pueblo.”
De nada sirve tener un gran título o un alto cargo si, al ostentarlo, con nuestras acciones u omisiones dañamos a quienes nos rodean; si no escuchamos ni entendemos lo que sucede en cada familia, en cada comunidad.
Por eso, nuestra esencia es nuestro sentido humano: amor, solidaridad y respeto.
Eso sí es de por vida y debemos transmitirlo día a día con lo que hacemos.
Nuestro país se construyó no por abogados o ingenieros con títulos rimbombantes, sino por personas trabajadoras, sin cargo, sin título, que buscaron crear un pueblo amoroso, solidario y respetuoso para sus hijos e hijas.
Llevar el título o el cargo en la frente, por encima de esos valores, no es sino la mayor demostración de maldad y un insulto a lo que representa Costa Rica desde sus orígenes y hasta hace poco.
De esta forma, en estas épocas, debemos tener siempre presentes a esas personas que, por su profesión o su puesto, tienen a su disposición la toma de decisiones que repercuten en el pueblo: el título o cargo dado por el pueblo es temporal; la historia no juzga eso, sino lo que se decidió hacer y no hacer, y si eso representó los valores costarricenses, lo que sí es de por vida.
