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Acaba de publicarse un informe de OXFAM que nos habla de un retroceso de 15 años en la región latinoamericana como resultado de la emergencia sanitaria provocada por el nuevo coronavirus. Cincuenta y dos millones de personas podrían caer en la pobreza y cuarenta millones de personas perder el empleo. Pero resulta que, al mismo tiempo, han surgido ocho nuevos milmillonarios en América Latina y el Caribe, con un patrimonio superior a los mil millones de dólares.

“La riqueza de esta élite de supermillonarios de la región ha crecido un 17% desde mediados de marzo: US$ 48,200 millones, que equivalen al 38% del total de los paquetes de estímulo que el conjunto de Gobiernos ha activado y a nueve veces la intervención del Fondo Monetario Internacional (FMI) con préstamos de urgencia en la región hasta el momento”, dice el informe de OXFAM que pide gravar la riqueza para enfrentar la crisis provocada por la enfermedad COVID-19.

La primera propuesta que se sugiere es “contar con el aporte extraordinario de las rentas más altas, las grandes fortunas y los grandes patrimonios en cada país. El FMI ha incluido esta medida en sus recomendaciones frente a la crisis, proponiéndola “a modo de ‘sobretasa solidaria’, como ya ha sucedido en otros momentos críticos históricos en el mundo”.

En Costa Rica, como hemos insistido, ya se aprobó en la administración de don Abel Pacheco un impuesto solidario de este tipo, como el que también está proponiendo ahora el Frente Amplio en la Asamblea Legislativa. Mucho antes, luego de la guerra civil de 1948, don José Figueres también estableció un impuesto al capital.

El impuesto solidario tiene el respaldo de sectores sociales, de trabajadores y trabajadoras, profesionales e intelectuales que se han pronunciado en los últimos días. En particular el expediente 21.883 del Frente Amplio, propone lo siguiente:

  1. Que las empresas clasificadas como Grandes Contribuyentes Nacionales paguen durante un periodo de 12 meses un impuesto sobre las utilidades 6 puntos porcentuales mayor al que se cancela ordinariamente, y que las Grandes Empresas Territoriales abonen en el mismo periodo un impuesto sobre utilidades 2 puntos porcentuales mayor al ordinario. Y que las personas físicas con actividad lucrativa (trabajo independiente) con rentas que superen los 36 millones de colones anuales (3 millones mensuales en promedio), paguen una tarifa de 5% sobre el exceso de ese monto.
  2. Que quienes reciban dividendos pagados por empresas clasificadas como Grandes Contribuyentes Nacionales paguen durante un periodo de 12 meses un impuesto sobre dividendos 5 puntos porcentuales mayor al ordinario, y que quienes reciban dividendos pagados por empresas clasificadas como Grandes Empresas Territoriales paguen durante un periodo de 12 meses un impuesto sobre dividendos tres puntos porcentuales mayor al ordinario.
  3. Aplicar un impuesto de 0,1% sobre patrimonios de personas jurídicas igual al que se aplicó en 2003, actualizando únicamente, por inflación, el monto de patrimonio mínimo exento, siendo que el impuesto se aplicaría sobre el exceso de 95 millones de colones de patrimonio.
  4. Aplicar un impuesto extraordinario sobre salarios y pensiones que superen los tres millones de colones mensuales, con una tarifa de 5% sobre el exceso.

Además de estos nuevos ricos en América Latina también una parte de las trasnacionales se ven favorecidas por la crisis económica.

En las crisis económicas siempre hay perdedores, pero también hay grandes ganadores, como las transnacionales. Según los datos de OXFAM empresas como VISA, Microsoft, y Pfizer, han aumentado sus utilidades desde inicios de este año entre un 30% y un 50%. Pero también han aumentado sus ganancias Facebook, Oracle y veinte corporaciones más.

La segunda propuesta de OXFAM entonces es: “la creación de un impuesto a los resultados extraordinarios de grandes corporaciones mientras dure la pandemia. Este impuesto consistiría en un recargo extraordinario y de aplicación temporal al tipo nominal del impuesto sobre la renta empresarial, aplicado sobre aquella parte de los beneficios de la corporación considerados extraordinarios como resultado de la crisis”.

Una tercera propuesta sería un impuesto a la economía digital. Empresas como Netflix o Amazon han visto duplicadas sus ganancias con motivo de la pandemia. En Costa Rica no se grava a estas empresas sino a los consumidores que deberán pagar pronto el IVA.

OXFAM también propone reducir los impuestos sobre los hogares: “1) reducir a cero los impuestos al consumo de productos de uso sanitario y canasta básica familiar; 2) suprimir los aranceles a la importación de materiales sanitarios y medicamentos de primera necesidad”.

Que quede constancia entonces de que sí hay espacio para impuestos a las grandes rentas y a las transnacionales que se han beneficiado de esta crisis, lo que falta es voluntad política porque prevalece el deseo de proteger a toda costa a los grandes beneficiados, los nuevos ricos y las grandes corporaciones.