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Una arteria es el vaso que conduce o lleva la sangre desde el corazón hasta las diversas partes del organismo. Tiene un papel muy importante en la vida humana. Si realizamos una comparación con la sociedad, las empresas serían esos vasos o conductos que llevan un elemento esencial —la sangre— a la vida de todos los ciudadanos.

Son las únicas que generan riqueza —y deben hacerlo— y contribuyen con el país a partir de generar empleos, fomentan el consumo y este produce ganancias a otros, para que paguen las cuentas, las planillas y consuman de la misma manera, en fin, es un círculo económico del cual las sociedades son dependientes.

No solo desde la perspectiva económica son necesarias, pues son estructuras integrales que al final y al cabo repercuten más allá de esa área, se convierten, en el corazón social y de salud de forma consciente.

No solo por el aporte obrero-patronal, que financia a la Caja Costarricense del Seguro Social, que, en estos tiempos de crisis, nos salva la vida y trata de garantizar las mejores condiciones con la pandemia, si no, en su compromiso con la donación de sangre.

Según datos del 2017, el Banco Nacional de Sangre captaba el 70% de las donaciones de sangre, por la programación de visitas a empresas. El 30% restante era de donaciones comunitarias voluntarias.

Las campañas que realizan las empresas privadas se convirtieron en un aliado importante del Banco; los call center, las zonas francas, los parques industriales —entre otros— reportaron una gran actividad en este año.

Debido a la pandemia producida por la enfermedad COVID-19, la captación de donaciones ha disminuido por la cuarentena, por temor al contagio, por la cancelación de visitas a empresas causada por el teletrabajo o por el cierre de estas.

Resulta muy interesante observar cómo el sector empresarial es un actor silencioso —pero muy importante— en este tema, tanto así que ha repercutido en un desabastecimiento por la modificación de sus funciones, mas estamos de acuerdo en que no son las responsables de ello. Según se ha reportado a inicios de la pandemia cerca de 15 empresas, donde se lograban las mayores recolecciones, cancelaron; lo que generó una pérdida de entre 600 y 700 donantes.

La Organización Mundial de la Salud reportó este 2020 que el 40% de 118,5 millones de donaciones de sangre en todo el mundo se recogen de países de ingresos altos, donde vive el 16% de la población mundial, por lo que podemos destacar que la conciencia, cultura y acceso a centros de donación son bastante elevados y desarrollados.

Pero Costa Rica no se quedó atrás este pasado 5 de julio, tras el anuncio de desabastecimiento comunicado por las autoridades de salud, se informó que más de 7 mil personas se contactaron con la CCSS para donar. Se saturó la línea telefónica habilitada con este objetivo, y acudieron 110 personas en ese día. Se necesitan 78 mil donaciones por año para atender todas las necesidades.

Las empresas colaboran beneficiosamente en la vida humana, en sus familias, en la calidad de vida, en la posibilidad tener una vivienda, educación, comida, en la satisfacción y desarrollo social, en el progreso económico de las sociedades y ahora son órganos vitales para la salud, tanto para su acceso a la seguridad social su respectivo financiamiento y la consulta privada, como para una acción altruista voluntaria como lo es la promoción y compromiso con la donación de sangre.

Reflexionar y aceptar la importancia de estas organizaciones privadas en el país, y en el mundo en general es el primer paso para el desarrollo y la superación de las crisis económicas, apoyar a los micro, pequeños y medianos empresarios, a los jóvenes emprendedores y a las empresas que aún persisten en tiempos de pandemia y que contribuyen con empleo y a conservar las cadenas de consumo, es lo único que nos salvará el día después del Covid.

Proporcionar condiciones favorables para este sector: financiamiento con intereses bajos, reducción de impuestos y la reducción del intervencionismo estatal podría ayudar a recuperar nuestra economía. Porque son las empresas las arterias que llevan progreso a los costarricenses.