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El pangolín es uno de los mamíferos más traficados a nivel mundial. Son muy cotizados para consumo alimenticio y sus escamas son utilizadas para producir remedios caseros que prometen ser la panacea que curará todos los males, irónicamente se incluyen entre ellos, las afecciones respiratorias.

Para quienes no estén familiarizados con el pangolín, se trata de un pequeño mamífero originario de África subsahariana y una parte de Asia, que vive a base de pequeños insectos como hormigas o termitas. Además, está equipado con una coraza hecha de escamas de queratina (el mismo material que las uñas de manos y pies del ser humano), que usa para protegerse de sus depredadores, enrollándose sobre sí mismo. Su apariencia es muy similar a la de un armadillo.

A simple vista el pangolín se presenta como un animal inofensivo; sin embargo, los rumores que lo relacionan con la transmisión del virus que causa la COVID-19 lo han desprestigiado. Actualmente, las ocho especies de pangolín existen están catalogadas como especies vulnerables y en peligro de extinción por la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (IUCN, por sus siglas en inglés), junto a otras 31.000 especies. Según un estudio de la Universidad de Sussex, en Inglaterra, se estima que alrededor de 2.7 millones de ejemplares son cazados anualmente en los bosques de África, donde las incautaciones de carne de pangolín sobrepasan las 30 toneladas.

Consumo responsable y ecoturismo

Suponiendo que el pangolín realmente esté relacionado con la transmisión de un virus, esta no sería la primera vez en la que el ser humano se ve envuelto en una situación que relaciona los mismos elementos: consumo irresponsable, vulnerabilidad del organismo, enfermedad y eventualmente la muerte masiva de personas. El origen del VIH, la gripe aviar, la epidemia de SARS del 2002 y la gripe porcina son algunos casos que sirven para ejemplificar este hecho.

La caza de animales silvestres, aparte de representar algo ilegal en muchos países como el nuestro, implica un contacto directo con fluidos de especies cargadas de patógenos y enfermedades con las que el cuerpo humano no puede lidiar. Ahora bien, si el contacto es lo que provoca la enfermedad, quizá no sería descabellado pensar que haber optado desde hace mucho por un distanciamiento animal pudo haber sido la solución a la situación sanitaria actual.

Quizá detener la perturbación de ecosistemas y hacer un cambio significativo respecto a los patrones de consumo, podrían haber equilibrado la balanza global entre la naturaleza y el ser humano, de manera que se pueda vivir de una forma integral y sostenible.

En el 2017, la organización World Animal Protection (WAP) situó a Costa Rica en el puesto número siete en el ranking mundial de países que producen fotografías y selfies inadecuadas con animales silvestres. Una de las principales problemáticas acerca de lo inapropiado esa situación es el estrés y el sufrimiento al que se somete la fauna con el propósito de conseguir una fotografía única y original durante las vacaciones en el trópico costarricense.

Dos años después, con el objetivo de remediar la situación, el Ministerio de Ambiente y Energía (MINAE) y el Instituto Costarricense de Turismo (ICT) impulsaron la campaña stop animal selfies que pretendía eliminar la incidencia de este tipo de fotografías, así como sus efectos negativos y los riesgos que implican. Esta campaña nació para reforzar el compromiso con la conservación de la biodiversidad y la promoción del ecoturismo sostenible. Con ello también se intentaba evitar que los turistas alimentaran a los animales silvestres.

Una posible solución

Durante el lanzamiento de la campaña, la viceministra de Ambiente del gobierno costarricense Pamela Castillo, mencionó que los animales pueden ser portadores de enfermedades o bien, pueden contagiarse de patógenos transmitidos por personas, por esa razón es necesario mantener una distancia prudente al observarlos en su hábitat natural y respetar sus comportamientos.

Según una encuesta del ICT, durante el período comprendido entre 2016 y 2018 casi el 40% de los turistas extranjeros indicaron que la observación de flora y fauna fue una de sus principales motivaciones para visitar Costa Rica, un país que alberga más del 5% de las especies del planeta. Afortunadamente varias organizaciones han sido promotoras de esta iniciativa para conservación de la vida silvestre. La Cooperación Alemana (GIZ), la Cámara Nacional de Turismo y AERIS, son solo algunas de las instituciones que conforman la alianza para promover el ecoturismo sostenible en el país.

Sería devastador si más adelante se descubre que el pangolín es el transmisor del coronavirus. En ese caso es probable que muchos intenten capturar al pobre animal en lugar de pensar en una solución más lógica. Es preferible mantenernos alejados, no alterar su medio y no propiciar prácticas que perjudiquen a los animales silvestres o al ser humano.