Este artículo representa el criterio de quien lo firma. Los artículos de opinión publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de este medio. Delfino.CR es un medio independiente, abierto a la opinión de sus lectores. Si desea publicar en Teclado Abierto, consulte nuestra guía para averiguar cómo hacerlo.

Hace tan solo dos días la empresa British Petroleum (BP), una de las más grandes empresas de petróleo y gas del mundo, devaluó el valor de sus activos en $17.5 mil millones y anunció que va a tener que despedir el 15% de sus funcionarios. La decisión se suma a una larga lista de indicios sobre una industria que está en su ocaso histórico.

En Costa Rica se discute la posibilidad de pasar de la presente moratoria a la exploración y explotación del petróleo y gas, a una prohibición de tal actividad por medio del proyecto de ley 20.641. Sería ventajoso para el país cerrar de una vez por todas el portillo a la exploración de petróleo, actividad que no hemos necesitado en el pasado y que podría amenazar el futuro de nuestra economía.

Pero a manera de contexto para la consideración nacional, empecemos este análisis revisando las perspectivas del sector petróleo y gas a nivel mundial.

Es del conocimiento de todos nosotros que gran parte del avance económico y social que se ha logrado en el mundo a partir de la Revolución Industrial se debe al uso de los combustibles fósiles.

Tengo muchos años de insistir que debemos agradecerle a los combustibles fósiles (carbono, petróleo y gas natural) su decidida contribución al progreso mundial durante los siglos XIX y XX, el largo período durante el cual nos beneficiamos de su potencial sin saber de las consecuencias tan negativas que tendrían sobre el bienestar humano. Sin embargo, con agradecimiento y respeto por lo que hicieron, es hora de darnos cuenta de que, como toda persona de avanzada edad, ya esos combustibles se están pensionando.

Hoy estamos en el siglo XXI, dotados de un profundo conocimiento acerca de la contaminación local y global que producen los combustibles fósiles. La Organización Mundial de la Salud establece que en el mundo perdemos siete millones de vidas anualmente por la contaminación local de aire principalmente ocasionada por la quema de combustibles fósiles. Y el conjunto de todos los científicos atmosféricos del mundo nos advierten sin duda alguna que la gran destrucción de la atmósfera global se debe en un 75% a los combustibles fósiles. Por esas dos razones hoy el mundo lucha por eliminar la quema de carbono, la quema de petróleo y el uso del gas natural.

Dichosamente durante las últimas dos décadas la industria energética mundial ha desarrollado alternativas de generación de electricidad que no tienen peligrosas emisiones y que además han llegado a lograr costos de producción mucho más baratos que los costos de los combustibles fósiles. Es por eso que la energía que consume el mundo hoy proviene en un 26% de fuentes renovables como lo son del el agua, la geotermia, el sol y el viento, y las proyecciones apuntan a que ese número crezca al 50% para el año 2030, desplazando los combustibles fósiles hacia mitad del siglo.

Aún antes de la pandemia del coronavirus, la industria del petróleo y gas ya estaba en descenso mundial por cinco razones fundamentales:

