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El poder de dirección

Puede ser que sea un resabio de la colonia, cuando españoles muy hidalgos y de supuesta alta alcurnia, tenían que trabajar la tierra a la par de sus peones, para evitar morirse de hambre. Aquí no había indios que explotar, ciudades que conquistar, ni oro o plata para robar: éramos la legítima cola del venado del Virreinato de Nueva España.

Por la razón que sea, los ticos somos confianzudos. Nos sentimos rápidamente a gusto y en familia en cualquier parte, nos tratamos de vos, nos hacemos bromas, nos enteramos de la vida de los demás y opinamos con absoluta propiedad. Igualados, dirían los más clasistas.

Y esto tiene sus retos cuando se trata de una relación laboral, específicamente con uno de los tres elementos que definen la existencia de la misma: el poder de dirección.

El patrono es quien ejerce esa dirección. Supone la capacidad y el derecho de girar instrucciones y órdenes para que el trabajo se haga se la forma en que se supone que debe hacerse para asegurar la operación y la buena marcha de la empresa. Además, de fiscalizar cómo se hace el trabajo y pedir correcciones si es necesario.

La contraparte de esto, es el deber de obediencia que todo trabajador tiene respecto a esas indicaciones. Es un aspecto tan central y relevante en el ambiente laboral, que su incumplimiento puede llevar a un despido sin responsabilidad.

Aunque suena básico y lógico, la práctica y la experiencia demuestra lo contrario. Por ejemplo:

“Fulanito, ¿me ayudas por favor hacer este informe?”

Y Fulanito responde “No. Mejor lo hago mañana”

A ver: No es optativo.  No es una sugerencia. Aunque la solicitud se haga disfrazada de una petición de un favor —porque en Costa Rica tenemos problemas severos para ser directos— lo cierto es que es una instrucción y debe obedecerse. No le están pidiendo un criterio ni una opinión. Le están diciendo qué hacer. No se está sometiendo a votación. Hay una figura que instruye y dirige y está reconocida por ley, que es el patrono.

Ante la instrucción, Fulanito puede explicar o proponer. Por ejemplo:

“¿Lo podemos dejar para mañana? Aun no hemos terminado con X cosa que urge para hoy”

“Tenemos varias cosas en fila. ¿A qué le damos prioridad?”

“Nos falta aun los datos que vienen de Conta”

“¿Le puedo pedir apoyo a Jorge Emilio para poder sacar ese informe para hoy”

Ese deber de obediencia incluye advertir al patrono cuando una instrucción no puede cumplirse o si al cumplirla, existe algún riesgo para la empresa. Porque, además del deber de obediencia, el trabajador tiene además un deber de colaboración hacia su patrono.

Por ejemplo, si el patrono propone que el reporte se haga con inteligencia artificial, el trabajador puede indicar que esos resultados no son confiables y es mejor no asumir riesgos con un documento de esa importancia.

Ahí, también, fallamos como sociedad. En lugar de levantar la voz de alarma, tristemente a veces se activa el ’porta a mí, hacemos un silencio hostil y nos quedamos cruzados de brazos, comiendo palomitas, viendo cómo todo se descalabra.

Sí, lidiar con gente es de las cosas más difíciles que hay. Requiere mucha paciencia, apoyo, empatía y habilidad.