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El problema de la izquierda

La izquierda vive un serio momento de incertidumbre. Las democracias occidentales atraviesan un claro cambio de curso donde los discursos y postulados de tradición conservadora han sido sustituidos por el auge de la ultraderecha que ha sabido aprovechar, una vez más, el malestar económico, la desafección política y diversas problemáticas sociales para volver a ser un actor esencial en la gobernanza.

Estas líneas no pretenden analizar los motivos por el cual el discurso ultra sigue generando adeptos ante las soluciones rápidas que su discurso propaga ante temas como la inflación o el crimen organizado. Tampoco busca analizar las razones por las cuales las clases populares o trabajadoras de nuestro hemisferio votan por partidos que se disponen a gobernar contra los intereses de los sectores precarizados. Este artículo pretende analizar de forma breve las razones por las cuales la izquierda está atravesando un proceso de fragmentación y un serio problema de comunidad que supera liderazgos y discurso.

Fragmentación entre la comunidad. A pesar de que la izquierda siempre se ha caracterizado por un fuerte sentido de pertenencia asociado a liderazgos que han sabido mantenerse en el tiempo, las discrepancias asociadas a problemas internos o reveses electorales siempre han generado una clara fragmentación entre las diversas identidades de la izquierda. Existe una clara competencia entre las diversas identidades de la izquierda, dejando así poco margen de maniobra para una articulación que busque retomar el rumbo y brinde soluciones contra la desafección creciente entre los sectores más precarizados.

Deterioro ante la falta de un proyecto colectivo. Tal como lo señalaba Norbert Lechner, destacado investigador, politólogo y abogado alemán, las clases sociales a las cuales la izquierda interpela han dejado de percibir a la política como un espacio de construcción de lo común, donde la participación pierde sentido y los vínculos de pertenencia se disuelven. La falta de un proyecto colectivo no resolverá ni con mejores propuestas ni tampoco con una mayor estrategia de comunicación. Por ello es vital que la izquierda logre reconstruir un marco de relación en que las diversas sensibilidades logren establecer un marco común que sea viable en el tiempo.