  • Volatilidad de los precios. El precio del petróleo ha sido siempre volátil e impredecible. Solo en los últimos diez años ha variado entre $116 por barril y menos $30. ¡Sí, en menos de $0 por barril hace solo unas semanas! Por el contrario, si bien la producción de energía proveniente de fuentes renovables era incipiente y cara hace solo diez años, esa producción ha bajado de precio constantemente y hoy es más barata que la producción de energía de combustibles fósiles en la mayoría de los países. En los últimos 10 años el costo de la energía solar ha bajado un 81%, y la eólica (de viento) ha bajado un 45%. Las grandes inversiones actuales en el desarrollo de estas apetecidas tecnologías de generación harán que los precios sigan bajando.
  • Riesgo financiero. Las entidades financieras, multilaterales, nacionales y privadas, han entendido que las inversiones en combustibles fósiles son altamente riesgosas, por lo que se conocen desde hace varios años como “activos varados”. El sector financiero está en proceso de retroceso de estas inversiones. Los bancos multilaterales incluyendo el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y los otros bancos regionales de desarrollo ya no financian proyectos de carbono. Veintidós de los bancos más grandes, incluyendo Lloyds, Santander, Barclays, Morgan Chase, Credit Suisse y UBS ya se han retirado de las inversiones en carbono por el alto riesgo de pérdida de valor, y están iniciando su retiro del petróleo y gas. Las carteras de inversión que se han despojado de los combustibles fósiles ascienden a $12 billones, y sigue creciendo. Complicando la situación aún más para la industria petrolera, el restringido acceso a financiamiento ha incrementado su costo de capital, entorpeciendo el flujo de caja en un sector que tiene necesidad de constante inversión fresca para reponer la persistente disminución de petróleo en cada pozo petrolero a lo largo de su vida útil.
  • Riesgo de litigio. Hace diez años había solamente una demanda judicial en contra de las compañías productoras de combustibles fósiles, pero con el avance de la ciencia sobre las consecuencias de la contaminación global y local, hoy ya hay más de 1300 demandas judiciales alrededor del mundo en contra de compañías petroleras como Exxon, BP, ConocoPhillips, Shell and Chevron.

Estas demandas judiciales se han planteado también contra los gobiernos por no limitar la contaminación de los combustibles fósiles. De hecho, las demandas que más han triunfado han sido contra los gobiernos. Por ejemplo, el pasado diciembre la Corte Suprema de Holanda le ordenó al gobierno reducir las emisiones de gases de Holanda en un 25% para finales de este mismo año, con la finalidad de proteger la salud de los ciudadanos holandeses.

Por estas razones, la Unión Europea ha decidido que para el año 2050 esa región será carbono neutral en protección de la economía y de la salud de los europeos. Para lograr esto y evitar más demandas, muchos países como el Reino Unido, Francia, Dinamarca, Alemania y recientemente España han emitido leyes o están a puertas de aprobar leyes para prohibir nuevos proyectos de carbono, petróleo y gas natural. La lista de países crece día con día.

  • Electrificación del transporte. La industria automovilística, gran consumidora de los derivados de petróleo, se ha volcado hacia la electrificación de sus vehículos. Volvo ya casi no produce vehículos de gasolina, y otras compañías como Toyota, Volkswagen, General Motors, Ford, Honda, BMW y Nissan ya pusieron fechas prontas para dejar de fabricar vehículos que dependen de la gasolina y del diésel. Se espera que muchos carros eléctricos logren equiparar el precio de los carros de gasolina para el año 2021, dada la creciente demanda de vehículos no contaminantes y la inversión de $225 mil millones que se está haciendo para avanzar la tecnología. La electrificación del transporte liviano, y la conversión del transporte pesado a otros combustibles menos contaminantes, ya está reduciendo la demanda internacional del petróleo de manera irreversible.
  • Caída de tolerancia. La tolerancia ciudadana hacia las compañías de combustibles fósiles ha estado decayendo desde hace varios años por la inaceptable contaminación. Pero la intolerancia se ha profundizado exponencialmente desde que millones de jóvenes en 130 países del mundo tomaron las calles en demostraciones en contra de la irresponsabilidad ambiental que les roba su futuro. Ellos han volcado la opinión pública, al punto que los presidentes de las compañías petroleras, como Shell, BP y Total me han admitido que uno de sus retos más grandes hoy es poder atraer y contratar a los jóvenes más capacitados, necesarios para su continuidad empresarial.

La industria de petróleo y gas ya iba de caída antes de la pandemia del coronavirus, pero como si fuera poco, esta crisis le ha dado dos adicionales golpes mortales.

Primero, la tolerancia pública hacia los combustibles fósiles decayó aún más con la reciente publicación de estudios científicos que establecen la relación entre la contaminación del aire por causa de esos combustibles, el deterioro pulmonar en las personas expuestas a esa contaminación, y su mayor susceptibilidad al COVID-19.

