Este artículo representa el criterio de quien lo firma. Los artículos de opinión publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de este medio. Delfino.CR es un medio independiente, abierto a la opinión de sus lectores. Si desea publicar en Teclado Abierto, consulte nuestra guía para averiguar cómo hacerlo.

Hace poco tiempo COES Análisis de Medios, hizo pública una observación muy interesante. Interesante, porque da pavor. Según sus estudios, un 65% de los costarricenses culpabilizan a los extranjeros por la cantidad creciente de casos de COVID-19. Es así como me percato, que a mediados de esta pandemia hay una cara que rara vez he oído mencionada. Una, que al igual que la sanitaria, y la económica, ha de preocuparnos mucho, y hacernos evaluar de manera intrínseca nuestros valores. La decadencia de la democracia.

Pareciera ser que, como todo problema de índole nacional, la pandemia sanitaria que enfrenta el orbe, no va a ser ajena a la politiquería barata, diseñada por populistas, quienes tal y como lo mencioné en un artículo previo, buscan el voto de aquel, quien los aplauda y venere, sin percatarse que celebran “al bando contrario, disfrazado como su mejor aliado”. Me refiero a todo aquel político, o persona con ínfulas políticas, quien vea el temor creciente, hostil hacia los inmigrantes y se aproveche de ello.

En su libro How To Save a Constitutional Democracy (Cómo salvar una democracia constitucional), el jurista Aziz Z. Huq junto con el profesor Tom Ginsburg de la Universidad de Chicago, argumentan que la democracia hoy en día no decae a causa de un golpe militar, como se hacía en los tiempos de Federico Tinoco, de Pinochet en Chile, o de Stroessner en Paraguay, sino que el populista moderno se aprovecha del sistema político y lo amaña a su favor. Si le parece similar, es porque los Estados Unidos lo ha estado viviendo, desde el veinte de enero del 2017.

Me pregunto ¿Acaso es pecado velar por su propia vida? ¡Por supuesto que no! Usted y yo, quienes tenemos el privilegio de vivir en Costa Rica hemos sido lo suficientemente bendecidos para nacer en un país donde la Seguridad Social vela por nosotros. Pero de ser el caso contrario le aseguro a usted, que estaríamos añorando escapar de Costa Rica, e inmigrar a un país donde recibamos los mismos beneficios que nuestro bello país nos da. Agradezco que esa no es nuestra realidad, pero me duele saber que sí es la realidad de muchos nicaragüenses.

No me malentienda. Los tiempos duros, requieren de acciones duras, y debemos de estar abiertos a la necesidad de retar nuestra moral, si es por el bien de la comunidad. Vigilar nuestras fronteras ha de ser prioridad en estos tiempos de crisis. Pero preocupémonos por ello, en lugar de demonizar a los migrantes, porque ellos también son nuestros hermanos.

Lo dije al inicio del artículo, y lo repito ahora: ¡Estoy preocupado! Falta cada vez menos tiempo para el inicio del próximo ciclo electoral. Antes de culminar mis breves palabras, me encantaría pedirle un favor a usted, el lector ¿Acaso el odio injustificado, justifica la erosión de nuestra democracia? ¿La democracia por la que nos hemos jactado tanto, la que nuestros ancestros lucharon con sangre y sudor por dejarnos, y por la cual luchamos por mantener hoy en día con una papeleta electoral? Yo sé que no es así. Nada vale más que nuestra democracia, y lo sabemos muy bien.