Referencia del BCCR

Tipo de cambio

Compra

...

Venta

...

Presentado por
Logo Coopealianza
Imagen principal del artículo: PISA vuelve a desnudar nuestra educación

PISA vuelve a desnudar nuestra educación

Los resultados de PISA 2025 vuelven a enfrentarnos con una grave debilidad de nuestra educación: las insuficientes habilidades que desarrollan nuestros estudiantes para aplicar lo aprendido. Para un país que ha confiado en la educación como instrumento de libertad, progreso y justicia social, estos resultados deben movernos a actuar.

PISA, el Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos de la OCDE, evalúa a estudiantes de 15 años en lectura, ciencias y matemáticas. El informe de 2025, dado a conocer la semana recién pasada, incluye por primera vez la habilidad para resolver problemas computacionales. Su énfasis está en la capacidad de utilizar los conocimientos para comprender situaciones y resolver problemas. Como he señalado en artículos anteriores, el fruto de la educación depende de que los jóvenes puedan aplicar lo que aprenden.

En lectura, Costa Rica obtuvo 416 puntos, frente a 461 del promedio de la OCDE. En ciencias alcanzó 424, frente a 482. En matemáticas, nuestra mayor debilidad, obtuvo apenas 387, frente a 463. Las distancias son de 45, 58 y 76 puntos, respectivamente.

Para comprender su magnitud podemos recurrir, con cautela, a una referencia del informe: a los 15 años, un año de escolaridad produce, en promedio, una ganancia cercana a 20 puntos. Si utilizáramos esa referencia como simple ilustración, las diferencias representarían un atraso de unos 2,3 años en lectura, 2,9 en ciencias y 3,8 en matemáticas. Pero la OCDE advierte que los ritmos de aprendizaje varían entre países y edades, por lo que estas equivalencias no constituyen una medición exacta de años de atraso.

Más grave aún es la proporción de estudiantes que no alcanza el nivel 2, considerado el mínimo básico de competencia. En lectura está por debajo de ese umbral aproximadamente el 47% de nuestros alumnos; en ciencias, el 44%; y en matemáticas, el 70%. En el promedio de la OCDE, las proporciones son 31%, 26% y 35%, respectivamente.

¡Siete de cada diez estudiantes costarricenses evaluados a sus 15 años no alcanzan el nivel básico en matemáticas!

Ese nivel supone poder representar matemáticamente una situación sencilla de la vida cotidiana, como leer una cuenta de electricidad. En lectura implica identificar la idea principal de un texto y encontrar información; en ciencias, reconocer explicaciones de fenómenos familiares y valorar conclusiones sencillas a partir de datos. Las dificultades para ejercer estas habilidades limitan las oportunidades de continuar aprendiendo y de desenvolverse con autonomía.

Tampoco podemos atribuir nuestros bajos promedios solamente a la elevada proporción de alumnos rezagados. En el otro extremo, tenemos muy pocos estudiantes aventajados. Apenas un 0,9% alcanza los niveles superiores, 5 o 6, en al menos una de las tres áreas, frente al 11,9% de la OCDE. Necesitamos mejorar tanto las oportunidades de quienes no alcanzan el mínimo como las de quienes pueden desarrollar capacidades más avanzadas.

La comparación con nuestra primera participación también es preocupante. En el ciclo PISA 2009, aplicado en Costa Rica en 2010, obtuvimos 443 puntos en lectura, 430 en ciencias y 409 en matemáticas. Los resultados de 2025 son inferiores en 27, 6 y 22 puntos, respectivamente.

Sin embargo, debemos reconocer una buena noticia: entre 2022 y 2025, ciencias mejoró 13 puntos. Esa recuperación nos devuelve a resultados cercanos a los de nuestras primeras participaciones. En lectura y matemáticas, en cambio, los resultados permanecieron prácticamente iguales a los de 2022 y por debajo de los registrados entre 2010 y 2018. No sería correcto, por tanto, describir nuestra trayectoria como una caída continua en las tres materias, pero sí como una situación muy preocupante.

También debemos tomar en cuenta un avance que modifica la composición de los estudiantes evaluados. La OCDE señala que entre 2015 y 2025 Costa Rica amplió el acceso a la secundaria a poblaciones anteriormente marginadas. Esa incorporación influye en los promedios y matiza la interpretación del retroceso. Abrir las puertas del colegio a más jóvenes es un logro. Ahora debemos asegurar que quienes ingresan adquieran las habilidades que necesitan.

En mis artículos sobre educación y crecimiento he insistido en la importancia de esta distinción. Las oportunidades de las personas y la capacidad productiva de una sociedad dependen de lo aprendido durante los años de estudio. Por eso, la insuficiente calidad educativa nos preocupa como causa de desigualdad y como obstáculo para que más personas accedan a trabajos productivos y bien remunerados.

La mejora en ciencias merece estudiarse para identificar qué la hizo posible y cómo sostenerla. Nos ofrece esperanza, aunque todavía estamos lejos de los resultados que necesitamos.

Esta responsabilidad nos corresponde como sociedad. Debemos asegurar a los docentes la preparación, el acompañamiento y las condiciones que les permitan desarrollar el arte de enseñar. Su esfuerzo debe traducirse en mejores oportunidades para sus alumnos.

Nuestra vocación histórica por la educación nos obliga a enfrentar estas carencias. Cada generación que pasa por las aulas sin adquirir las habilidades fundamentales enfrenta mayores dificultades para construir su propio bienestar. La justicia social y el progreso de Costa Rica demandan que actuemos con urgencia y que comprobemos los resultados.