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Imagen principal del artículo: Cuando la democracia también se disputa en el algoritmo: las lecciones de la victoria de Lula en Brasil
Foto: Crédito: Facebook @Lula

Cuando la democracia también se disputa en el algoritmo: las lecciones de la victoria de Lula en Brasil

Un crimen en el mundo digital tiene que ser tratado igual que un crimen en la vida real". Luiz Inácio Lula da Silva. Discurso de la victoria, 25 de octubre 2026.

Con el 51,78% de los votos, Luiz Inácio Lula da Silva garantizó su cuarto mandato presidencial, derrotando a Flávio Bolsonaro y frenando el regreso de la extrema derecha al poder en Brasil. Esta victoria deja importantes lecciones para quienes defendemos la democracia, la soberanía de los pueblos y los derechos humanos en América Latina.

La primera lección es contundente: la democracia también se disputa en el algoritmo. La extrema derecha ha comprendido las redes sociales como espacios para construir poder político, manipular emociones y posicionar narrativas. Las noticias falsas, los bots, los troles y la instrumentalización de las creencias religiosas forman parte de una estrategia replicada por las derechas radicales en distintos procesos electorales de la región.

Los datos evidencian la magnitud de esta disputa: según una encuesta de Datafolha citada durante la campaña, el 57% del electorado recibió contenidos electorales mediante redes sociales, frente al 43% que accedió a información por medios tradicionales.

Frente a esta maquinaria, Lula tuvo que abandonar su estrategia predominantemente analógica. La incorporación del diputado André Janones representó un giro decisivo: videos espontáneos, influencers y movilización mediante WhatsApp. El grupo de WhatsApp llamado “Ejército de Lula” pasó de aproximadamente 50.000 integrantes a más de cinco millones, según cifras difundidas sobre la campaña.

La segunda lección es que no basta con denunciar la desinformación: hay que confrontarla políticamente y en tiempo real. Guardar silencio significaba permitir que la extrema derecha dominara la conversación pública. Hay que replicar casi en paralelo, con la misma contundencia y con un estilo que permita la viralización de estos mensajes.

También hubo una transformación presupuestaria. Durante la primera vuelta, Lula destinó 6,91 millones de reales a materiales físicos y 2,69 millones a promoción digital, mientras Flávio Bolsonaro invirtió aproximadamente 9 millones de reales en el entorno digital. Para la segunda ronda electoral, aún no se tiene el dato final, pero se priorizó el presupuesto destinado a pauta digital. Además, frente a compañías consideradas poco imparciales, se impulsó la pauta de contenido por medio de una inversión digital importante.

La tercera lección apunta a reflexionar sobre el enorme poder de las empresas tecnológicas en nuestros sistemas electorales. El Partido de los Trabajadores denunció restricciones algorítmicas de Meta y sesgos en herramientas de inteligencia artificial. Entre los casos cuestionados figuraron respuestas diferentes ante solicitudes de propaganda electoral favorable a Lula y a Bolsonaro. Estas denuncias exigían investigación y fiscalización inmediata. Ninguna empresa tecnológica debería condicionar la competencia democrática y facilitar la injerencia de intereses externos a la voluntad de los pueblos de cada país.

Por último, existe una cuarta lección, posiblemente la más importante: las elecciones no se ganan únicamente con algoritmos favorables, sino con bases sociales que encuentran razones para defender un proyecto político.

Los movimientos sindicales, de mujeres y feministas, ambientalistas, culturales, de diversidad sexual y de pueblos indígenas demostraron que la organización popular en las calles continúa siendo fundamental. Los partidos políticos deben comprender que gobernar significa mantener la lealtad hacia los sectores que históricamente han sostenido sus luchas. No se puede exigir movilización electoral mientras se abandonan las demandas sociales que dan sentido a un proyecto progresista.

Brasil deja una advertencia para Costa Rica y América Latina: frente a una extrema derecha organizada digitalmente, la respuesta democrática exige capacidad e innovación tecnológica, organización popular y coherencia política. Porque disputar el algoritmo permite ganar elecciones, pero gobernar con lealtad a las bases y a los sectores sociales es lo que permite sostener un proyecto político y defender la democracia.