Imagen principal del artículo: De la resaca electoral…

De la resaca electoral…

¡Sí, otro texto innecesario sobre las elecciones que nadie leerá!

El lunes amaneció como debía ser: frío, gris, con el sabor pastoso de los gritos silenciados en la boca y la paz de los cementerios. Solo el silbido del viento nos recordaba que habíamos regresado a la realidad. Las banderas ya no ondeaban —infundadas— en la Hispanidad. Así debía ser.

La noche previa resonó el delirante discurso fundacional de la próxima "Tercera República". ¡Claro que sí! En el momento, algunas personas lo pasamos por alto, o quizás lo imaginamos como una sugerencia retórica de alguna —de las muchas— pluma a sueldo. Pero no, lo supimos en la mañana: fue una declaratoria de intenciones. Y por más que queramos hacer una caricatura del chavismo, esta gang no viene “a que juego a gobernar y te paso la pelota": tienen un anhelo de "re-fundación", que primero pasa por el fuego de la "fundición" de lo que conocemos como Estado costarricense. Roma debe arder frente a los ojos neronianos. Y de las cenizas se forja un proyecto reformista cual Caballo de Troya.

Esta coyuntura no es un capricho histórico, ni el "margen de error de la excepcionalidad tica". Sabíamos hace cuatro años que volvería a ocurrir. Para el primer año de Rodrigo escribí en este medio que aquella elección había "nacido de la ira". Comenté que este “periodo se erigía como síntoma y como consecuencia. Como un error fatal. Como el fracaso de una generación. Como parteaguas y retiro forzado de la decadente élite política, responsable directa de este escenario".

Teníamos la certeza que la ira contra la clase política seguía ahí. En aquella ocasión anoté:

A un año de la ira sembrada, la fatiga es evidente y el malestar continua acumulándose pronosticando tempestades. Pareciera que reprimir el enojo estoicamente, y vivir con indiferencia nos ayudará a soportar el destino que, cual decretó divino, es inmisericorde y fatal".

Muchos practicamos cierta distancia estoica, disertamos en las torres de marfil o en las pantallas onanistas de reels, likes y shares. Claro, hoy la militancia es contenido. Hoy la democracia y la libertad son entretenimiento.

Somos responsables, no podemos abogar ignorancia.

El Chavismo como proyecto de autocracia electoral

Las palabras son muy importantes. La claridad con que nombramos los fenómenos y los actores, tiene relevancia: forjan la manera en que interpretamos y enfrentamos el mundo. El continuismo jaguarh se puede entender mejor, creo, desde el término "Autocracia electoral".

Siguiendo a Steven Forti, esta forma de gobierno está a la mitad de camino entre una democracia plena (que son contadas en el mundo, nosotros -aún- somos una de ellas) y una dictadura. Se ha debatido si esos modelos son productos del deterioro interno de la democracia, si son consecuencia de movimientos antidemocráticos externos, si es por la crisis -obvia- de la política partidista, etc. Seguramente, cuando vivamos en dictaduras fascistas 2.0 los académicos tendrán la respuesta.

La autocracia electoral es una simulación de la democracia. Esta forma de gobierno nace por consecuencia de un proceso paulatino de concentración de poder. Un grupo en el ejercicio de presidir el Estado somete a los otros poderes: primero el legislativo (cuando hay mayoría), y luego el Judicial, como consecuencia de reformas desde la Asamblea. El grupo en el poder erosiona las instituciones desde adentro y limita la libertad de expresión y asociación. Obviamente, manipula las reglas constitucionales para perpetuarse en el poder: sometido el Legislativo al Ejecutivo no hay forma de impedirlo, ya que también han subyugado al aparato rector que legítima las elecciones. En el relato mediático, y en la opinión de los "poco iluminados", la fachada es democrática, pero se ha vaciado su contenido, se convierte en la práctica en un régimen donde se vota como un gesto, pero no como un acto democrático. El poder real se concentró, y la oposición fue reprimida, deslegitimada o judicializada. Los casos ejemplares recientes en Centroamérica son El Salvador y Nicaragua, cada uno con sus matices y relatos diferenciados, pero que en la práctica funcionan igual.

Decir en este momento que el Rodri-chavismo es un proyecto autoritario y antidemocrático es una obviedad, pero vale destacar que es una deriva o un movimiento a la autocracia electoral, no es un hecho consumado. Aún hoy, 2026, somos una democracia plena, con todas las contradicciones, “matices” y las "razones débiles", pero aún tenemos una institucionalidad autónoma y un sistema de pesos y contrapesos que impide -por ahora- la concentración de poder.

Claro está, estamos de camino al vaciamiento del sistema democrático, si es que permitimos que suceda.

El Chavismo como proyecto de élites

La moraleja de la historia es que esta deriva autoritaria y antidemocrática, como prácticamente todas en la historia contemporánea, son proyectos de élites. Esto interpretado en el marco del capitalismo tardío.

La banda jaguarsh que pretende "re-fundir" al Estado es una élite: inmunes caminan por la capital debiéndole millones al seguro social. Contrademandan al Estado por sobre salarios. Acusados de violentar las leyes de financiación de campañas, o asociados a firmas vinculadas a los “Papeles de Panamá” se instalan como ministros o diputados. Detrás del escenario aparecen financistas, grandes importadores, medios de comunicación y personajes que operan en las sombras y aparecen en las cuentas de milagrosas señoras que compran bonos millonarios de deuda política. Un breve retrato de algunas clases sociales muy poderosas para la cual el Estado, el territorio nacional y lo público es un botín. Spoiler: a ciertas élites poco les importa si se vive en una democracia o en su caricatura.

Sí, gran parte de la clase trabajadora votó por ellos: clase social que no tiene los salarios congelados. Los que no tienen que contar las monedas para los pasajes. A los que no les preocupa si les meten jornadas de 10, 12 o 14 horas. A los que no les importa si el costo de la vida les permite llegar a fin de mes. A los que nunca un banco les negará un crédito...

Sí, parte de la clase trabajadora votó por ellos, los que legislarán contra sus derechos, su alimento y su vida. Votaron una vez más contra sus intereses. Mientras tanto, muchos de nosotros, otro sector de la clase trabajadora, por componendas funcionales al poder y saprihoras electorales “olvidamos” las razones profundas y estructurales de un sistema desigual que nos trajo hasta aquí.

Somos responsables.

El día después…

Para muchos, la primera reflexión con respecto al próximo cuatrienio es crear un espacio de maniobra para cierta realpolitik, un malmenorismo pragmático. Para otros, en una quimera rarísima, piensan en un intento pluripartidista de concertación que imaginan en un mundo suspendido en la Hispanidad. Un escenario inexistente. Otros, seguramente calculan la deuda que les dejó la campaña.

A esta altura, y aún con resaca electoral, tengo la convicción de que las resistencias pasan por entender la integración de las caras complementarias: la lucha por la democracia debe ser una lucha por reivindicación de nosotros, la clase trabajadora. La democracia, las garantías sociales, la libertad y el derecho de vivir en paz van de lucha de clases: nunca fueron una dádiva de las élites.

Ahora, corresponde ondear banderas y levantar los puños.

Y no, Laura, no bajaremos las banderas. Nosotros no las levantamos cada 4 años. No son banderas de mejengas partidarias. Son de principios y dignidad. Son de clase y solidaridad.

Son las banderas y los puños de una nación.