El mal economista solo ve lo que se observa de inmediato; el buen economista también verá más allá." — Henry Hazlitt.
Quise arrancar con esta frase porque resume exactamente lo que nos está pasando como país con el tema del ROP. Estamos tan metidos en la discusión de "devuelvan la plata" que nadie se está preguntando qué viene después. O más bien, muchos ni siquiera saben qué se está discutiendo y cómo la decisión que se tome puede afectarlos. En este artículo quiero tratar de desglosar todo lo que rodea al Régimen de pensión obligatorio.
Esa frase va a ser el hilo conductor de todo lo que voy a plantear acá. Porque la narrativa del retiro inmediato suena bien y se vende fácil en redes, pero como dice Hazlitt, hay que ver más allá. Y honestamente, no sé si nuestros políticos están dispuestos a renunciar al humo electoral y tomar decisiones sensatas.
Pero antes de meternos en ese laberinto, vale la pena preguntarse: ¿realmente entendemos cómo funciona esta pensión y qué estamos a punto de decidir? ¿Y qué nos va a costar esa decisión dentro de 20 años, aunque hoy no lo veamos? Porque en los pasillos de la Asamblea y en las mesas de café de todo el país, este debate ya reventó — y lo que se decida nos va a afectar a todos.
El ROP no nació por accidente. Fue concebido como el segundo pilar de nuestro sistema previsional para mitigar las debilidades del Régimen de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM), que ya no puede cubrir la totalidad del ingreso previo al retiro. Su diseño se basa en la capitalización individual: cada trabajador es, por ley, dueño de su cuenta.
Se compone de la siguiente forma:
- Financiamiento: Se nutre de un aporte del 4,25% del salario (1% del trabajador y 3,25% del patrono).
- Magnitud del fondo: Las operadoras administran cerca de ₡14,2 billones, pertenecientes a 1,4 millones de afiliados, de los cuales el 70% es menor de 45 años.
- Rol macroeconómico: Es el principal financista del Estado costarricense, con un 54% de su cartera invertida en el sector público.
Con esa cantidad de plata sobre la mesa, era cuestión de tiempo para que el debate llegara a la Asamblea, alimentado por la presión social de quienes, con justa razón, ven en su saldo una propiedad privada que se siente lejana y ajena.
Los diputados no se hicieron esperar. Actualmente hay tres proyectos dictaminados y listos para votarse en Plenario, aunque enfrentan la resistencia del futuro gobierno de Laura Fernández:
- Expediente 24.984 (Ada Acuña): propone un Retiro Programado Financiero Actuarial (de 2 a 15 años). Lo más controversial: permite el retiro total si la pensión del IVM es inferior a ₡746.160, o si la tasa de reemplazo supera el 52,5%.
- Expediente 24.972 (Rocío Alfaro): plantea que quienes se pensionen entre 2021 y 2029 puedan retirar sus fondos mediante rentas temporales de 24 meses.
- Expediente 25.003 (Óscar Izquierdo): propone un retiro en cuatro tractos del 25%, cada nueve meses, para los nuevos pensionados hasta febrero de 2030.
Aunque los proyectos están listos, enfrentan una pared técnica que se fundamenta en lo que, para muchos políticos, es invisible.
Y es imposible no empatizar con el trabajador. Alguien que cotizó toda su vida tiene todo el derecho de preguntarse por qué no puede disponer de su propia plata.
Los argumentos a favor del retiro tienen un peso ético innegable:
- Propiedad privada: según el Artículo 45 de la Constitución, la propiedad es inviolable. El ROP es capital del trabajador, no un botín del Estado ni de las operadoras.
- Crítica al cartel operativo: existe una frustración real contra la Asociación Costarricense de Operadoras de Pensiones (ACOP), donde se cobran comisiones del 0,35% sobre el saldo incluso cuando los rendimientos son mediocres o negativos.
- Inmadurez del sistema: con solo 26 años de existencia, el fondo no ha completado un ciclo de maduración. Obligar a alguien a recibir poco dinero por un ahorro incompleto se percibe como un atropello.
Sin embargo, reclamar la plata hoy sin pensar en qué va a pasar dentro de 20 años es exactamente lo que Hazlitt advertía: ver solo lo inmediato.
