Esta semana participamos de un conversatorio en el Colegio de Abogados en el que, junto a la Fundación Crusa, funcionarios del colegio, Jorge Vargas Cullell (Programa Estado de la Nación) y destacados colegas periodistas, procuramos abordar y discutir el tema de las “fake news”. Rodolfo González, de Teletica, señaló algo clave: por definición no se trata de noticias. Son hechos falsos. Siempre han existido y siempre existirán. Su visión en torno a cómo combatirlos en la era digital es “apocalíptica” (su propio término) en tanto considera que es una batalla perdida. Su argumento, si bien fatalista, es sólido y existen innumerables ejemplos para respaldarlo.
Pocos discutiríamos que el impacto de un hecho falso es mucho más notorio que el de una nota que procura desmentirlo. Un titular que se reafirma “lo que quiero pensar” viaja a toda velocidad por WhatsApp. Un trabajo que lo desmiente (y que usualmente toma muchísimo tiempo elaborar)... no. Basta con darle seguimiento a la obra de Doble Check para corroborarlo. Recientemente trataron de explicar que las conclusiones de una serie de reportajes de Diario Extra no se sostenían y recordé las palabras de González: nadie se va a leer todo eso.
¿Qué hacemos? En el Café Para Tres de este jueves hablé del esfuerzo que se encaminó en Uruguay y que me parece puede marcar la pauta: hay que unir fuerzas. Solo así. Pero para eso se requiere de un concierto de voluntades difícil de poner a caminar. Verificado es una coalición de medios uruguayos contra la desinformación. El esfuerzo implicó unir y coordinar a más de 70 medios, diversas organizaciones de la sociedad civil y la academia y se empezó a gestar desde diciembre del 2018, lo que pone en relieve la importancia de trabajar con tiempo y adecuada coordinación.
Dejamos la pelota rodando y manifestamos nuestra voluntad de participar de una coalición similar en Costa Rica. Además, les recordamos que más de 100 personas suscriptoras a D+ ya se han apuntado para colaborar. Es decir, ya tenemos a agentes de la sociedad civil y la academia sumados. Si usted quiere sumarse a la iniciativa puede completar este formulario a partir del cual estamos preparando la base de datos para ponernos a trabajar.
Por lo pronto y regresando al conversatorio del miércoles, me parece prudente no desperdiciar el ejercicio y la intención, así que compartiré la visión de Delfino.CR con respecto a las preguntas que se plantearon esa noche. Lo considero, además, un sano ejercicio de transparencia frente a ustedes, nuestros “accionistas”.
¿Cómo balancear dentro del ejercicio periodístico el resguardo y ejercicio de derechos como la libertad de prensa y la libertad de expresión, derecho a la intimidad, frente al apoyo al sistema democrático y el fomento a la confianza en las instituciones democráticas?
No consideramos que sean excluyentes, por el contrario, en un Estado de Derecho, van de la mano. La labor de la prensa debe de ser siempre la búsqueda de la verdad y naturalmente en ocasiones esto implica evidenciar el abuso del poder desde la institucionalidad precisamente en defensa de la institucionalidad. En Costa Rica la libertad de prensa es sólida y un claro ejemplo de ello es la posibilidad que tuvimos un grupo de periodistas de iniciar nuestro propio medio gracias al respaldo de la ciudadanía.
En tiempos de facilidad y amplitud de fuentes para el acceso a la información ¿Cómo se debe adaptar el negocio periodístico para mantener la credibilidad y la confianza de sus audiencias?
Esta es una decisión muy particular de cada redacción. Naturalmente el desafío es mayúsculo, pues abundan fuentes y medios batallando por acaparar la atención de la audiencia, la mayoría de ellos gratuitos. Aquí es donde se vuelve fundamental trabajar en la credibilidad del medio para lograr la confianza de un grupo de personas que estén dispuestas a validarla suscribiéndose (como lo han hecho ustedes, ¡gracias!). Es un balance delicado, uno debe tener muy clara cuál es su línea editorial y respetarla, a fin de revalidar la confianza que los suscriptores han depositado en el medio. El apoyo de patrocinadores que sepan ubicar la importancia de colocar su marca en esfuerzos serios resulta, naturalmente, clave.
¿Cuál es el rol de los medios de comunicación, los periodistas y las empresas de comunicación ante el fenómeno de noticias falsas o campañas de desinformación?
