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Proveedores y riesgos laborales

Había una vez un proveedor de servicios médicos que le vendía sus servicios a una empresa. Digamos que se llamaban la Cruz Violeta. Parte de sus servicios era asignar médicos, enfermeras y terapeutas físicos al cliente. La empresa habilitó un consultorio médico y sus servicios eran muy solicitados por el personal.

Como toda empresa ordenada, la empresa firmó un contrato con Cruz Violeta, poniendo claro horas, servicios, seguros, obligaciones, precios, multas y demás. En todos los contratos de la empresa siempre se incluye que el proveedor tiene que cumplir con toda la legislación aplicable.

No es que la empresa se dedicara a revisar mes a mes que todos sus proveedores estén al día con todo, pero sí le interesa comprarle servicios a gente que respeta la ley y cumple con sus obligaciones.

Obvio, el personal de Cruz Violeta se fue incorporando a la empresa, porque ahí pasaban todo el día y ya conocían a todo el mundo. La empresa se cuidaba, eso sí, de mantener los límites para que después no hubiera enredos legales. Los de la Cruz Violeta eran proveedores, terceros, subcontratistas, como les querrás decir. Los de la empresa, son empleados. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

Un día se descalabró todo. El personal de Cruz Violeta pidió reunión con recursos humanos. No sabían nada del patrono. Hace tiempo no les pagaban el salario. Querían apoyo de la empresa para resolver eso.

Pero la empresa no podía hacer nada, solo escucharlos y empatizar. El patrono era otro. Los muchachos de Cruz Violeta se fueron de la empresa y no volvieron a saber nada de ellos.

Hasta que llegó una notificación. Todo el personal de Cruz Violeta demandó laboralmente a la empresa, diciendo que tenían horario, instrucciones, amonestaciones, o sea, cartón lleno. Además, mientras que  Cruz Violeta no tenía nada a nombre la sociedad, la empresa era grande, reconocida y sólida financieramente.

La empresa trató de contactar al apoderado/dueño de Cruz Violeta. Que no apareció y cuando apareció iba de testigo del personal.  Justo más o menos por el mismo tiempo que  llegó además la Caja a hacer una inspección porque Cruz Violeta nunca tuvo al personal en planilla, sino por “Servicios profesionales” aunque su único cliente era Cruz Violeta y no habían ni facturas ni contratos.

La empresa terminó conciliando y pagando lo que concilió. Quedaron ellos y nosotros con síndrome de estrés post traumático y desde entonces se implementaron controles de revisar morosidad con la Caja, exigir personal en planilla, etc.

Ahora hay un proveedor estratégico clave para un proyecto. Una persona física, no una sociedad. Se nos activa el PTSD y la alarma ¿cómo vamos a contratar a una persona física? ¿Y si pasa algo?

¿Está inscrito como trabajador independiente y al día? No se sabe ¿Está inscrito en Hacienda como contribuyente? Sí. ¿Tiene su póliza de riesgos del trabajo? No hemos preguntado

¿Somos sus únicos clientes? No sabemos. ¿Dónde va a prestar servicios? No son servicios, nos entrega unas piezas. ¿Entra en las instalaciones, las fabrica aquí, quién lo supervisa? No, no y nadie. Es como un servicio express. Se le pide algo lo trae, lo deja y se le paga y ya.  Lo más importante: lo necesitamos y urge.  No tiene horario, nadie le da órdenes, no hay acciones disciplinarias.

¿Será que no corremos ningún riesgo laboral si lo contratamos?