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Junta Directiva de la Caja: ¿para quién trabaja?

Como en otra ocasión lo dije, desde mi infancia vivo en la Caja. Mi padre fue médico internista en ella. El primer médico en su familia. Mi abuelo un sencillo y honesto vendedor de verduras en el mercado de San Ramón. Mi abuela una excelente choteadora. En nuestra sangre persiste su legado.

Mi padre aprendió a trabajar con esfuerzo y dedicación. Como les decía, entonces, desde mi niñez escucho comentarios de "quieren destruir a la Caja".  Comentarios con los que crecí y aprendí a ignorar.

Hasta ahora.

Trabajo en ella desde hace 27 años. La primera mitad de mi vida viendo a mi padre. La segunda, sirviendo a la gente desde adentro.

Por un tiempo, fui jefe de un departamento en mi hospital.  ¿El motivo?  Nuestro servicio estaba en crisis. El titular había renunciado. En ese contexto, acepté porque una voz cercana me decía: “usted que se queja tanto, ¿por qué no resuelve y ayuda con la solución?”

Motivado por esa voz, y bajo la premisa que iba a hacer lo posible y que estuviera en mis manos, intentaría ayudar a mis colegas y subalternos a que funcionaran con mejores condiciones. Estuve casi seis años en el puesto, hasta que me “quemé”: la carga laboral y la asignación de más funciones a la jefatura, terminó haciendo daño en mi salud física y emocional.

Además, tenía claro que el puesto no era eterno, desde el mismo día que dije que sí. No creo ningún puesto de poder deba ser perenne, pues fomentan la zona de confort y nos pueden hacer caer en la indiferencia hacia el cambio.

Toda esta introducción es para hablar de la Junta Directiva de la Caja Costarricense del Seguro Social, ese grupo nombrado en su mayoría por el Ejecutivo, violando claramente la Constitución Política, siguiendo sus intereses particulares.

¿Para quiénes debería trabajar, a quiénes debería cuidar y proteger? Debería ser a la institución más importante de nuestra paz social, a los funcionarios que sacan la tarea adelante, y a la sociedad costarricense. En cambio, está nombrando amigos, favoreciendo la privatización de servicios, perdonando deudas y dinamitando las obras ya encaminadas.

Con relación a cuidar al personal de la Caja, hay una clara necesidad de declarar exclusivos y excluyentes a todos los puestos. “La Caja es una”, decía un lema escrito en todos los oficios. Fue una, hasta que la dividieron.

La explicación de la exmagistrada suplente y actual presidenta ejecutiva de la Caja en relación a esta exclusión, que en forma cantinflesca emplea conceptos de protección de la autonomía y apego a la constitución política de nuestro país es confusa y así justificó la exclusión de los 19.000 colaboradores administrativos. No soy abogado, pero en varios medios de prensa ya informaron del grado de autonomía de la CCSS de acuerdo con la Procuraduría General de la Republica. El grado suficiente para mantener con base en la misma autonomía, a todos los empleados de la institución fuera del control de Mideplan.

Esta Junta Directiva pudo ponerse una flor en el ojal protegiendo a todos sus empleados. Tenía una justa razón: la autonomía que le otorga la Carta Magna. Pero no. Continuaron socavando las bases de cualquier organización, su recurso humano. Debilitándolo, ofendiéndolo, amedrentándolo.

En esta administración el discurso disfrazado de defender a la Caja no tiene sustento, mientras se ofende a su gente, se paralizan obras y reiteradamente se sigue sin cobrarle al Ejecutivo por los servicios que ya la Caja prestó.

“La Caja esta quebrada”, nos dijeron, cínicos y desbocados, más de un miércoles de conferencia de prensa. Un lema que no solo está suficientemente descartado por profesionales, sino que nos ofende a todos los que día a día trabajamos para ella. La atención de calidad que se da en la mayoría de las veces es producto de personal profesional y de apoyo que aun en circunstancias de escasez de recursos, trabaja con dedicación.

Nos dejan sin nueva infraestructura, tan necesaria y urgente. Ciudades y pueblos esperando años para lograr edificios decentes, bloqueados por una junta directiva que no le facilita el trabajo a su personal ni le importa en lo más mínimo el bienestar de la gente que se atiende.

¿Sobre la “fuga” de especialistas? Reuniones donde no pasa nada, y todo se verá “en tres meses”, aunque es obvio que no querrán ni podrán. La eterna muletilla de los mediocres a quienes se les pide un plazo, y no tienen idea de para dónde van. La Defensoría de los Habitantes ya pidió cuentas al Ministerio de Salud. ¿A quién le conviene que no se haga nada, o que todo ocurra lentamente? ¿A la Caja, o las entidades privadas prestadores de salud?

Vivimos un cambio generacional donde los profesionales jóvenes no les interesa matarse trabajando. ¿Están equivocados? Para nada, creo yo. La calidad de vida es tan importante como el dinero, y tener tiempo para estar en familia es algo precioso, intangible. La flexibilidad de horarios es una petición recurrente de los especialistas jóvenes. El interés de atender pacientes de acuerdo con las capacidades aprendidas se ve minado cuando la parte administrativa se le delega al personal médico.

Cuando fui jefe siempre me decepcionaba del poco apoyo de parte de personal administrativo para lograr recursos e insumos. Salí molesto del puesto con la impresión que los de arriba solo piden cuentas sin brindar apoyo real. Con la separación de puestos de exclusivos y excluyentes, ahora pretenden dividirnos. Divide y vencerás.

¿Debió la Junta defender a sus empleados, a todos por igual? ¿Habría sido una estrategia positiva mantener a todos fuera de una ley de empleo público? Pienso que sí. Un golpe de autoridad y de defensa de todo su personal. Habría sido decirle al país: la Caja tiene debilidades que buscaremos resolver y mientras tanto protegeremos a todos sus colaboradores para que sigan laborando sin la incertidumbre de cambios en su salario. ¿Lucharán por ella más ahora que los pasarán al Mideplan?  ¿Buscaron motivar al personal a ser proactivos? Claramente no.

Esta junta espuria trabaja para el presidente, sus financistas y devaneos.  Un presidente con un discurso terco de defensa de la institución que se desliga de la realidad y la razón. Un presidente sarcástico y burlón de todo aquello que le es contrario.

Cuando el lema de quienes nos dirigen no se acerca a la realidad, hay que buscar las razones. Usualmente el dinero explica lo irracional.  Sino es el dinero, la incompetencia.

La Caja otrora un orgullo internacional creado por ticos, parte de la paz social de nuestra sociedad, se mantiene congelada, inerte ante unos dirigentes que trabajan para el de arriba.

Ya se va haciendo tarde para que renuncien. Esta junta no trabaja para nosotros, menos para el país. No me representan. No tienen credibilidad ni liderazgo.

"Las organizaciones cuya cultura se basa en las fortalezas se caracterizan por un fuerte liderazgo y por contar con grandes gerentes que se han ido formando mediante la selección y los programas de desarrollo. Estos líderes influyen en el desempeño de la empresa, porque creen profundamente en el valor económico que tiene el desarrollo humano." — El Líder, Jim Clifton y Jim Harter