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¡Ahí vienen los Therians! ¿A qué?

En 1938, Orson Wells narró en la radio una adaptación de la novela de La Guerra de los Mundos, que iniciaba como un reporte de noticias de última hora y prácticamente sin interrupciones comerciales. Pasó a la historia porque lo hizo de manera tan convincente, que muchos de los oyentes entraron en pánico, convencidos de que una invasión extraterrestre estaba ocurriendo y que estaban en peligro inminente de muerte y destrucción del planeta. Salieron huyendo de sus casas, llamaron a la policía y, en general, fueron parte de una histeria colectiva.

Algo parecido ha ocurrido con el supuesto fenómeno de los Therians. En las últimas semanas se han publicado incontables avisos de tiendas, restaurantes, parques, municipalidades centros comerciales y, por supuesto, veterinarias; advirtiendo que su ingreso o actividades organizadas por y para ellos está prohibido, como si se tratara de apestados, contagiados de sarampión o de Covid o amigos de Jeffrey Epstein.

Curiosamente, no vemos decisiones similares con antivaxxers, que sí representan un riesgo para la salud pública. Además, al menos los establecimientos privados, olvidan que de por sí pueden reservarse el derecho de admisión, cuya definición y aplicación varía dependiendo del interés del establecimiento y que nunca puede ser discriminatorio.

Un despliegue tan rápido y público de decisiones evidentemente discriminatorias pronto podría alcanzar la esfera laboral. Por eso, lejos de seguir buscando y leyendo las publicaciones que se dedican al análisis morboso de lo raro y lo diferente; la obligación de todo patrono es recordar los derechos básicos de todas las personas y respetarlos.

No le corresponde a ningún patrono indagar o prohibir temas propios del ámbito privado de un trabajador, como su autopercepción, la forma en que se viste o pontificar al respecto. Si existen razones objetivas y fundamentadas que justifican restringir por ejemplo, el uso de ciertas ropas, máscaras o accesorios (de la misma forma en que en se prohíbe el maquillaje, pintura de uñas, aretes o uñas acrílicas), entonces, desde el punto de vista laboral, podemos intervenir.

Asimismo, antes de dejarse ir en la corriente de juzgar y prohibir, conviene analizar si el tema de los Therians es una nueva versión de la Guerra de los Mundos y hemos sido víctimas, otra vez, de la manipulación, difusión y crecimiento artificial de una noticia falsa, o al menos, que no tiene el impacto ni la importancia que se le ha querido atribuir; cuyo verdadero interés es desviar la atención de aspectos o decisiones que sí son relevantes.

Sería una injusticia que una decisión laboral que puede dejar a una persona sin trabajo y a su familia sin sustento se basase en una manipulación mediática. ¿Verdad?