Aquí comparto la posición de Rodolfo González; en principio, no nos toca a nosotros. Por eso durante nuestros primeros dos años decidimos enfocarnos en cubrir lo que sí es noticia y no desperdiciar recursos (que en nuestro caso son escasos) en combatir el basurero. Quizá pecamos de idealistas, pero nos parecía un contrasentido invertir nuestro tiempo en desmentir hechos falsos y no en cubrir hechos ciertos. Sin embargo estamos conscientes de la labor de servicio inherente al trabajo de la prensa y tenemos más que claros los peligros de la desinformación, motivo por el cual estamos procurando encontrar formas de aportar desde diferentes frentes a lo que siempre ha sido uno de nuestros motivos de empuje: elevar la altura del debate.
¿Qué podemos entender por periodismo responsable, cuando se habla de crisis y pérdida de confianza en la democracia?
Muy bien lo evidencian los números del Programa Estado de la Nación que nos compartió don Jorge Vargas Cullell (le dejo la invitación para que los democratice con un bonito artículo de opinión en Delfino.CR): desde hace décadas los costarricenses han ido perdiendo sistemáticamente la confianza en el Gobierno y en la institucionalidad. Sobra decir que este es el peor escenario, pues abre las puertas a un desastre. Precisamente por eso el periodismo debe de ser pilar de la democracia y debe hacer un esfuerzo medular en aras de incentivar la participación ciudadana y la rendición de cuentas de las autoridades. Solo fortaleciendo el civismo y la transparencia podremos revertir este proceso de decadencia. Lo peor que puede pasarle al país es que la ciudadanía le pierda la confianza. Solo involucrándose e interesándose podremos “darle vuelta” a la triste fotografía que nos compartió Cullell.
Se ha hablado de regular y sancionar vía legal las noticias falsas, especialmente los daños al honor. ¿Es una limitación al ejercicio del periodismo o una responsabilidad de la vida democrática?
Mucho se ha hablado de que ya existen las herramientas para defenderse contra los delitos contra el honor. Lo que no se dice es lo poco efectivas que son. Con eso hay que hacer las paces. ¿Por qué? Porque el peor escenario es ese en el que a partir de un problema serio generamos uno todavía más serio. Para empezar ya estamos hasta el cuello de regulación en este país, para terminar, por querer hacer una bonita nos podría salir una horrorosa. Lo que nos queda entonces es ejercer con respeto y apegados a la ley nuestro maravilloso derecho a la libertad de expresión, recordando que conlleva también una responsabilidad y que si otros cruzan una y otra vez esos límites jamás nunca debemos caer en lo mismo.
¿Calidad o cantidad? ¿Cómo rentabilizar el modelo de negocio del periodismo?
No está bien que yo lo diga pero creo que de todos modos es más que evidente que en nuestro caso hemos apostado por la calidad. Naturalmente esto implica renunciar a una visitación masiva que nos permitiría mostrar números más atractivos pero para nosotros no se trata de eso. No queremos generar ruido ni renunciar a nuestro norte a partir de click bait y contenido “viral” para engrosar nuestras estadísticas. Preferimos continuar por el camino que llevamos y privilegiar siempre el contenido relevante para incentivar una ciudadanía mejor informada y capaz de tomar mejores decisiones en beneficio de su calidad de vida.
El deber de verificación de las fuentes por parte de los periodistas.
“Confía pero corrobora”. No estamos exentos de equivocarnos (nos ha sucedido) pero hasta hoy ninguno de nuestros errores ha sido producto de no verificar una fuente. Es parte inherente de nuestra jornada: o lo tenemos validado o no se publica.
El periodismo en tiempos de influencers y blogs.
Un tema que para mí es un “no tema”. Una y otra vez se ha discutido y validado que cualquiera puede ejercer la comunicación colectiva y por ende el periodismo. Enfocarse en eso como algo negativo no solo es una pérdida de tiempo (estamos hablando de un derecho humano fundamental), es muestra de que nuestras prioridades están equivocadas. Mi trabajo no es tratar de impedir que blogueros e influencers comuniquen, mi trabajo es comunicar, de la mejor forma posible de acuerdo a mis posibilidades. Punto. Será siempre la audiencia la que decida cómo se informa y dónde se informa. Es mi deber convencerla de que los valores de Delfino.CR y la calidad de nuestro trabajo amerita su atención.





