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La vida te da sorpresas

Una bochornosa mañana de cualquier día de este año, estamos puntuales en las oficinas de un centro privado de resolución de conflictos, para una audiencia de conciliación. Nuestro poder especial acredita que podemos actuar a nombre del cliente.

Nos tratan como reyes. Esperamos en salita aparte, acceso a internet, con agua, té o café. Además, hay aire acondicionado.

Venimos con una misión clara: el cliente es una empresa extranjera que contrató a alguien en Costa Rica para que se encargara de las ventas en el país. Firmaron un contrato de servicios profesionales muy completo, donde la profesional se comprometía seriamente a cumplir con todas las obligaciones locales propias de este tipo de relación. Ahora la empresa tiene otras prioridades y quieren dar por terminado ese contrato, pagando una suma X en agradecimiento por los años de servicio.

Nuestra recomendación fue la firma de un finiquito formal ante el un centro RAC para blindarnos contra cualquier reclamo.

Entramos a la audiencia. Y arde Troya.

La profesional alega que la relación nunca fue de servicios profesionales, que fue una relación laboral. Le deben los aguinaldos de todos estos años, las vacaciones, no la metieron a la Caja, las horas extra, el preaviso, cesantía y algo más por todo este sufrimiento que le están causando al despedirla porque ahora ¿cómo va a pagar la tarjeta y el leasing del carro? Que el salario estaba por debajo de lo que en realidad hacía. Que nunca le pagaron bonos, ni aumentos, ni la apreciaron como se merecía, con todo lo que ella ha hecho por la empresa.

Nos reagrupamos en la salita de espera para hablar con el cliente y entender qué pasó. Y resulta que la vida te da sorpresas:

  • En la página de la CCSS consta que la trabajadora/profesional no está inscrita como trabajadora independiente.
  • En la página de Hacienda, no aparece como contribuyente del impuesto de la renta ni del IVA.
  • Las facturas eran hechas en powerpoint, cobrando IVA y todo. IVA que no pagaba al Estado.
  • Todas las facturas “emitidas” fueron hechas a nombre del cliente, que era su único cliente.
  • Nunca tuvo póliza de riesgos del trabajo.
  • No tiene oficina propia para atender otros clientes ni la tuvo nunca. Ni la oficina, ni otros clientes.
  • Tenía horario.
  • Le daban instrucciones y órdenes.
  • Le decía jefe a la persona con la que tenía que coordinar en el extranjero.

… sorpresas te da la via (¡Ay, Dios!)-

Pero no contaba con nuestra astucia. Le hacemos ver – calculadora en mano- que el monto a pagar por agradecimiento, cubre lo que podría ser una cesantía. Que las horas extra son discutibles y dependen de la prueba. Que si hay que pagar la Caja, se paga, pero a la Caja directamente, como corresponde, no a ella. Y, sobre todo, que tenemos evidencia de su engaño a la empresa y sus incumplimientos con la Caja y Hacienda. Que todo lo que se embolsó de IVA representa y sobrepasa con creces lo que ahora pretende cobrar haciéndose la víctima.

La audiencia que prometía ser de una hora, se extiende por tres. Hay propuestas y contrapropuestas. Lágrimas y reclamos. Suspiros y miradas resentidas. Vamos y venimos. Gracias al mediador, finalmente llegamos a un acuerdo.

Ambas partes cedemos un poquito. Ambas quedamos casi satisfechas. No habrá juicio.