Este artículo representa el criterio de quien lo firma. Los artículos de opinión publicados no reflejan necesariamente la posición editorial de este medio. Delfino.CR es un medio independiente, abierto a la opinión de sus lectores. Si desea publicar en Teclado Abierto, consulte nuestra guía para averiguar cómo hacerlo.

Formalmente llega la invitación a la fiesta, pero tenemos cómo afrontar e invertir en el atuendo y el regalo para ir o llegaremos de forma humilde con nuestra ropa de hace 3 años y sin regalo.

Con bombos y platillos anunciamos que somos el primer país de Centroamérica en recibir la invitación para formar parte del “club de los países ricos”, pero seguimos sin una declaración de precios de transferencia después de casi 7 años del decreto 37898-H (setiembre del 2013, donde se estable la primera normativa en materia de Precios de Transferencia). Nuestra declaración de renta carece de información relevante que permita un proceso de fiscalización tributaria en avanzada.

Se deben realizar cambios importantes en política fiscal para podernos alinear a los estándares de la OCDE, empezando por incluir dentro de nuestras cifras de carga tributaria, presupuestos recaudación y déficit, todo lo correspondiente a seguridad Social, como lo hacen los otros países.

Esta organización (OCDE) ha sido la misma que ha indicado en sus informes de revisión las ineficiencias del gasto público, situando los salarios del sector público entre los más altos de sus países miembros.

En su reporte del año 2018, resaltaba de forma positiva la alta cobertura de servicios de salud, pensiones y educación. Los cuales han destacado en esta época de pandemia, pero... también realizaba una llamada de atención sobre la situación fiscal y de endeudamiento que sólo está por empeorar. Nos indicaba que, pese al alto gasto en educación, los resultados son deficientes y que las regulaciones excesivamente complejas frenan el emprendimiento.

La posible entrada a la CODE no solucionada de forma automática nuestras diferencias socioeconómicas. Vamos camino a lo que se ha denominado una nueva normalidad, pero esta crisis que estamos viviendo afectará en el mediano plazo la desigualdad social.

Tres campos fundamentales para definir la pobreza van a generar un aumento en la diferencia entre ricos y pobres.

  • Educación, la herramienta por excelencia de movilidad social. Mientras en las escuelas y colegios privados los estudiantes están trabajando a doble máquina con buen internet y buenas computadoras, el ciclo lectivo presencial se espera regrese hasta el 15 de julio, si hubiera podido ser antes no lo sabremos. Lo que es claro es que había que respetar las vacaciones de 15 días.
  • Salud, tan necesaria para laborar en óptimas condiciones. La CCSS está realizando un esfuerzo extraordinario, pero se están comprometiendo sus finanzas tanto por vía gasto como por vía ingreso, debido al alto nivel de desempleo e informalidad. Esto afectará la capacidad de atención primaria, siendo un problema para aquellos que no puede pagar los servicios de salud privado.
  • Trabajo, finalmente la fuente de ingresos principal. Debido a la pandemia se estima que los niveles de desempleo pasen del 12% a niveles superiores al 20%. Con puestos de trabajo que no se van a recuperar, siendo más afectados aquellas posiciones menos calificadas, que en esta época han sido las primeras en ser suspendidas o cesadas de forma definitiva.

Urgen cambios en materia fiscal en muchos ámbitos, a nivel formal lo que corresponde a declaraciones que doten a la Administración Tributaria de información para poder realizar Inteligencia Tributaria. Por supuesto que, a nivel de gasto, son necesarias reformas estructurales y no por el COVID-19, ya desde antes lo eran. Pero ahora, son urgentes, son de vida o muerte para nuestras finanzas públicas.