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El lince y la liebre (II parte)

En una entrega anterior repasamos algunas consecuencias de la Doctrina Monroe en Centroamérica. Ahora, en el caso de Costa Rica hay que señalar que esta influencia fue peculiar.

Varios factores históricos —escasez de recursos valiosos para poderes extranjeros, la conveniente, pero no benevolente, abolición del ejército, la pequeña población indígena, y reformas sociales para prevenir el surgimiento de movimientos populares— aislaron a Costa Rica (parcialmente) del terrorismo de estado tan común en la región. Pero el poder nunca descansa, y siempre toma precauciones en caso sus súbditos se atrevan a desafiarlo.

El documento desclasificado “Defense of Democracy in Costa Rica - U.S Security Assistance”, escrito en 1983, expone la preocupación del amo. El autor menciona a lo largo del texto las posibles “amenazas a su seguridad” causadas por “organización subversiva” como sindicatos o movimientos radicales indígenas, por lo que existe la “necesidad de profesionalizar las fuerzas de seguridad”. Agrega además que oficiales de seguridad costarricenses, en una visita al Comando Sur de los Estados Unidos en Panamá, expresaron interés en mejorar el “aparato de seguridad”, mencionando “Corea, Alemania Occidental, Israel y Estados Unidos como fuentes de asistencia”, siendo un “programa de entrenamiento antiterrorista” parte de la misma. El autor concluye que “la seguridad pública dentro de Costa Rica debe ser un asunto nuestro”. El mensaje es claro:

¿Cómo protegeremos nuestros intereses económicos en caso que surja un movimiento obrero? ¿Cómo ejecutarlos cruelmente sin ejército que actúe como proxy?”.

La respuesta es obvia: la militarización de la policía

Hasta el día de hoy Costa Rica continúa enviando policías a la infame Escuela de las Américas, hoy llamada WHINSEC, ubicada en Fort Benning. Miles de policías han sido entrenados en esa escuela militar, y algunos han incluso ocupado posiciones gubernamentales, como José Fabio Pizarro, director de la Fuerza Pública entre 2007 y 2008. Durante su dirección, hubo casos de violación a la propiedad privada e incluso la desaparición de un manifestante en el 2008. Dentro de las fuerzas policiales, el caso más importante es el Grupo de Apoyo Operacional (GAO), conocidos como Linces. Estos son entrenados por varios grupos, como los Linces panameños, quienes a su vez son entrenados por la policía militar brasileña UPP (reconocida por violaciones a derechos humanos), por fuerzas israelíes, entre otros.

Varios Linces participan en los juegos Fuerzas Comando, donde fuerzas militares latinoamericanas compiten entre sí. ¿Por qué deben fuerzas policiales participar? En los juegos del 2025, los tres primeros lugares fueron Colombia, México y El Salvador, países donde crímenes de lesa humanidad por parte de paramilitares, escuadrones de la muerte y el ejército han sido la regla. Caso contrario en los dos últimos lugares: Costa Rica y Belice. Se puede asumir una correlación entre la rigurosidad del entrenamiento militar y la predisposición a crímenes contra la población civil.

Los Linces son la fuerza policial con más denuncias por abuso de autoridad, violencia, acoso y allanamientos sin orden judicial. Se han reportado casos de linces enmascarados irrumpiendo sin autorización en viviendas, encañonando y robando joyas y dinero, e incluso amenazando de que, en caso de interponer una denuncia, habrían represalias.

Aunque tales crímenes palidecen en comparación a los de Guatemala y El Salvador, la historia demuestra que no estamos exentos al terror. En 1992 el Comando Cobra liderado por Minor Masís, graduado de la Escuela de las Américas, asesinó a dos hombres y violó a dos hermanas indígenas en Talamanca. Un amargo recuerdo del horror que acecha en espera.

Terrorismo fundado y armado por Estados Unidos y sus estados clientes, y recibido por la oligarquía doméstica. A esto se le suma otra tragedia: la enorme ignorancia de la mayoría de costarricenses sobre la historia, sufrimiento y lucha de las poblaciones vecinas. Ignorancia fabricada deliberadamente por los centros de poder y mantenida por una clase intelectual servil poco interesada en la verdad, prefiriendo perpetuar mitos nacionales. No es de sorprenderse, entonces, que constantemente nos llamemos un ejemplo de “democracia” en la región, cuando la historia demuestra lo contrario.

Conforme Estados Unidos pierde su hegemonía, se refugia en su hemisferio. Es predecible que la represión económica y militar siga incrementando. Esto se puede observar en El Salvador con el estado de excepción y el CECOT, el ataque a Venezuela por el petróleo, y el incesante apoyo económico a Milei en Argentina.

En el caso de Costa Rica, los mecanismos de represión violenta se han mantenido restringidos, probablemente por la ausencia de un movimiento popular que amenace la oligarquía y corporaciones multinacionales. La élite doméstica también ha demostrado preferencia por presentar las elecciones como solución universal a los problemas sociales, en vez de recurrir al uso de la violencia, lo cual podría resultar contraproducente; la población, que siente no tener alternativas, no encuentra más remedio que depender de ellas.

A medida que las condiciones económicas empeoren, es posible que la farsa termine abruptamente, y el Lince cace a la liebre, uniéndonos con nuestros hermanos vecinos.