Cuando pensamos en justicia, es frecuente imaginar un tribunal, una persona juzgadora, abogados, expedientes y, al final de un proceso, una sentencia que determina quién tiene la razón. Esa imagen forma parte de nuestro imaginario y, efectivamente, representa una dimensión fundamental de la justicia. Sin embargo, desde la perspectiva de un Estado de derecho, la justicia no se agota en su dimensión formal ni en una decisión judicial.
La justicia también está en la posibilidad de ser escuchado cuando surge un conflicto. Está en encontrar un espacio donde las personas puedan expresar lo que sienten, explicar lo que necesitan y buscar una solución en conjunto. Está en prevenir que una diferencia cotidiana se convierta en un conflicto mayor. Está en recuperar la confianza, reconstruir relaciones y fortalecer la convivencia en las comunidades.
Desde esta perspectiva, hablar de justicia es hablar también de paz social y diálogo; es devolverles a las personas la posibilidad de resolver sus conflictos desde los valores del respeto, la escucha activa y el empoderamiento comunitario.
En Costa Rica, el Servicio Nacional de Facilitadoras y Facilitadores Judiciales “Luis Paulino Mora Mora” (SNFJ) representa una experiencia concreta de esta manera de entender la justicia, a través de personas de las propias comunidades, voluntarias y comprometidas con su entorno. El Poder Judicial ha reconocido que un conflicto puede resolverse antes de convertirse en un proceso judicial cuando las personas tienen la oportunidad y las herramientas para hacerlo.
Las personas facilitadoras judiciales tienen un papel complementario en la administración de justicia. No sustituyen la labor jurisdiccional de los tribunales; al contrario, abren el camino para acercar la justicia a las personas, especialmente a aquellas en mayores condiciones de vulnerabilidad. Son personas reconocidas en sus comunidades que brindan orientación, facilitan el acceso a la información y, cuando corresponde, apoyan con mediaciones comunitarias para encontrar una solución mediante el diálogo.
El SNFJ pone en el centro a las personas porque detrás de cada conflicto hay historias, necesidades y miedos. Desde esta perspectiva, este servicio les ofrece a las comunidades un espacio de confianza para compartir sus problemas y, en respuesta, una guía, un buen consejo y una alternativa de solución. Esta justicia con rostro humano busca brindar a las personas la oportunidad de participar activamente en la resolución de sus conflictos y de recuperar la posibilidad de encontrar caminos para convivir mejor.
Y es que, en este enfoque, la justicia comienza mucho antes de llegar a un despacho judicial. Inicia desde el momento en que una persona conoce sus derechos, sabe dónde acudir, encuentra orientación y tiene las herramientas para defenderse. Una justicia cercana es aquella que no espera a que el problema llegue a los tribunales, sino que también está presente en las comunidades, escucha, educa y abre caminos para que las personas puedan encontrar respuestas.
Una justicia cercana no solo impacta la manera en que las personas resuelven sus conflictos; también transforma la relación con la institucionalidad pública. La confianza de las personas aumenta si hay presencia de esas instituciones en sus comunidades. De ahí que el Poder Judicial haya reconocido que la confianza en la justicia no se construye únicamente por medio de resoluciones judiciales, en las cuales usualmente hay una persona ganadora y otra perdedora, sino a partir de las experiencias cotidianas con el sistema de justicia y con quienes lo representan.
En este sentido, el SNFJ tiende un puente entre la ciudadanía y el Poder Judicial. Las personas facilitadoras no son extrañas en su tierra; forman parte de su comunidad y, de manera voluntaria, asumen el compromiso de llevar la justicia sin importar la lejanía ni las dificultades sociales. Su participación demuestra que acercar la justicia a las comunidades no es una tarea exclusiva de los despachos judiciales; también implica empoderar a las personas para que sean protagonistas en la construcción de una sociedad más justa.
En una democracia, esta participación es fundamental: una ciudadanía activa hace la diferencia entre un pueblo que solo acude para resolver un problema y uno que conoce sus derechos, participa, fiscaliza, aporta y abre oportunidades para los demás. Esta ciudadanía también construye justicia, y las instituciones públicas pueden aportar mucho a cocrear espacios donde el respeto, el diálogo, la solidaridad y la corresponsabilidad se conviertan en una realidad.
Por eso, el SNFJ puede entenderse también como una oportunidad para fortalecer valores democráticos desde las comunidades. Cada orientación, cada acompañamiento, cada charla y cada mediación comunitaria puede contribuir a que las personas reconozcan que los conflictos no necesariamente tienen que resolverse desde la confrontación y que escuchar al otro, buscar acuerdos y asumir responsabilidades también son formas de construir justicia.
La justicia puede estar en una sentencia, pero también la podemos encontrar en la gente, en los pueblos, en las diferencias; solo debemos ampliar nuestra mirada. Una sociedad justa también se construye antes, durante y después de un proceso judicial: cuando una persona conoce sus derechos, cuando encuentra a alguien que la orienta, cuando dos personas logran resolver un conflicto mediante el diálogo, cuando una comunidad participa y cuando las instituciones logran generar confianza.
