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Días atrás leí y compartí un artículo publicado por La Nación (el argentino) titulado “El Líder Menos Pensado: Por qué los inútiles llegan al Poder” de Andrés Hatum. Dicho artículo realiza un análisis de cómo las pirámides corporativas muchas veces llevan a los trabajadores a llegar a lo que el autor denomina “el límite de su incompetencia”. Para Hatum “El problema está en que muchas de las personas que ambicionan un gran crecimiento profesional y ascensos permanentes pueden llegar al límite de su inutilidad y, por ende, al fin de su vida corporativa.” Muchos en nuestros diferentes trabajos hemos conocido “lideres” incompetentes que llegaron a dicho límite. Bajo sus mandatos, el crecimiento de la empresa llegó a un tope, por lo que podemos comprender bien lo manifestado en dicho artículo.

Por mi naturaleza de “animal político” me es inevitable ligar cualquier cosa que veo con la coyuntura que observo en mi país, razón por la cual me fue inevitable asociarlo directamente con lo que vemos en la política nacional. Nuestro país está lleno de políticos que viven sin un ideal de servir; por el contrario, viven con esa consigna de “ascender o morir”. Pocas veces vemos políticos en la actualidad que tengan como meta vivir para la política, contrariamente los vemos de forma nefasta, vivir de la política.

Poniéndonos en el contexto electoral actual, podemos ver con claridad cuántos “políticos” hoy aspiran a un puesto de elección popular, con miras inmediatas no en el puesto que asumirían, sino en el que podrían asumir a futuro. De este modo, hoy vemos síndicos y regidores que ven desde ya en su futuro puesto, un trampolín para ser candidatos a alcalde. De igual forma vemos a alcaldes que más allá de pensar en sus metas para la comunidad, se repiten la consigna “ascender o morir” con miras a una curul legislativa.

Este fenómeno no es solo un fenómeno de “barrio”, sino que en el día a día vemos e identificamos a diputados actuales que están en campaña política para ser presidentes de la República (porque cuatro años en el Plenario para ellos ya son experiencia suficiente para asumir el Ejecutivo). Los vemos en titulares de periódicos que más que noticieros parecen páginas publicitarias, jactándose de logros, trajes y discursos. Algunos, desde su superioridad intelectual, se denominan los héroes de la economía al suprimir derechos como el de la huelga y otros no tan elocuentes, de su falta de miedo al pueblo. Así es como entonces, personas que han alcanzado el límite de su incompetencia, pretender ascender para alimentar sus egos.

En el artículo mencionado, Hatum realiza un análisis de un estudio hecho por la revista inglesa The Economist mediante el cual concluye que: “Cuando uno logra llegar al estado de incompetencia es una cuestión de culpas compartidas entre la persona que no supo medir correctamente el riesgo y se dejó llevar por sus ambiciones, y la propia empresa, que no pudo hacer una evaluación correcta del individuo frente al desafío que se propuso”.

El año pasado compartí  mi hipótesis de que el liderazgo en nuestro país estaba a prueba. Sin embargo, el día de hoy me replanteo un poco, atreviéndome a decir que lo que está realmente a prueba es nuestra democracia y nuestra capacidad como soberanos de ponerle un fin a esta política corporativista. Así como la empresa es en parte culpable por no hacer una evaluación correcta del individuo frente al desafío propuesto, a nivel país la culpa de que nos gobiernen los inútiles es de nosotros mismos.

Luego de 20 años, 5 gobiernos y 3 partidos diferentes, es hora de que como ciudadanos nos pongamos a pensar si vamos a colaborar para que sean los líderes menos esperados o los más incompetente los que sean promovidos a los más altos cargos políticos. Como ciudadanos, nos corresponderá realizar un análisis exhaustivo de las metas país y de quiénes son las personas con capacidades reales para llevarlas a cabo. En relación, Karl Popper repetía constantemente que “la democracia consiste en poner bajo control al poder político”, lo que refleja la responsabilidad ciudadana de ejercer ese control y poder de mando sobre la clase política. La acción de poner bajo control al poder político se hace principalmente en las urnas, donde nos corresponde elegir a líderes que tengan visión y capacidad de acción.

Nuestros abuelos decían que “no por madrugar amanece más temprano” y muchos creerán que es prematuro referirse a estos temas. No obstante, dentro de dos semanas celebraremos nuestras elecciones municipales y pasadas estas, iniciará con mayor ímpetu la batalla por la presidencia de la República y las curules legislativas. A partir de ahí veremos cómo muchos dizquelíderes empiezan a hacer publicas sus aspiraciones, o bien, a hacer más evidentes en las aspiraciones que ya les conocemos. Otros más impacientes ya han manifestado recientemente que están considerando la posibilidad de presentarse en la próxima contienda. Los egos de algunos, los llevan en una carrera contra reloj por ascender; nuestro deber como ciudadanos es seleccionar a los mejores y no permitir que escalen los menos preparados.