Referencia del BCCR

Tipo de cambio

Compra

...

Venta

...

Presentado por
Logo Coopealianza
Imagen principal del artículo: Millones de kilos contra el desperdicio: la carrera del Banco de Alimentos por rescatar más comida

Millones de kilos contra el desperdicio: la carrera del Banco de Alimentos por rescatar más comida

En 2025 recibió más de 3,5 millones de kilos de productos y distribuyó casi 2,5 millones mediante una red de más de 365 organizaciones sociales.

Lo que para una empresa puede representar un producto que ya no puede comercializarse, para una organización social puede convertirse en una comida, una canasta de alimentos o un apoyo que permita liberar recursos para atender otras necesidades.

Esa es la lógica detrás del trabajo que realiza el Banco de Alimentos de Costa Rica, una organización que en 2025 recibió más de 3,5 millones de kilos de productos y logró entregar casi 2,5 millones de kilos de alimentos a las organizaciones beneficiadas.

Según los datos institucionales, la organización alcanza actualmente a más de 44.000 personas cada mes, entre ellas más de 13.500 niños y niñas, mediante una red de más de 365 organizaciones sociales y comunitarias en 69 cantones del país. El alcance también se traduce en alrededor de 500.000 platos de comida mensuales.

Delfino.cr conversó con Yolanda Fernández Ochoa, directora ejecutiva del Banco de Alimentos de Costa Rica, quien explicó que uno de los principales retos consiste precisamente en cambiar la forma en que se entiende el desperdicio: que un alimento haya perdido su valor comercial no significa necesariamente que haya perdido su valor social o que ya no sea apto para el consumo.

Muchos productos dejan de ser comercializables sin haber dejado de ser aptos para consumo. Puede ocurrir por excedentes, cambios de empaque o presentación, cercanía de fechas, daños cosméticos, sobreinventario, estacionalidad o decisiones comerciales. Ahí está la oportunidad del rescate: separar 'no comercializable' de 'no aprovechable'. Si el producto conserva condiciones adecuadas de inocuidad y calidad, puede convertirse en alimento y bienestar en lugar de residuo".

De excedente comercial a alimento

El proceso comienza cuando una empresa identifica productos que ya no comercializará, pero que todavía pueden ser aprovechados. El Banco coordina la donación, recibe o recolecta los productos y posteriormente realiza controles de recepción, trazabilidad, clasificación y almacenamiento de acuerdo con la naturaleza de cada producto.

Después, los alimentos son distribuidos entre organizaciones sociales vinculadas a la red. Estas atienden directamente a poblaciones como personas adultas mayores, niños y niñas, personas con discapacidad, personas en procesos de rehabilitación o en situación de calle, entre otros grupos en condición de vulnerabilidad.

Por eso, Fernández insiste en que el Banco no debe entenderse únicamente como una bodega de alimentos.

El Banco funciona como un puente logístico y social [...] Somos una plataforma que conecta capacidad empresarial, logística, trazabilidad y solidaridad con una red social que conoce las necesidades concretas de las personas".

Entre los productos que recibe la organización se encuentran arroz, frijoles, pan, frutas, vegetales, lácteos, carnes y productos refrigerados o congelados, además de artículos esenciales no alimentarios como productos de limpieza e higiene.

Los motivos de las donaciones también son diversos: excedentes, sobreinventarios, cambios de empaque o presentación, productos estacionales, imperfecciones estéticas, menor vida comercial remanente o decisiones relacionadas con el portafolio de las empresas.

La condición fundamental, según Fernández, es que los productos puedan ser aprovechados de manera segura.

Para las empresas, además, donar puede convertir un costo de disposición y un potencial residuo en impacto social y ambiental medible. Es economía circular aplicada de una forma muy concreta".

El desperdicio también tiene un costo ambiental

El problema que intenta atender el Banco trasciende la alimentación. Cuando un producto termina convertido en residuo, también se pierden los recursos utilizados para producirlo, procesarlo, empacarlo, almacenarlo y transportarlo.

De acuerdo con Fernández, en Costa Rica todavía no existe una única cifra nacional consolidada que permita determinar cuánto alimento se pierde o desperdicia a lo largo de toda la cadena. El país presentó en 2025 los resultados de una primera prueba piloto para medir las pérdidas alimentarias, con apoyo de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El ejercicio analizó diez productos prioritarios de la canasta básica en distintos eslabones de la cadena agroalimentaria.

En el ámbito de los hogares, una estimación citada por la Universidad de Costa Rica ubicó el desperdicio en aproximadamente 72 kilogramos de alimentos por persona al año, equivalentes a 365.609 toneladas anuales. La propia UCR advierte que se trata de una estimación basada en datos de Naciones Unidas.

A escala mundial, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) estimó que en 2022 se desperdiciaron alrededor de 1.050 millones de toneladas de alimentos en hogares, servicios de alimentación y comercios. El fenómeno también tiene implicaciones climáticas, debido a las emisiones y al desperdicio de recursos utilizados a lo largo del proceso productivo.

En el caso del Banco de Alimentos, los datos institucionales de 2025 señalan que el rescate de productos permitió evitar emisiones equivalentes a 5.250 toneladas de carbono y 213,46 toneladas de metano. Además, la organización reportó más de 121.000 horas de voluntariado aportadas por empresas y organizaciones sociales beneficiarias.

