Como bien lo dice El II Panel Independiente para la Elección de Magistrados y Magistradas (Foro de Justicia) “resulta fundamental, en una sociedad democrática, el control ciudadano sobre el desempeño de los órganos seleccionadores de altos puestos de la función pública”.
Luego de que la Sala III se cayera a pedazos a partir de serias acusaciones de corrupción tanto el Poder Judicial como el Poder Legislativo se llenaron la boca hablando de los cambios que veríamos a fin de evitar el cáncer de toda una vida a la hora de nombrar magistrados y magistradas: nombramientos oscuros, a dedo, a punta de favores políticos.
En el libro Costa Rica, la democracia de las razones débiles (y los pasajes ocultos) el profesor Manuel Antonio Solís Avendaño da larga cuenta de la pobredumbre detrás de innmuerables nombramientos en la Corte desde el Congreso en los últimos treinta años. El hedor se ha mantenido como una constante que, se suponía, empezaría a desaparecer tras el escándalo de El Cementazo.
Pero este país es de memoria corta y el cinismo de los diputados de brocha larga. Nuevamente, citemos al panel del Foro de la Justicia: “Si bien la Comisión Permanente Especial de Nombramientos de la Asamblea Legislativa cuenta con una metodología para seleccionar a las personas que integran la lista o terna para remitir al plenario legislativo, quedan dudas sobre el nivel de discrecionalidad de los diputados y diputadas para, al final, definir ternas con personas que no necesariamente ocupan las mejores puntuaciones”.
Las dudas no son pocas (recomiendo escuchar a Amelia Rueda en este video a partir del minuto 38). Lo primero que nos llama la atención es que, una vez más nos quieren dar atolillo con el dedo. El Foro de la Justicia con toda la razón advirtió sobre la necesidad de cambiar la metodología para calificar a los candidatos a fin de que fuera más transparente, seria y mucho menos proclive a “acomodarse” a nombramientos a dedo, por botín político.
Nada de esto sucedió. En el caso de la Sala Constitucional escribe el Foro de la Justicia: “Este Panel, después de abocarse al análisis de los expedientes de las personas postulantes y asistir a todas las audiencias de entrevistas a las personas preseleccionadas, expresa sus dudas y preocupación por la conformación de la terna que será remitida en el Informe de la Comisión Permanente Especial de Nombramientos al Plenario Legislativo. El primer cuestionamiento es que no se consignan las razones por las cuales la Comisión Legislativa, después de un proceso, que supone inversión en recursos públicos, no incluye en la terna a las tres personas mejor calificadas por ellos mismos. Justificar la decisión en que se escogieron entre los diez mejores promedios supone un contrasentido al mismo proceso de selección. Es una lista tan amplia que desdibuja el principio de idoneidad, ya que entre la primera y la última persona preseleccionada existen casi 20 puntos de diferencia”. Más claro no canta un gallo.
La cita forma parte de un extenso análisis que incluye abundantes señalizaciones más que preocupantes: “No es posible que a una misma persona postulante se le califica con un 100 por parte de un diputado y un 40 por parte de otro diputado. ¿Qué influyó en la calificación?”.
Un punto clave es precisamente el oscuro proceso de la entrevista. A algunos candidatos se les hace 6 preguntas, a otros 20... y encima, el rubro completamente abierto a la discrecionalidad de los diputados (sin justificaciones de peso) comprende un 40% de la nota final, modificando sustancialmente las posibilidades de los candidatos que, incluso llegando con los mejores atestados académicos y curriculares pueden caer en desgracia si los legisladores no los tienen en su lista de “chineados”. Precisamente eso sucedió tanto en el caso de la Sala Constitucional como en el de la Sala III.
Citando a Marco Feoli: “La selección de magistrados es una vergüenza. Un ejemplo: a la candidata mejor puntuada por atestados la comisión le puso 50 en la entrevista y a la peor puntuada por atestados -exasesora legislativa- un 100 en la entrevista (que es 40% del total). Adivinen quién va en la terna”.
El hecho de que la persona en cuestión sea cercana —son pareja— al asesor de un diputado de Liberación Nacional cuyo caso podría terminar en Sala III no solo genera “dudas”, enciende alarmas.
“Instamos a que la escogencia definitiva está marcada por el mérito y la capacidad de las personas y no por la discrecionalidad política. Resulta relevante que la ciudadanía conozca el por qué las personas mejor calificadas son dejadas fuera en esta terna y otras con menor calificación son incluidas”, dice el Panel, y todos los costarricenses se unen a ese pedido porque ese fue el compromiso que asumieron las figuras de la Corte y del Congreso cuando fueron cuestionadas. Hoy, nadie se acuerda de nada y continuamos con los nombramientos “a la carta”.





