¿Yo te conté de la vez que trabajé en una empresa donde teníamos prohibido hablar con los demás del salario de cada uno?
No, Fulanito. No me contaste.
Bueno, te cuento. Te advertían desde que firmabas el contrato: usted no puede discutir el monto de su salario con nadie. Se considera información confidencial. Había políticas y todo y hasta te podían amonestar y todo ¡Qué pecadito! Tenían más fe que San Roque.
¿Y la gente cumplía?
¿Vos que crees? Obvio que NO. O sea, ¿a quién se le ocurre pedirle a latinos, es más, a ticos, que no hablen de algo? Apenas cogimos confianza, empezaron los chismes, el de planillas le contaba a la novia, la novia le contaba a la amiga, la amiga a la otra amiga y vos sabés cómo es eso.
Y se armó el brurumbún. La gente desfilaba por recursos humanos preguntando que porqué a este le pagaban más si tenían el mismo puesto, si habían entrado a la vez o incluso después, llamaban al Ministerio, le preguntaban a algún abogado conocido, etc. Todos, todos, opinaban al respecto.
La empresa no hallaba qué hacer. Al inicio nos mandaban correos recordando que esa prohibido discutir el tema. Pero aquello fue un fiestón. Pocas veces he visto yo a la gente a punto de organizarse así. Una compañera hizo stickers que decían “Mi salario, mi decisión” y los repartían a lo clandestino en la soda y en el parqueo. Supimos que en recursos humanos temieron que armáramos un sindicato, pero olvídate: ni que fuéramos comunistas ni nada así…
¿Y entonces?
Entonces yo no supe más, porque me salió esta oportunidad y me fui y aunque traté de mantenerme en contacto, pues poco a poco se fue diluyendo todo y no se en qué terminó la bronca. Aquí no hay nada de eso que uno puede hablar de su salario. Sí ha pasado cada muerte de obispo que hay alguna filtración de planilla o algo así, pero nada grave. ¿A vos qué te parece?
A mí siempre me llamó la atención ese tipo de políticas. Mirá:
Es cierto que el dinero con el que se paga el salario es de la empresa, pero en el momento en que se entrega al trabajador, el trabajador es el que decide desde en qué lo gasta hasta con quién lo habla. Uno puede no estar de acuerdo en esa decisión, pero como patrono no puede meterse. Es más, solo podés aplicar deducciones ordenadas por ley o autorizadas por el trabajador.
Además, diay, es difícil pretender que la información sea confidencial en un país que no se caracteriza por gente reservada y discreta. Es casi imposible controlar un rumor o información que se distribuye verbalmente. ¿Cómo probás quién dijo qué?
Por otra parte, existen estudios de salarios que se actualizan cada año y que se pueden comprar. No te dicen cuánto gana Juan, pero sí los rangos de salarios de personas en la posición de Juan. También hay bases de datos que te hacen gráficos de ingresos a través del tiempo de la persona que investigás.
Tenés a la ley de tu lado con dos principios. El primero es de igualdad salarial: a igual trabajo, igual salario. Uno como patrono podría decir que hay diferencias por experiencia, preparación, etc, pero sería indispensable explicar y exponer una razón real, objetiva, que exista y no que te la inventés cuando alguien reclama. No podrías decir por ejemplo que tal persona lo supo negociar mejor.
Y el otro, es de la prevalencia de las disposiciones del Código de Trabajo: las disposiciones que no se ajustan a las leyes son nulas y se tienen por no escritas. Si el salario es del trabajador, como en efecto lo es, entonces no se le puede prohibir hablar al respecto, ni aunque el trabajador firme una política o una cláusula en ese sentido.
Igual esas empresas pueden despedir a los trabajadores que se ponen muy intensos con el tema. Los despiden con responsabilidad, pero corrés el riesgo de que el trabajador ponga un juicio alegando que el despido fue discriminatorio o que fue una represalia por compartir información salarial.
Así me gusta: cuentas claras, chocolate espeso. Voy a buscar a ver si me quedó alguna de esas stickers y te regalo una. Creo que te gustarían. Son una corronguera.
