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La presidenta que no quiso presidir

Doña Laura Fernández fue declarada el 3 de marzo de 2026 presidenta electa tras recibir 1.243.141 votos; un 48,12 % de los costarricenses que ejercieron su derecho al sufragio decidió confiar en ella para llevar las riendas del país.

Hubo personas que señalaban que Laura no sería más que un títere de Chaves, quizá de manera mezquina, al no darle siquiera el beneficio de la duda y ver realmente lo que le depararía al país bajo su liderazgo. Pero finalmente hoy nos dio una probada de lo que podría ser su mandato. Luego de la presentación de su gabinete, es evidente que se compone en gran parte de favores pagados, puertas giratorias y, aunque detesto la expresión, una "red de cuido".

Para hacer una mención rápida de las fichitas más evidentes: Carolina Delgado Ramírez al INAMU, cuyo más reciente logro fue dejar impune a Fabricio Alvarado en el proceso administrativo que tenía por acosar a una exdiputada; Arnold Zamora Miranda, investigado por una presunta violación a un subalterno; Gabriela Chacón Fernández, quien continúa en el INS a pesar de haber recibido una suspensión sin goce de salario por irregularidades en contrataciones, con el aparente interés de echar al auditor general de la institución; Gerald Campos Valverde, con aparentes vínculos con el extraditado Celso Gamboa, a quien, por error, claramente, le habría enviado un correo que tenía que ver con una denuncia en su contra.

Este tipo de nombramientos parece cuando menos raro, pues se pensaría que, ante la oportunidad que tiene doña Laura de generar una verdadera transformación de la política nacional que beneficie a las personas más vulnerables, quienes más necesitan de un Estado eficiente que les resuelva, ella decidiría rodearse de la mejor gente. Pero entonces nos llegó la noticia y todo tuvo sentido: Rodrigo Chaves será el ministro de la Presidencia, con recargo como ministro de Hacienda, además de jefe del gabinete.

Así es como nos enteramos de que la mujer más votada en la historia de nuestro país tomó la decisión de hacerse a un lado y entregó en bandeja de plata el poder político y económico del Ejecutivo a un regente cuyas formas (gritos, insultos, muecas…) y paupérrimos resultados en gobierno ya conocemos.

Yo aún conservo la fe en que Laura Fernández se dará cuenta, al sentir el peso de la banda presidencial en su hombro y en su pecho, de la responsabilidad que tiene y, más allá de eso, de la posibilidad de asumir su presidencia con responsabilidad, con el liderazgo que el pueblo le exige, con la convicción de que, con el apoyo legislativo que le concede una bancada de 31 diputaciones, realmente puede cambiar este país para bien. Que finalmente se dé cuenta de que lo que haga de estos cuatro años de gobierno es su legado y de nadie más. ¿Cajita blanca para mí?