Segundo, la paralización de la economía significó una dramática caída en la demanda de petróleo que no se había visto desde la Segunda Guerra Mundial, y todo apunta a que esa demanda se recuperará, pero no a los niveles anteriores, porque los nuevos hábitos de teletrabajo y la comunicación tecnológica que podemos tener sin costo alguno, han hecho que muchísimas empresas y personas alrededor del mundo se den cuenta de que su trabajo y sus negocios pueden continuar (y de forma mucho más barata) sin usar el carro diariamente para ir a trabajar o tener que hacer caros vuelos internacionales por temas de trabajo.

Desafortunadamente para la industria petrolera, el Coronavirus vino al mismo tiempo que la guerra de precios de petróleo entre Rusia y Arabia Saudita. La convergencia de ambos eventos hizo que la producción mundial de petróleo fuera mucho mayor que la demanda, sobrepasando la capacidad de los tanques de almacenamiento en el mundo, y resultando en precios negativos por primera vez en la historia. Como consecuencia de ello, las compañías privadas de petróleo y gas ahora están buscando préstamos muy caros para tratar de mantener sus pagos de dividendos y la lealtad de sus accionistas. Más peligrosamente, las compañías estatales de petróleo están operando por debajo del punto de equilibrio fiscal, lo que ha puesto en jaque el presupuesto nacional de algunos países dependientes del petróleo en momentos tan críticos como esta pandemia.

Por sí solo ninguno de todos los enumerados factores podría causar la caída de la industria petrolera, pero la suma total de todos estos factores marca el claro destino de una severa caída de las industrias de carbono, petróleo, y gas natural.

Dada la historia del sector petrolero y lo que ha significado en el pasado tanto para el progreso humano como para los ingresos de países que tienen el recurso y que lo han manejado responsablemente, es enteramente entendible que haya interés de que nuestro país también se beneficie de esa industria.

Sin embargo, me parece que la ventana de oportunidad para beneficiarnos de una posible explotación de petróleo y gas —si es que de verdad lo tuviésemos— se ha cerrado para siempre. Tal vez hubiera sido interesante hace 20 o 30 años – repito, si hubiéramos tenido el recurso— pero los vientos internacionales económicos han cambiado de rumbo. Incursionar en esa industria hoy es altamente riesgoso para la estabilidad económica de Costa Rica por cinco razones fundamentales:

  • Tendencias en energía. La demanda de petróleo va de caída en el mercado internacional. Los costos de inversión requeridos para explorar y explotar el recurso se hacen por lo tanto más difíciles de recuperar. Por el contrario, la demanda de las energías renovables, que han sido motor de desarrollo de esta tan bendecida patria nuestra, sigue incrementándose internacionalmente, ya que esas energías son menos riesgosas, más predecibles y más baratas que los hidrocarburos; y por lo tanto son más apetecidas en el mercado. Costa Rica tiene que apostar a los mercados del futuro, y no a los del pasado.
  • Exceso de reservas internacionales. Existen 1.73 billones de barriles de petróleo en reservas comprobadas en el mundo. Aún si el mercado internacional siguiera consumiendo petróleo como lo ha estado haciendo (95 millones de barriles al día), las reservas comprobadas podrían suministrar 50 años más de petróleo. Pero la demanda del petróleo está bajando como lo ha admitido ya British Petroleum, y sabemos que no usaremos ni siquiera todas las reservas comprobadas, mucho menos las reservas denominadas como “posibles” que son mucho mayores y ya están identificadas. Costa Rica no tiene reservas identificadas, mucho menos comprobadas. Y es obvio que en un mercado contraído se le dará prioridad al recurso comprobado.
  • Escasez de capital de riesgo. Dada la caída de la demanda y los bajos precios del momento, las empresas petroleras están sufriendo una grave escasez de capital de riesgo. Por lo tanto la tendencia en la industria es optimizar la infraestructura que ya existe. Es decir, más del 75% del capital de riesgo de las compañías petroleras se está dedicando a tratar de sacar más petróleo extendiendo el alcance de los pozos que ya existen. Las compañías no tienen ya la capacidad ni el interés de invertir en nuevas exploraciones en zonas totalmente desconocidas. En Costa Rica hicimos un primero esfuerzo por identificar la posible presencia de petróleo en los años 80, sin ningún resultado positivo. No sabemos si tenemos yacimientos petroleros y no hay gran posibilidad de que haya interés internacional en exploraciones especulativas por un recurso que tiene exceso de oferta internacional garantizada.
  • Desfase en los tiempos. La explotación del petróleo y gas no es inmediata. Suponiendo que se pudiera encontrar alguna compañía interesada en explorar en Costa Rica, y suponiendo que encontraran petróleo o gas natural, el período más corto que se ha visto entre negociación de la licencia de exploración, estudios sísmicos, perforaciones y producción, es de 7 a 10 años, aunque lo más típico y lo más probable en Costa Rica sería un período entre 10 y 20 años. Para ese tiempo habrá bajado aún más la demanda por el petróleo y el gas natural, y las reglamentaciones internacionales en su contra habrán aumentado. Una parte del ingreso del país estaría peligrosamente atada a una industria en descenso.
  • Corta vida del gas natural. El mundo está sumido en una profunda transformación energética que nos lleva de los hidrocarburos a las energías renovables, por el menor riesgo y las mayores ganancias de las energías renovables. En esa transformación el gas natural es reconocido como el combustible de transición, porque contamina un poco menos que el petróleo. Pero de hecho contamina, y por eso se reconoce que esa transición es temporal. Es decir, no durará más de 20 a 30 años y ya hay suministros garantizados de gas para ese período y más.

