Proyecto busca aprovechar pulpa y aguas mieles para generar electricidad y biofertilizantes.
Las cooperativas CoopeTarrazú R.L. y Coopesantos R.L., junto con las empresas costarricenses Bioconversión y Microignea, avanzan en un proyecto que busca transformar residuos del beneficiado del café en energía renovable y biofertilizantes en la Zona de Los Santos.
La iniciativa pretende aprovechar principalmente la pulpa y las aguas mieles que genera la actividad cafetalera mediante la combinación de dos tecnologías: biodigestión anaerobia y gasificación. Si logra avanzar hasta su escala industrial, la planta tendría capacidad para generar hasta 2 megavatios (MW).
Durante la cosecha, esa energía se destinaría prioritariamente a los procesos industriales de CoopeTarrazú, cuya demanda ronda 1 MW. Una vez terminada la temporada, el excedente podría incorporarse a la red de Coopesantos.
Según las estimaciones de las organizaciones involucradas, el proyecto podría aportar cerca de un millón de kilovatios hora al mes fuera del periodo de cosecha, una cantidad equivalente al consumo mensual de alrededor de 7.100 hogares que utilicen en promedio 140 kWh.
De residuo a recurso
CoopeTarrazú genera alrededor de 30.000 toneladas de pulpa de café al año. La nueva iniciativa podría aprovechar hasta 20.000 toneladas para producir energía, mientras que las restantes continuarían utilizándose en los proyectos de abono orgánico que desarrolla la cooperativa.
El manejo de este material tiene además un componente climático. La descomposición de la pulpa llegó a representar cerca del 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero asociadas al proceso industrial de CoopeTarrazú, según datos de la propia cooperativa en un análisis sobre sus iniciativas de economía circular.
El proyecto actual profundiza una línea de trabajo que lleva varios años desarrollándose. En 2024, la Universidad de Costa Rica (UCR) informó sobre un prototipo desarrollado junto con CoopeTarrazú para procesar pulpa y aguas mieles mediante digestión anaerobia y transformarlas en biogás y nutrientes para los cultivos.
Aquella tecnología surgió de más de una década de investigación en la Escuela de Ingeniería de Biosistemas de la UCR. El desarrollo fue posteriormente protegido mediante una patente universitaria y licenciado a Microignea para su implementación.
En julio de este año, la UCR documentó la firma de un acuerdo entre las cuatro organizaciones para avanzar hacia una biorrefinería que combine aquella tecnología con un proceso termoquímico de gasificación.
Según los desarrolladores, la integración de ambos sistemas dentro de la industria cafetalera sería inédita a escala mundial.
El proyecto está en su etapa preliminar
Aunque las proyecciones energéticas son importantes, la planta industrial todavía no está construida. Tras los trabajos piloto realizados hasta ahora, las organizaciones prevén iniciar una fase de evaluación de 12 meses. Durante ese periodo deberán generar la información técnica, económica y ambiental necesaria para gestionar los recursos y determinar si el proyecto puede avanzar hacia su construcción e implementación.
Esa condición también fue señalada anteriormente por CoopeTarrazú. En junio, la cooperativa explicó que el siguiente paso será precisamente evaluar durante un año la viabilidad de llevar el desarrollo a una escala mayor.
“Uno de nuestros objetivos es reducir esa huella de carbono y, al mismo tiempo, aprovechar mejor los subproductos del café. Buscamos transformarlos en una fuente energética que haga más eficientes los procesos industriales de la cooperativa”, explicó Jimmy Porras Barrantes, gerente de Innovación y Sostenibilidad de CoopeTarrazú.
Además de la producción eléctrica, parte de los residuos procesados podría regresar a las fincas en forma de biofertilizantes, manteniendo dentro de la cadena cafetalera materiales que tradicionalmente han representado un desafío ambiental.
Para Coopesantos, el eventual ingreso de electricidad producida dentro de su propia área de distribución también podría disminuir parte de los costos asociados con la compra externa de energía y complementar su matriz actual de generación hídrica, solar y eólica.
Si supera las etapas pendientes, el proyecto permitiría así cerrar parte del ciclo de uno de los principales residuos de la caficultura regional: utilizar la pulpa y las aguas del beneficiado para producir energía durante la cosecha, aportar excedentes a la red eléctrica y devolver nutrientes a las propias fincas.
