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Quienes se niegan a creer en la crisis nacional, y andan con la narrativa de que las personas desempleadas en Costa Rica lo están por tres razones específicas —como haber estudiado lo que no tiene demanda, la no actualización en su campo o la modernización, o que por la robotización y tecnología se requieren menos trabajadores— es porque realmente prefieren pensar que no existe ninguna crisis en nuestro país.

Sin pretender negar lo obvio y evidente, en el sentido de que existe la responsabilidad personal y que ciertas personas pueden haber tomado malas decisiones que ahora les pasan la factura, realmente no existe escenario bajo el cual el gobierno no tenga responsabilidad mayoritaria en el elevado índice de desempleo en Costa Rica.

Veamos la realidad correspondiente a cada excusa:

Carreras que no tienen demanda: ¿Quién mantiene y fomenta carreras que no tienen un mercado sano ni estable si no es el gobierno? Hoy día es sencillo comprobar que entre los indigentes tenemos a profesionales de casi todos los campos, abogados, doctores y odontólogos, entre otros. Muchas veces la falta de demanda no es aleatoria, sino que obedece a las malas políticas estatales. Tal es el caso en muchos campos, entre ellos la agricultura, la minería, la pesca, el transporte, la construcción etc. Tenemos campos laborales donde los técnicos o profesionales del ramo no pueden desenvolverse en ese ámbito precisamente por el ambiente hostil y anti empresarial estatal. El gobierno, de forma arbitraria, sin estudios que lo respalden ha puesto todo su empeño en campos riesgosos, monotemáticos y que obedecen a modas temporales como la carbono-neutralidad.

Falta de actualización en su campo: Esto sería fácil de solventar, puede ser un factor pero de limitada importancia. Las empresas normalmente actualizan y entrenan a los colaboradores que lo necesitan. ¿Dónde está la coordinación con el MEP, INA, CTPs y las Universidades? Los trabajadores tienden a no invertir tiempo ni dinero en prepararse para campos laborales que no están en franco crecimiento. Alguien debe seguir produciendo los bienes y servicios tangibles que el país necesita diariamente para seguir funcionando.

La modernización requiere menos trabajadores: En 2009 en Estados Unidos el presidente Obama tuvo las mismas prácticas de menospreciar a millones de personas que se dedicaban a industrias que consideraba obsoletas, asegurando que “esos puestos de trabajo ya no van a volver… no hay forma de generar miles de nuevos puestos de trabajo, nadie puede usar su varita mágica y bajar el desempleo a los niveles de antes”, y el desempleo descendió a niveles históricos del 3.8%, el más bajo en los últimos 49 años. Costa Rica no es un país lleno de fábricas, no se producen autos y casi todo es importado, sin embargo, nos dicen que las máquinas han desplazado a los trabajadores. Cualquier nuevo uso de máquinas ya sea una aplicación de software o que sea parte de un proceso de fabricación requiere de nuevas cantidades de trabajadores. UBER es un claro ejemplo de esto, miles de costarricenses y refugiados hoy día logran alimentar a sus familias gracias a este servicio y no por participación ni apoyo del gobierno.

En el ámbito especifico minero tenemos una característica que parece se escapa a la mayoría de la población y al casi 100% de los políticos. Un cantón o un distrito puede decidir dejar de sembrar piña o caña, o no hacer más ganadería,  y ese vacío puede ser reemplazado por otra actividad que de alguna manera genera ingresos y beneficios con valor para la sociedad. ¿Nadie va a venir a sembrar piña a escondidas o a la fuerza verdad?

Pero ¿qué sucede si tenemos un yacimiento rico en oro y decidimos no sacarle provecho por temores y oportunismos infundados?

  1. Ese vacío del aprovechamiento técnico y legal del recurso es rápidamente suplantado por la orería ilegal, sin control ambiental ni social de ningún tipo.
  2. Gasto millonario por parte del Estado con el fin de dar la imagen de que se mantiene el control y la soberanía nacional, dinero de los costarricenses para la eternidad mientras exista el yacimiento.
  3. Se pierden cientos de empleos directos bien remunerados en un proyecto minero, se pierde el valor multiplicador para la economía local y nacional, y se asume el costo de oportunidad por todo lo que se deja de hacer por no tener fondos ni crecimiento.
  4. Pérdida de la paz social, la dignidad humana e incremento de todo tipo de actividades ilegales asociadas a la bonanza extractiva ilegal.
  5. El país ENTERO se acerca cada día más a convertirse en un narcoestado, al atraer a grupos cada vez más fuertes y más violentos que incluso incursionan en la política.
  6. Los calificadores internacionales de riesgo bajan a Costa Rica continuamente de nivel, con lo cual el círculo vicioso descendiente se acelera.
  7. Cuando el costarricense se de cuenta de que no habrá paz ni turismo por el estado fallido empezará a interesarse, pero ya será demasiado tarde y la mesa estará servida para un Maduro Tico.

Hay quienes afirman que Costa Rica jamás podría convertirse en otra Venezuela principalmente porque no hay ejército que pueda ser utilizado en contra del propio pueblo, esto es un error simplista y fatal para nuestra existencia. El no tener ejército, ni una ciudadanía entrenada, por el contrario es una invitación a quien quiera venir a aprovecharse de nosotros, vengan de donde vengan.

La pregunta es para el ciudadano que vive en un estado fallido y sin medio digno de sobrevivencia: ¿qué le importa si se llega a ese punto por imposición de un ejército nacional o por varias fuerzas internas o externas? Poco consuelo sería poder afirmar que en Costa Rica somos diferentes porque no es nuestro propio ejército el que nos oprime y mantiene en la miseria.