Hay historias que comienzan en grandes escenarios. La de Impromptu comenzó en una soda.
El 9 de octubre de 2006, a un costado del Hospital Calderón Guardia, tres jóvenes se sentaron en La Isabel con una ilusión en común: hacer teatro de improvisación en Costa Rica. Querían jugar, hacer funciones, encontrarse con el público y, sobre todo, construir un espacio para una disciplina teatral que todavía buscaba abrirse camino en el país.
No sabían que aquella reunión sería el comienzo de una historia que llegaría a cumplir 20 años. Tampoco sabían todo lo que tendrían que enfrentar.
Porque hacer teatro independiente en Costa Rica es mucho más que tener ganas de hacerlo. Muy pronto, Impromptu entendió que detrás de cada función hay esfuerzos que el público pocas veces ve: sostener una sala, pagar cuentas, cumplir con las cargas sociales, producir espectáculos, conseguir público, mantener una escuela, buscar espacios y, una y otra vez, volver a empezar.
A lo largo de estas dos décadas, Impromptu ha tenido que sobrevivir a la pérdida de una sala de teatro y a situaciones extremas en las que mantener un espacio cultural se convirtió en una verdadera odisea. Lo que al principio imaginábamos como un placer y una aventura artística también terminó convirtiéndose en un reto permanente.
Y, sin embargo, aquí seguimos.
En estos 20 años, Impromptu se ha convertido en un referente del teatro de improvisación en Latinoamérica. Hemos sido invitados a grandes festivales de impro y hemos tenido la oportunidad de compartir escenarios y experiencias con artistas de distintos países. Recientemente, incluso, ganamos el Torneo de Match Iberoamericano de Improvisación Teatral en Lima, Perú.
Son logros que nos llenan de orgullo. Pero también existe una contradicción difícil de ignorar: mientras nuestro trabajo ha encontrado reconocimiento fuera de Costa Rica, dentro de nuestro propio país el reconocimiento y los apoyos a la cultura no siempre han estado presentes.
Esto no pretende ser un reclamo. Es, simplemente, parte de la realidad que hemos vivido.
El teatro independiente en Costa Rica ha cambiado profundamente durante estos 20 años. Las políticas públicas relacionadas con la cultura han sufrido transformaciones importantes; los espacios culturales disponibles para los artistas independientes son cada vez más limitados y las formas en que el público descubre, elige y consume propuestas teatrales son muy distintas a las de 2006.
Hacer teatro hoy implica entender también esas nuevas formas de relacionarse con el público, encontrar nuevas maneras de producir y aprender a sobrevivir en un entorno que cambia constantemente. Impromptu ha tenido que hacerlo.
Pero nuestra historia no es únicamente la historia de nuestras dificultades.
Es la historia de los proyectos que hemos creado, de los espectáculos que hemos presentado, de las personas que han pasado por la agrupación y de las que se han quedado. Es la historia de una escuela de improvisación, de los viajes, de los escenarios, de los encuentros y de una familia que se ha construido alrededor del juego y del teatro.
Es también la historia de llevar proyectos más allá de San José, de sembrar la semilla de la impro en lugares como Puntarenas y San Carlos y de crear un festival internacional de improvisación que ya suma 12 ediciones.
Y hay algo particularmente importante en esa historia: muchos de esos proyectos se hicieron sin financiamiento externo. No porque fuera fácil, sino porque decidimos hacerlos.
Y esa quizá sea una de las características más importantes del teatro independiente: seguir creando incluso cuando las condiciones no son las ideales.
Impromptu no es una excepción. Muchas agrupaciones siguen intentando hacer teatro desde sus propias trincheras. Algunas sobreviven, otras desaparecen, otras se transforman. Todas forman parte de una escena independiente que, a pesar de las dificultades, continúa buscando maneras de existir.
Después de 20 años, ya no miramos el teatro independiente con el mismo idealismo con el que comenzamos. Hemos aprendido que el entusiasmo no siempre alcanza, que una buena idea necesita también organización, recursos, público y mucha perseverancia.
Y, con todo el camino recorrido y los retos encontrados, aquí seguimos.
Seguimos haciendo funciones, seguimos creando proyectos, seguimos enseñando improvisación, seguimos jugando, seguimos encontrándonos con el público y seguimos siendo una familia.
Y celebramos no solamente por haber llegado hasta aquí, sino por todo lo que ha ocurrido en el camino. Por las personas que hicieron posible cada función, por quienes compraron una entrada, por quienes llenaron una sala y por quienes llegaron cuando apenas había unas cuantas sillas ocupadas. Por quienes actuaron, produjeron, enseñaron, cargaron escenografías, hicieron difusión, limpiaron una sala o simplemente estuvieron ahí.
Porque 20 años de teatro independiente no se construyen solo sobre un escenario: se construyen con muchas personas.
El próximo 9 de octubre, a las 7 p. m., celebraremos en La Gráfica esos 20 años con una función que recorre nuestros espectáculos más emblemáticos. Todavía quedan algunos espacios para quienes quieran acompañarnos y celebrar con nosotros. Para compartir una noche, recordar el camino y ser parte de una historia que comenzó en una soda que ya no existe.
La Isabel desapareció, muchos escenarios cambiaron y muchas cosas también cambiaron.
Pero hay algo que permanece: Impromptu sigue ahí. Veinte años después, seguimos jugando.
