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Imagen principal del artículo: Las horas felices: setenta años de literatura con Alfonso Chase

Las horas felices: setenta años de literatura con Alfonso Chase

Este miércoles 23 de setiembre, a las 7 p.m., el Foyer del Teatro Nacional acogerá una jornada poética en homenaje a Alfonso Chase, organizada por el Movimiento Literario Palabra y Punto.

En la muñeca de Alfonso Chase hay un reloj que guarda una frase de su padre. Me contó la anécdota por casualidad. Conversábamos sobre la relojería de don Julio Fernández y Chase recordó un cucú que durante años tuvo en su casa. A Dionisio Cabal le gustaba tanto, me dijo, que un día Chase decidió regalárselo.

Entonces acercó su mano y me mostró el reloj que llevaba puesto.

—Este también es de la relojería de Julio Fernández —continuó—. Fue un regalo de mis alumnos.

Entre todos habían reunido el dinero para comprárselo. Alfonso solo hizo una petición: que grabaran en él la frase que su padre pronunciaba cuando hablaba de relojes. Así quedó, en la tapa trasera: "Que solo marque horas felices".

Fue en ese momento cuando supe que esta sería una conversación sobre el tiempo.

Alfonso Chase (Cartago, 1944), Premio Nacional de Cultura Magón 1999, ha dedicado casi siete décadas a la escritura. De ese tiempo conversamos.

Han pasado cerca de setenta años desde que un niño descubrió la poesía, aunque todavía no pudiera saber hasta dónde lo llevaría aquel encuentro. Uno de sus primeros recuerdos es el primer día de escuela: su madre y él, tomados de la mano, recorriendo Cartago. La poesía llegó poco después. Tenía nueve años cuando escuchó un poema de Lisímaco Chavarría.

En su casa había una biblioteca y, para Alfonso, la poesía quedó desde muy temprano asociada a aquellos libros, particularmente a los autores costarricenses. Un día, su papá tomó un volumen de poesía nacional y le preparó una lista de veinte escritores que debía leer. El primero de la selección era Roberto Brenes Mesén. Tiempo después, fue junto a su madre a un recital donde conoció a Julián Marchena. Alas en fuga, de Marchena, fue el primer libro que leyó. Para sexto grado ya había llegado a Rimbaud y a Saint-John Perse.

Eunice entra en la casa

En 1955, su madre recibió por correo, desde México, dos libros de Eunice Odio. Doña Luisa no conocía personalmente a la poeta. Sabía de ella por sus publicaciones en Repertorio Americano, Mujer y Hogar y La Tribuna. En algún momento, sin embargo, comenzaron a escribirse. En palabras de su madre, Eunice era una "belleza inteligente de la época".

Algunos años después, aquella poeta que había entrado en la casa convertida en dos libros dejaría de ser solamente un nombre impreso. Chase recuerda el regreso de Eunice Odio a Costa Rica en 1964 y el recital que ofreció en el café del Teatro Nacional. Alfonso asistió al evento acompañado por sus padres y por Carlos Martínez Rivas.

Luego vino México. Chase permaneció aproximadamente un año y medio allí. En la UNAM estudió diseño. En su memoria de aquella época aparecen Eunice Odio, Ninfa Santos, Sol Águedas y Vera Yamuni. Con ellas compartió un tiempo de profundidades y descubrimientos lejos de casa. La pintura también estuvo muy cerca. Lo fascinaban especialmente las mujeres artistas: Remedios Varo, Alice Rahon, María Izquierdo y Frida Kahlo.

Su paso por la escuela de diseño permite comprender a un Alfonso Chase que puede pasar inadvertido si se piensa únicamente en el escritor. A él le interesa el libro en todas sus dimensiones y lo vive también como una experiencia visual.

Para Chase, las fronteras parecen importar menos que el acto creador.

—La literatura en sí no es literatura. Es creación —comenta durante nuestra conversación.

Y aquella creación ocurría en un continente que se encontraba con frecuencia y conversaba.

—A partir del 62 había cinco polos culturales —explica.

Enumera México, La Habana, Bogotá, Nueva York y Caracas. Quienes contaban con mayores recursos podían ir también a Buenos Aires y Santiago. Eran ciudades hacia las que escritores y artistas viajaban y desde las que circulaban ideas, libros, proyectos y conexiones.

Costa Rica tampoco estaba completamente al margen de aquel tránsito. Chase evoca a los grandes escritores nicaragüenses que llegaban al país a comprar libros en la Librería Lehmann: Pablo Antonio Cuadra, José Coronel Urtecho y Claribel Alegría.

Ver cambiar un país

Setenta años dedicados a la literatura permiten contar no solamente la transformación de un escritor, sino también la de un país. Chase vivió la creación del Ministerio de Cultura, en 1971, y los cambios que vinieron después. Quien espere oírlo hablar de una guerra entre generaciones se llevará una sorpresa.

—No hubo problema generacional —dice—. Las diferencias estaban en los temas.

Luego llegaron las editoriales universitarias y, junto con proyectos privados como Guayacán, aquello produjo lo que él llama un "boom editorial". Chase lo vivió desde dentro. Ha escrito ensayo, poesía, cuento, novela y literatura para niños y jóvenes, y ha dedicado buena parte de su tiempo a la historia literaria y a rescatar a otros autores: Yolanda Oreamuno, Eunice Odio, Max Jiménez.

Chase entiende la literatura en plural. Cuando habla de los géneros, no los pone a competir.

—El ensayo es libertad —me dice—. La poesía y el cuento, en cambio, requieren mucho trabajo.

Ese trabajo ha encontrado lectores fieles. Su novela Los juegos furtivos, publicada en 1968, alcanza ya, según cuenta Alfonso, su decimocuarta edición. Y cuando habla de quiénes han sido esos lectores durante todos estos años, lo resume en una frase:

—Escribo para una clase media ilustrada.

Está empezando algo

Alfonso Chase pertenece a una generación que vio surgir instituciones culturales, editoriales, revistas y nuevas formas de circulación de la literatura costarricense.

—Nosotros fuimos una avanzada.

Después de siete décadas, sería fácil refugiarse en la nostalgia, pensar que la literatura verdadera pertenece siempre a una época anterior y que todo tiempo pasado fue mejor. Pero la mirada de Alfonso está puesta también en lo que viene.

Habla de ciclos que llegan a su fin y de algo que comienza a moverse después de cada final. Para él, eso está ocurriendo ahora.

—No soy pesimista. Sé que está empezando algo y pronto habrá una nueva avanzada.

Volver al Teatro Nacional

Este miércoles 23 de setiembre, a las 7 p.m., Alfonso Chase regresará a uno de los lugares que aparecen en sus propios recuerdos.

El Foyer del Teatro Nacional de Costa Rica será escenario de Toda una vida, una jornada poética dedicada a su trayectoria y a su obra, producida por el Movimiento Literario Palabra y Punto. La música estará a cargo de Natalia Esquivel.

La actividad tendrá, además, un significado particular para quienes la organizamos. Será la primera gran celebración literaria después de que Palabra y Punto se integrara como proyecto literario de la Fundación Cultural KEME, una alianza para fortalecer el trabajo en torno a la literatura y la lectura en Costa Rica.

Pienso entonces en la frase con la que comenzó nuestra conversación.

Pienso en las horas felices y veo a un niño caminar por Cartago tomado de la mano de su madre.

El tiempo sigue avanzando.

Alfonso Chase mira su reloj.