Por Ximena Pacheco y Natalia Calvo – Estudiantes del Club D Squad

Los bailarines son personas apasionadas por el baile; bailan en todo momento, hasta cuando parece que no lo hacen, pueden estar bailando en su cabeza; son personas que al menos una vez a la semana acostumbran a tener una cita con este arte. Para ellos, el baile es una manera de expresar sus sentimientos, de crecer como personas y de aliviar sus cargas; es un momento de paz, esfuerzo, concentración y ―sobre todo― de libertad. Para muchos también es la manera de ganarse la vida. Sin embargo, para todos ellos, esa cita con el baile, ya fuera en la calle, en el parque o en la academia, cambió debido a la COVID-19, el virus que vino a modificar la vida de todas las personas a nivel mundial, afectando a aficionados y profesionales del baile.

Aunque para bailar solo se necesita el cuerpo, una vez que nos especializamos en un baile, nos dedicamos a ello o practicamos a diario, se necesita mucho más que solo el cuerpo. El piso debe ser uno especial; se requiere un buen audio, espejos, profesores y compañeros de práctica ―ya sea en pareja o en grupo―; utensilios específicos, como una barra de ballet y un buen espacio son también herramientas necesarias. El bailar en casa es normal para todo bailarín; no obstante, el espacio en una academia o un salón siempre es deseado por todos; un espacio apreciado, que hoy se ve como un lujo. El coronavirus se ha encargado de poner a los bailarines a prueba, los ha puesto a bailar y a desarrollar sus destrezas en lugares incomodos, ya por varios meses. El mover los muebles y transformar salas en salones de baile ha sido clave para muchos.

Aunque igual podemos bailar en estos nuevos salones, el no poder salir de casa y cambiar la rutina de baile que se tenía ha traído muchas consecuencias para los bailarines, tales como practicar menos, asumir sin previo aviso una nueva modalidad de clases, tener competencias y shows cancelados, falta de privacidad, y no poder corregir bien a los estudiantes y ―a su vez― no poder recibir bien correcciones. En el ámbito laboral también se ven afectaciones económicas, debido a que son muchas las personas que se dedican a la danza y, como se menciona en la revista de baile Susy Q (2020), “la cancelación y suspensión de espectáculos de danza, circo y artes de calle, así como de otras actividades relacionadas con espacios escénicos y de creación, colocan al sector cultural en una posición crítica” (párr. 1), ya que impactan las actividades económicas más esperada del año para muchos de ellos.

A pesar de todas esas situaciones, los bailarines han sabido encontrar maneras de enfrentar la COVID-19; profesores y alumnos siguen sus clases, han buscado ayudarse mutuamente, sin dejarse de lado; y algunas competencias y presentaciones han seguido su curso, todo por medio de la virtualidad. Ha sido difícil, un cambio no es fácil y el no poder bailar en donde se estaba acostumbrado y para muchos el hecho de poner su pasión en pausa ha sido un reto. Afortunadamente, la magia del baile ha ayudado a muchos a llevar esta crisis de una manera más ligera; bailando en casa, pero bailando.

 

MOXIE es el Canal de ULACIT (www.ulacit.ac.cr), producido por y para los estudiantes universitarios, en alianza con el medio periodístico independiente Delfino.cr, con el propósito de brindarles un espacio para generar y difundir sus ideas.  Se llama Moxie - que en inglés urbano significa tener la capacidad de enfrentar las dificultades con inteligencia, audacia y valentía - en honor a nuestros alumnos, cuyo “moxie” los caracteriza.

Referencias bibliográficas:
  • Susy Q. (2020). La danza pide medidas urgentes. https://susyq.es/actualidad/985-crisis-covid-19