Este artículo representa el criterio de quien lo firma. Los artículos de opinión publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de este medio. Delfino.CR es un medio independiente, abierto a la opinión de sus lectores. Si desea publicar en Teclado Abierto, consulte nuestra guía para averiguar cómo hacerlo.

El año pasado, Costa Rica se ubicó en la posición 62 en el Informe de Competitividad Global elaborado por el Foro Económico Mundial. Este puesto implicó una caída de 7 posiciones con respecto al año 2018 y un estancamiento del país en sus indicadores de los últimos años. Mientras otros países han venido mejorando sus indicadores año con año, Costa Rica pierde sus ventajas de antaño. Pero ¿qué relevancia tiene la competitividad de un país y por qué es importante esta medición?

El informe de competitividad evidencia un panorama claro en relación con las estrategias económicas y al mismo tiempo permite, que los potenciales inversionistas interesados en un determinado país, puedan tener un puntaje que los oriente sobre la facilidad de hacer negocios y la estabilidad del destino específico. La competitividad es clave para mejorar la calidad de vida de las personas, pues el crecimiento económico no es solo una forma de reducir la pobreza, sino también, un catalizador del desarrollo humano.

Costa Rica ha hecho algunos esfuerzos por mejorar su competitividad país, sin embargo, las cifras demuestran que no son suficientes. Cuando hablamos de competitividad no es infrecuente oír del sector público justificaciones para continuar haciendo las cosas en la manera en la que estamos acostumbrados, muchas veces amparados en la supuesta necesidad de controlar y supervisar la actividad económica. Es ahí precisamente, donde surge la importancia de una crisis como la que enfrentamos en estos momentos.

La pandemia que vivimos se ha convertido en la mejor oportunidad para imaginar una nueva forma de hacer las cosas y esto incluye, sin duda, las políticas públicas. La emergencia obligó a distintas instituciones gubernamentales a adoptar medidas inmediatas para continuar atendiendo a los usuarios, demostrando que sí se puede, cuando hay voluntad y creatividad.  En este contexto, es posible enunciar muchos cambios que deberían quedarse una vez finalizada la crisis, pero aquí menciono al menos cinco:

  1. Presentación electrónica de trámites de Permiso Sanitario de Funcionamiento ante el Ministerio de Salud.
  2. Presentación electrónica de gestiones ante las distintas aduanas de control.
  3. Audiencias judiciales y arbitrales virtuales.
  4. Presentación digital de trámites en el Registro de Propiedad Industrial y Tribunal Registral Administrativo.
  5. La simplificación de 119 trámites mediante el uso de declaración jurada.

Estos cambios, que entraron en vigor en unos pocos días o semanas, implican un avance enorme en la forma en cómo realizamos los trámites. No solo ahorran tiempo y recursos a los usuarios, evitando filas, desplazamientos y requisitos innecesarios, sino que en algunos casos colaboran con la digitalización de los expedientes en las instituciones, labor tan necesaria en una época en la que el uso del papel pareciera cada vez más anacrónico.

Si bien estos cambios solamente impactan uno de los pilares evaluados por el informe de competitividad, los beneficios que trae la facilitación en los trámites inciden positivamente en el ambiente de negocios nacional, la disposición para emprender y ciertamente en el interés de los inversionistas extranjeros, aspectos imprescindibles en el duro camino hacia la recuperación económica.

Ojalá esta crisis de salud se convierta en la oportunidad que estábamos esperando como país para finalmente tomar acción en la simplificación de los trámites y para modificar la forma obstruccionista en cómo se han construido muchos de los procesos de autorizaciones y permisos a cargo del aparato estatal. Este debería ser el comienzo de una nueva era de verdadero gobierno digital.