Estamos a menos de 48 horas de que abran las urnas, en nuestra noble patria llevamos 77 años celebrando elecciones presidenciales libres, consecutivas y competitivas, en ellas ha habido alternancia de poder y ningún partido ha gobernado tres veces consecutivas.
Durante ese período, hemos tenido 19 presidentes y todas las transiciones de gobierno se dieron de forma pacífica, tenemos la fortuna desde hace muchos años de ser una de las pocas democracias plenas del mundo. Según el Índice de Democracia de 2024 publicado por la Revista The Economist en el continente americano solamente Uruguay y Canadá nos acompañan en ese selecto grupo.
Una democracia plena no surge por casualidad, el Tribunal Supremo de Elecciones es uno de los órganos electorales más sólidos del mundo y así ha sido reconocido en distintos estudios internacionales, obteniendo el noveno puesto a nivel mundial en el año 2019 del Reporte Mundial de Integridad Electoral y el puesto 11 en 2025.
Desde hace varios años, Costa Rica es además uno de los países con mayor paridad parlamentaria de género del mundo según la Unión Interparlamentaria Mundial, la lista de fortalezas de nuestra democracia es extensa, por lo que no me es posible mencionarlas todas.
Las dictaduras son depredadoras del libre pensamiento
América Latina ha sufrido muchas dictaduras (de derecha y de izquierda), todas ellas persiguieron a la prensa, persiguieron a los opositores políticos, artistas, docentes, jueces, cantantes, estudiantes, activistas, sindicalistas, ecologistas, organizaciones defensoras de derechos humanos, periodistas y hasta empresas.
La mayoría de la región latinoamericana sufrió dictaduras entre los 70 y 80. Mientras las dictaduras de aquellos tiempos desaparecían gente, asesinaban y torturaban, los faros democráticos que recibían a los exiliados en aquellos años eran Costa Rica y Venezuela; durante esas décadas recibimos una cantidad importante de artistas y docentes que huyeron de Argentina y Chile.
Ya para este siglo, las dictaduras modernas no se gestaron con las armas, primero obtuvieron el poder mediante elecciones (Venezuela, Nicaragua, El Salvador), luego fueron tomando el resto del poder reformando leyes a conveniencia y con reformas constitucionales muy convenientes para consolidar el poder.
No es casualidad que estos regímenes empiecen con intimidaciones contra la prensa, si se alinea el sector de los medios de comunicación se reducen las posibilidades de que la ciudadanía se informe o reciba una perspectiva crítica de las decisiones de gobierno, una prensa alineada o silenciada implica que no se informe sobre casos de corrupción y de paso se logra intimidar a otros medios ¡Calladitos más bonitos!
Los activistas también resultan incómodos cuando se quiere instaurar un régimen, se busca amedrentar a quienes puedan difundir información que no conviene, esto puede llevar a falsas denuncias contra activistas, por ejemplo, un presunto magnicidio en plena campaña, las persecuciones y amenazas también son parte de las formas de represión.
Los profesores y profesoras que se pronuncien sobre temas de interés nacional también generan incomodidad para un proyecto autoritario, las lideresas y líderes estudiantiles que piensan mucho tampoco convienen, así que buscar recortes presupuestarios contra la educación representa una forma de presión.
Amedrentar a jueces y juezas exponiendo sus nombres para la lapidación cibernética y las constantes insinuaciones y ataques contra el Poder Judicial también son de manual. No es casualidad, que en Costa Rica tengamos como refugiados a jueces y juezas de otras naciones centroamericanas, es que todavía hace unos años éramos tierra segura.
El Poder Ejecutivo no es suficiente para instaurar un régimen, para hacerlo reducir a la oposición hasta donde se pueda, digamos pidiendo 40 diputados bajo pretexto de mayor eficiencia, mejores leyes, mejores proyectos o resolver supuestos problemas que ni siquiera requieren reforma legislativa.
Luego viene la reforma constitucional para hacer un traje a la medida y aprobar la reelección consecutiva, o de paso también la reelección indefinida, preferiblemente ya sin oposición real o sumamente debilitada; y por eso andan hace rato con el cuento de los 40 diputados para una constituyente.
El siguiente paso es tomar el Poder Judicial, así ya no habrá freno a cualquier atropello que se quiera hacer vía decreto o vía ley, porque ya se cuenta con la mayoría calificada en el Congreso. Esto mismo ya lo advertí en una entrega anterior de esta columna el pasado mes de agosto; y ha sido advertido también por varios colegas.
Ahora sumemos que expresamente están proponiendo la suspensión de garantías individuales (libertad de tránsito, inviolabilidad del domicilio, libertad de reunión, acceso a información de interés público, etc.) bajo pretexto de combatir el narcotráfico y la delincuencia.
Cada voto cuenta
Su voto cuenta, aparte del oficialismo hay otras 19 opciones, varias de ellas muy serias, las menciono con nombres y apellidos sin orden de prioridad: Ariel Robles Barrantes, diputado actual del Frente Amplio, Claudia Dobles Camargo de la Coalición Agenda Ciudadana, Álvaro Ramos Chaves del PLN, Juan Carlos Hidalgo del PUSC.
Considero que los cuatro representan liderazgos propositivos y renovados, su media de edad es de 41,7 años, la juventud no puede decir que no tiene por quién votar. Si no les gusta ninguna de esas cuatro opciones, hay otras 15 candidaturas.
El principal enemigo que tenemos es el autoritarismo del proyecto populista de Rodrigo Chaves & Fernández, además este partido lleva una serie de candidaturas a diputaciones con graves cuestionamientos y causas penales abiertas. Nuestro segundo rival es el abstencionismo, si Ud. no vota es más fácil que este proyecto populista alcance el 40% para ganar la presidencia.
Vaya a votar y no vote en blanco, si vota nulo o en blanco su voto no se contabiliza. Vamos a votar con fe, con convicción, con alegría. Recuerde la sabia frase de nuestros abuelos y abuelas “es mejor prevenir que lamentar” o esta otra “aténgase al santo y no le rece”.
Mi voto está totalmente decidido hace mucho rato, le digo NO rotundo al continuismo. Todavía estamos a tiempo de evitar que el populismo haga más daño.
La democracia muere con la indiferencia, disentir en democracia es mucho mejor que callar en dictadura.
