Hay un ambiente tenso en la oficina. Se siente con solo entrar. Un silencio hostil, un boicoteo constante de bajo impacto que puede generar dolor de cabeza. Una incomodidad permanente. Miradas de aviso, juicio o alerta entre los trabajadores de un grupo y del otro, porque también es claro que ya están divididos en bandos. Se considera seriamente hacer un estudio de clima laboral.
La jefatura pregunta en las reuniones de coordinación si pasa algo. A recursos humanos le piden tener entrevistas individuales pero solo reciben monosílabos helados de respuesta.
— ¿Cómo te has sentido en la oficina?
— Bien.
— ¿Hay algo que te moleste o incomode?
— No.
— ¿Has notado un cambio de dinámica con tus compañeros?
— No.
— ¿Tenés alguna queja o sugerencia?
— No.
Estamos ante esa dinámica donde es evidente que algo pasa, pero le toca al patrono adivinar qué es, quién es el responsable y solucionarlo a satisfacción de todos, por supuesto, con su bola de cristal y sus dores de adivino ante la posición hermética de todos.
Hay algunas pistas. Hellen expone una propuesta en la reunión de mercadeo. Algunos la ignoran, otros hacen caras, brinca algún hachazo mal disimulado y luego aparece un posteo anónimo de feedback criticando lo propuesto. Se cuestionan, por detrás y a sus espaldas, las decisiones de Hellen. El jefe de Hellen recibe comentarios indirectos, muy a la tica, que sugieren que Hellen no está haciendo bien su trabajo, que hay que cuidarse de ella, que tengan mucho cuidado y advertencias igual de vagas; sin decir exactamente porqué.
Nadie almuerza con Hellen. Hemos notado que muy pocos le devuelven el Buenos días cuando entra. Hay risitas, susurros cuando ella pasa. Y si trata de incorporarse a la conversación, encuentra un silencio pesado y todos de repente tienen algo urgente que hacer.
Como oficialmente no pasa nada, no hay nada que hacer o intervenir.
Hasta que Hellen renuncia. Y en la entrevista de salida, finalmente pone el punto sobre las íes. Ya no aguanta el ambiente tóxico. Siente que nadie la apoya y que más bien le ponen zancadillas. Sabe que hablan mal de ella y la aíslan. Hellen entiende que al trabajo se viene a trabajar y no a hacer amigos, pero esta situación le pesa mucho, le ha afectado el ánimo, le cuesta dormir, le angustia. Ha pasado de un ambiente solidario, donde todos se apoyan, colaboran y trabajan como equipo a una situación de andarse cuidando y sabiendo que en cualquier momento le meten un cuchillo por la espalda.
No tiene trabajo aun y sabe que es una locura renunciar en esas condiciones, pero ya no puede más. Su familia la apoyará mientras consigue otra cosa.
La única explicación que encuentra es que por alguna razón, alguien dijo “Me cae mal” y a partir de ahí se empezó a podrir todo.
Es una lástima perder a alguien como Hellen. Y no puede ser que todo el ambiente laboral esté secuestrado por las intrigas y tirrias de alguien más. Ojalá se pudiera despedir sin responsabilidad a alguien por invivible. El daño que causó será muy difícil de reparar.
