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El valor de lo simbólico

— Empecemos por hablar del elefante en el cuarto. Si algunos costarricenses quieren ponerse grandilocuentes y hablar —quizá en exceso— de la Tercera República el Gobierno de Unidad Nacional o la Costa Rica del Bicentenario a mí no me quita un segundo de sueño... siempre y cuando todos estos términos no terminen reducidos a una de esas campañas de expectativa que recordamos por el rin rin y no por los helados.

— Ahora bien, esta introducción me obliga a abordar —una vez más— el valor de lo simbólico. Empecemos por citar a Kevin Casas, cuyas palabras me parece siempre hay que escuchar/leer con atención. Dijo ayer: “Consejo respetuoso al nuevo gobierno: es bueno moderar la obsesión con los símbolos, la compulsión de mostrar que son distintos, virtuosos y “cool”. Importa menos lo que ustedes son, que lo que hagan por la gente. Obras son amores. De eso se trata gobernar: resolver problemas”.

— Lamenté leer algunas de las respuestas a su comentario, con las clásic...