Referencia del BCCR

Tipo de cambio

Compra

₡...

Venta

₡...

Presentado por
Logo Coopealianza
Imagen principal del artículo: Elena Ferrante: la amistad, las mujeres y el poder de la literatura

Elena Ferrante: la amistad, las mujeres y el poder de la literatura

El pasado 27 de setiembre, el Club de Lectura de la Caja Costarricense de Seguro Social celebró su reunión número 133, con la cual iniciamos nuestro duodécimo año de actividades y concluimos la lectura de la tetralogía napolitana de Elena Ferrante. La niña perdida, última entrega de la serie, nos permitió despedirnos de Elena Greco y Lila Cerullo, dos mujeres cuyas vidas seguimos desde la infancia hasta la madurez.

Durante la reunión coincidimos en la extraordinaria capacidad narrativa de Ferrante, quien construye una historia aparentemente cotidiana, llena de amores, desencuentros, conflictos familiares y habladurías de barrio, mientras reconstruye varias décadas de la historia italiana. La pobreza, las desigualdades sociales, el machismo, la violencia política y el crimen organizado atraviesan una narración que mantiene nuestro interés a lo largo de cuatro extensas novelas.

Uno de los asuntos que provocó mayor discusión fue la compleja amistad entre las protagonistas. Elena y Lila mantienen una relación marcada por la admiración, la rivalidad, los celos, la lealtad y la dependencia. Nos preguntamos hasta qué punto puede considerarse amistad un vínculo en el que los éxitos de una despiertan sentimientos contradictorios en la otra. Sin embargo, también reconocimos que esa relación constituye una fuerza determinante en sus vidas.

Las oportunidades que nos definen

Otro aspecto que destacamos fue la desigualdad de oportunidades. Ambas niñas crecen en el mismo barrio napolitano y poseen una inteligencia extraordinaria, pero sus destinos se separan cuando Elena consigue continuar sus estudios, mientras Lila debe abandonar la educación formal. La novela nos recuerda que el talento no basta cuando las condiciones económicas, familiares y sociales impiden desarrollarlo.

La maternidad también ocupó un lugar importante en nuestra conversación. Las muñecas que aparecen al principio y al final de la tetralogía nos llevaron a reflexionar sobre los papeles tradicionalmente asignados a las niñas. Mediante el juego, se las prepara para convertirse en madres y cuidadoras, pero Elena y Lila descubren en los libros y la escritura la posibilidad de imaginar otros destinos. Paradójicamente, ambas terminarán enfrentándose a las exigencias y contradicciones de la maternidad.

También comentamos cómo los personajes reproducen comportamientos de sus progenitores, incluso aquellos que habían rechazado durante su juventud. La novela nos enfrenta así con una pregunta inquietante: ¿hasta qué punto conseguimos liberarnos de nuestra historia familiar?

Literatura y realidad

Uno de los temas que más me interesó fue la relación entre escritura y poder. Elena utiliza la palabra para denunciar la corrupción y la violencia de su entorno, pero descubre que publicar no garantiza transformar la realidad. Los criminales conservan su influencia y quienes los denuncian pueden exponerse a represalias.

Resulta inevitable relacionar ese universo con la presencia del crimen organizado en nuestras sociedades latinoamericanas, donde las actividades delictivas se entremezclan con la vida cotidiana y, en ocasiones, con el poder político. Ferrante nos muestra que la violencia no siempre procede de personajes ajenos a la comunidad: también puede provenir de aquellos con quienes convivimos diariamente.

El desenlace de La niña perdida, con sus desapariciones, pérdidas e interrogantes, suscitó diversas interpretaciones. También discutimos la confiabilidad de Elena como narradora: conocemos la historia desde su perspectiva, pero nunca llegamos a saber cómo la contarían los demás personajes.

La identidad desconocida de Ferrante añade otro misterio a una obra que, sin embargo, no necesita del rostro de su autora para conmovernos.

Al concluir la reunión, confirmé una vez más que la literatura adquiere nuevas dimensiones cuando se comparte. Cada participante descubre aspectos que otros pasamos por alto, cuestiona nuestras interpretaciones y amplía nuestra comprensión de los personajes y de nosotros mismos.

Después de doce años de encuentros, esa continúa siendo una de las mayores satisfacciones del Club de Lectura CCSS: comprobar que los libros no terminan en su última página, sino que siguen vivos en las conversaciones que provocan.