Porque hay que ver más allá. Costa Rica tiene una tasa de fertilidad de 1,2 hijos por mujer y para 2050 vamos a tener apenas dos trabajadores activos por cada pensionado. El que retira todo hoy es el mismo que en 15 años puede quedarse sin nada, viviendo solo con un IVM que probablemente no le alcance. No es ni siquiera la próxima generación la que paga el precio — es la misma.
Las advertencias en contra del retiro no son menores:
- El retiro de los ₡2,65 billones proyectados obligaría a las operadoras a vender bonos masivamente, disparando las tasas de interés y encareciendo los préstamos para todas las familias ticas —desde la tarjeta de crédito hasta la cuota de la casa—.
- Un retiro masivo de esa magnitud inyectaría una cantidad enorme de colones a la economía, presionando la inflación y el tipo de cambio. Irónicamente, la misma plata que la gente retira valdría menos al momento de gastarla.
- El FMI fue directo en su Artículo IV de 2026: las propuestas de retiro anticipado deben evitarse por sus efectos macroeconómicos y financieros adversos.
- Y lo más preocupante: la mayoría de las personas no tienen educación financiera. La evidencia muestra que cuando se entrega el fondo completo, la gente lo gasta en dos o tres años. Después de eso no queda nada. Cero. Y el IVM solo no alcanza. Estamos hablando de personas que entre los 60 y 75 años se quedarían sin ningún complemento de pensión, dependiendo del Estado o de sus familias para sobrevivir.
El retiro no resuelve el problema. Lo patea 15 años para adelante y lo hace peor.
Pero seamos honestos: todo este debate del ROP es en realidad un síntoma de algo más grande. La gente quiere retirar su plata porque en el fondo sabe que el IVM está quebrado — y no se equivoca.
El IVM funciona con una lógica que se parece peligrosamente a un esquema piramidal: los trabajadores de hoy pagan las pensiones de los jubilados de hoy, confiando en que los trabajadores de mañana van a pagar las suyas. El problema es que cada vez nacen menos personas y cada vez vivimos más. Con una tasa de fertilidad de 1,2 y una esperanza de vida de 81 años, la base de la pirámide se está encogiendo mientras la cima crece. Las matemáticas simplemente no dan.
Y en vez de enfrentar eso — repensar el modelo de reparto —, lo que hacemos es desviar la atención al ROP, que irónicamente es el único pilar que sí funciona con lógica individual: tu plata es tu plata, crece con rendimientos y está a tu nombre.
Destruir el pilar que funciona porque no queremos arreglar el que está colapsando no es una solución. Es como quemar los muebles para calentar la casa.
Soluciones concretas
Para que el sistema sea defendible, debe ser eficiente y justo. Estas son las reformas que deberíamos estar discutiendo:
- Apertura internacional: permitir la entrada de gigantes como Vanguard o BlackRock para romper el cartel operativo de ACOP y bajar costos mediante competencia real.
- Libertad de inversión: eliminar el tope del 50% de inversión en el extranjero. El mercado tico es muy pequeño para tanta plata; necesitamos rendimientos globales.
- Fondos generacionales: acelerar este modelo para que los jóvenes asuman más riesgo con mayor retorno y los mayores protejan su capital.
- Comisiones por rendimiento: migrar del actual 0,35% sobre el saldo a un modelo de "performance fee". Si la operadora no genera ganancias para el trabajador, no debería forrarse los bolsillos.
- Reformar el IVM: rebalancear las cuotas de contribución, redistribuir cargas patronales que hoy se van a otras instituciones, pero sobre todo repensar un modelo que fue diseñado para una Costa Rica que ya no existe.
- Educación financiera: integrarla en el currículo del MEP. Un ciudadano es menos probable que tome decisiones financieras equivocadas.
La verdadera defensa de la propiedad y el bienestar no es "devolver la plata" para que se esfume en dos años de consumo e inflación. La verdadera responsabilidad es garantizar que ese ahorro rinda y persista.
Legislar basándose solo en lo que se ve — la necesidad inmediata y el aplauso fácil — es un acto de irresponsabilidad. Las soluciones existen, están sobre la mesa, pero requieren algo que escasea en nuestra política: pensar a largo plazo aunque cueste votos.
Al final, este no es solo un debate de economistas ni de diputados. Es un debate de todos los que algún día vamos a envejecer. Y la pregunta es simple: ¿queremos resolver esto ahora o seguir pateando la bola hasta que ya no haya nada que patear?
Como diría Hazlitt: veamos las consecuencias no solo a corto plazo, sino a largo plazo.
