
Hace unos días me hice una pregunta que hoy quiero compartir con usted: ¿Cuándo fue la última vez que escuchó a una persona adulta mayor?
No me refiero a saludarla ni a preguntarle cómo está por cortesía. Me refiero a escucharla de verdad: su vida, su historia, sus ideas, sus opiniones sobre el país, sus proyectos y sus sueños. Escucharla como escuchamos a alguien cuya voz sigue siendo necesaria.
Costa Rica está cambiando. El envejecimiento de la población es una de las transformaciones demográficas más importantes que enfrenta nuestra sociedad.
Cada vez vivimos más años, compartimos más tiempo entre generaciones y tenemos la oportunidad de aprovechar una riqueza que normalmente pasa desapercibida: la experiencia, el conocimiento, la sabiduría que solo los años dan y la todavía intacta capacidad de aportar de las personas adultas mayores.
Por eso esta no es solamente una conversación sobre edad. Es una conversación sobre participación, inclusión y futuro.
La pregunta es sencilla: ¿estamos escuchando realmente a las personas adultas mayores?
Con frecuencia hablamos de ellas desde el reconocimiento y el respeto, algo que sin duda es valioso. Sin embargo, muchas veces ese respeto se queda en el homenaje, en la conmemoración de una fecha o en el agradecimiento por lo que hicieron en el pasado. Menos frecuente es abrir espacios para escuchar lo que piensan hoy sobre los temas que construyen el presente y el futuro del país.
Y ahí está el desafío.
Porque las personas adultas mayores no son una generación de recuerdos.
Son una generación de ideas.
En JUPEMA tenemos el privilegio de contar con más de 40 mil personas afiliadas pensionadas y jubiladas que son personas adultas mayores. Cada día somos testigos de cómo continúan aprendiendo, estudiando, emprendiendo, participando activamente en sus comunidades, desarrollando nuevos proyectos y compartiendo sus conocimientos y experiencias con las nuevas generaciones.
La jubilación marca el cierre de una etapa laboral, pero no el final de la participación.
Las ideas no tienen edad.
La experiencia no pierde valor con los años.
La participación no se jubila.
Por eso, escuchar a las personas adultas mayores no es un favor ni una concesión. Es una decisión inteligente como sociedad. Cuando dejamos de escuchar esas voces, perdemos perspectivas valiosas, aprendizaje acumulado, memoria histórica y una forma distinta de comprender los desafíos que enfrentamos como país.
Escuchar también implica transformar nuestra forma de entender el envejecimiento. Significa dejar de ver a las personas adultas mayores únicamente como destinatarias de servicios o programas y reconocerlas como protagonistas activas de la vida social, comunitaria, cultural y económica de Costa Rica.
Desde JUPEMA creemos que abrir espacios para su participación no beneficia únicamente a este grupo de población. Nos beneficia a todas las personas. Una sociedad que escucha es una sociedad que aprende, que valora la diversidad de experiencias y que construye mejores soluciones para el futuro.
Por eso quiero proponerle un ejercicio sencillo:
Esta semana, converse con una persona adulta mayor, puede ser un familiar suyo. Pregúntele qué piensa del país, qué le preocupa, qué le inspira, qué proyecto quiere desarrollar o qué sueño aún desea alcanzar y, después, trate de reflexionar al respecto.
Escuchar esas respuestas puede ayudarnos a comprender mejor el país que somos y el país que queremos construir.
En JUPEMA seguiremos impulsando espacios de diálogo, participación y escucha activa, convencidos de que escuchar a las personas adultas mayores es construir una mejor Costa Rica.
En una sociedad que envejece aceleradamente, escuchar a las personas adultas mayores ya no es solamente un acto de respeto. Es una necesidad para construir el país que queremos ser.
Porque el problema no es la edad. El problema es que dejamos de escuchar. Las personas adultas mayores tienen mucho que decir. Y Costa Rica necesita escucharlas. JUPEMA escucha.