Más que kilos: medir qué impacto produce el rescate

Fernández considera que el impacto del Banco no debería medirse únicamente por la cantidad de alimentos que pasan por sus instalaciones.

No quisiera medir el Banco con una sola cifra. Necesitamos mirar simultáneamente escala, aprovechamiento e impacto".

Entre los indicadores que considera relevantes están las toneladas de alimentos rescatados y distribuidos, la cantidad de organizaciones atendidas, las personas alcanzadas, la proporción de productos efectivamente aprovechados y la reducción de merma evitable.

La organización también trabaja en fortalecer la medición de su impacto ambiental, incluyendo las emisiones evitadas, los residuos desviados de disposición final y la eficiencia de su propia operación.

Ese esfuerzo busca además ofrecer a las empresas donantes información más precisa sobre el resultado de sus aportes: cuánto producto fue rescatado, qué impacto social generó y qué impacto ambiental se evitó.

Una red que nació hace más de 14 años

El Banco de Alimentos de Costa Rica inició formalmente operaciones el 21 de marzo de 2012 en Pavas, San José, después de que en 2011 la Alianza Empresarial para el Desarrollo (AED) y Walmart de México y Centroamérica, junto con GRUMA, Florida Bebidas, Grupo Mutual, Dos Pinos, DIPO, Punto Rojo, Unilever y CAC Porter Novelli, impulsaran su creación.

Desde entonces, la organización pasó de ser una iniciativa pionera de recuperación de alimentos a convertirse en una plataforma que articula empresas, organizaciones sociales y comunidades.

Actualmente cuenta con su sede central en San José y otra sede en Guanacaste. Además, según Fernández, se está valorando la apertura de una tercera sede durante el primer semestre de 2027.

La expansión responde a una necesidad que también se refleja en la amplitud de la red: más de 365 organizaciones sociales reciben productos para atender a las poblaciones con las que trabajan.

Las organizaciones sociales son indispensables. El Banco puede rescatar, almacenar y distribuir, pero son ellas las que conocen a las personas, sus necesidades y sus contextos. Son el último eslabón que convierte un pallet o una caja en una comida servida, una canasta, un desayuno o un apoyo concreto".

El efecto, añadió, puede ir más allá de la alimentación. Cuando una organización social recibe alimentos, puede reducir parte del dinero que debe destinar a ese rubro y utilizar recursos limitados para medicamentos, educación, cuido u otras necesidades.

La donación no solo alimenta: puede fortalecer la capacidad de atención de toda la organización".

El reto: rescatar antes de que sea demasiado tarde

Uno de los principales obstáculos para ampliar el rescate de alimentos es logístico. Los productos perecederos requieren rapidez, transporte, refrigeración, espacio, equipos y coordinación para que puedan llegar a destino antes de perder sus condiciones de aprovechamiento.

También existe un reto de información.

Para rescatar mejor necesitamos saber con anticipación dónde se generan excedentes, en qué cantidad, con qué frecuencia y cuánto tiempo tenemos para movilizarlos. La tecnología y la trazabilidad pueden reducir enormemente esa fricción".

A esto se suma una barrera cultural: todavía persiste la idea de que un producto que dejó de ser atractivo comercialmente también perdió su utilidad.

Fernández considera que la prevención debe ocupar el primer lugar, pero que cuando se genera un excedente apto para consumo, la donación debería ser una alternativa natural antes de desecharlo.

El mejor desperdicio es el que no se genera; pero cuando existe un excedente apto, la donación debería convertirse en una alternativa natural, sencilla y eficiente antes de pensar en desecharlo".

Costa Rica cuenta desde 2014 con la Red Costarricense para la Disminución de Pérdidas y Desperdicios de Alimentos, coordinada por el Tecnológico de Costa Rica (TEC) y con la representación de FAO en el país como Secretaría Técnica. La Red reúne actores del sector público, privado, académico y ciudadano y trabaja en medición, investigación, capacitación y estrategias para reducir las pérdidas y el desperdicio.

Para Fernández, el siguiente paso es lograr que las acciones existentes alcancen una mayor escala.

En un mismo país podemos tener alimentos aprovechables que corren el riesgo de convertirse en desperdicio y, al mismo tiempo, organizaciones que todos los días hacen enormes esfuerzos para alimentar a personas en condición de vulnerabilidad. Esa distancia entre abundancia y necesidad es precisamente la que debemos cerrar. Y he confirmado algo más: el Banco no debe conformarse con rescatar alimentos. Tenemos la obligación de hacerlo cada vez con mayor eficiencia, transparencia, dignidad y trazabilidad".

La meta, plantea, no consiste únicamente en rescatar más kilos, sino en evitar que alimentos que todavía pueden cumplir su propósito terminen en un relleno sanitario por falta de información, coordinación o voluntad.

Para Fernández, ese es precisamente el desafío de fondo. La directora ejecutiva lo resumió así:

El desperdicio de alimentos es una contradicción social, económica y ambiental: producimos alimentos utilizando tierra, agua, energía, trabajo, transporte y recursos financieros, pero una parte de ellos nunca llega a cumplir el propósito para el que fue producida. El Banco de Alimentos convierte una parte de ese potencial desperdicio en bienestar: conecta excedentes y productos aprovechables con organizaciones sociales capaces de llevarlos a personas que los necesitan".