Por las razones expuestas, considero que siquiera la exploración de petróleo y gas en Costa Rica es altamente riesgosa para nuestro país. Bajo las circunstancias que vive la industria petrolera solamente podríamos atraer el interés de una compañía si les ofreciéramos condiciones financieras sumamente favorables a ellos, y por lo tanto sumamente peligrosas para el fisco de Costa Rica. Si bien hace varias décadas una concesión de exploración tal vez se podría haber negociado en condiciones favorables para el país, hoy tendríamos que comprometer dineros públicos a largo plazo a favor de una industria que está de caída, peligrando el futuro de las jóvenes generaciones costarricenses. Los que estamos en las mesas de decisiones hoy tenemos la responsabilidad de asegurar que ningún gobierno futuro caiga en la equivocada tentación de nadar contra la historia.

Los combustibles fósiles no nos van a llevar a la prosperidad porque la viabilidad de esos combustibles quedó en el pasado. Lejos de retroceder hacia ellos para nuestro transporte, Costa Rica debe incentivar el transporte eficiente, público, y limpio, basado en nuestra privilegiada electricidad.

Costa Rica siempre ha tenido un liderazgo mundial en la sostenibilidad, tanto en nuestra generación eléctrica 100% limpia, como en la protección de nuestra biodiversidad. La moratoria de exploración y explotación de petróleo y gas ha sido política de Estado a lo largo de cinco administraciones con tres partidos políticos en el gobierno. Sería no solo sorprendente sino peligroso para nuestra economía echar atrás en lo logrado. Una licencia para explorar tendría un alto costo fiscal. Pero además, el incursionar en el sector petrolero daña nuestra marca País.

Un reciente estudio del ICT nos dice que hay un mercado de 35 millones de potenciales turistas que podrían venir al país, atraídos por nuestra paz, nuestra gente, nuestra naturaleza, y tal vez sorpresivamente para algunos, nuestra energía limpia. Para Costa Rica sería mal negocio amenazar nuestro posicionamiento turístico, especialmente considerando que el 85% de nuestros ingresos de turismo se distribuyen entre pequeños y medianos empresarios. Por el contrario, los fondos del petróleo (si los hubiera) concentrarían los beneficios en pocas manos como ha sido el caso en países petroleros, acentuando la ya inaceptable desigualdad económica en nuestro país.

La Edad de Piedra no terminó por falta de piedras. Terminó porque aprendimos a usar los metales, materiales muy superiores a la piedra. La edad del petróleo no terminará por falta de petróleo, sino porque hemos desarrollado alternativas menos contaminantes, más baratas, más estables para la economía y más responsables con nuestras futuras generaciones.

Lejos de mirar hacia atrás, Costa Rica debe dar siempre pasos firmes hacia adelante.