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Se ha venido diciendo que el PAC sufrió un duro revés en las pasadas elecciones municipales. No soy de ese criterio.

Lo cierto es que no le fue muy distinto a 2016 y 2 años después ganaba las elecciones.

El PAC conserva 5 alcaldías de las 7 que tenía (incluyendo la de la coalición GENTE Montes de Oca, de la que forma parte). En las que perdió el Alcalde se pasó de partido en una, y en la otra no se quiso reelegir.

Considerando el desgaste de medio período pudo haber sido peor.

Por ejemplo en Montes de Oca pasó de una regiduría a dos; producto del esfuerzo unitario de las diversas fuerzas progresistas del cantón bajo la Coalición GENTE Montes de Oca; en la que además del PAC participaron los partidos VAMOS, Humanista y Gente.

Otros partidos tuvieron reveses más fuertes.  El Frente Amplio (FA), por ejemplo, sí sufrió un terrible descalabro, al quedar con cero alcaldías, perdiendo su bastión en Barva.

Mismo resultado que los partidos fundamentalistas neopentecostales, que tampoco sacaron ni una sola de las 82 alcaldías.

Pero en realidad el Partido Liberación Nacional (PLN) es el que sufre el mayor retroceso; y aunque aún es la fuerza mayoritaria a nivel municipal con 41 alcaldías; no logra revertir la tendencia a la baja que experimenta desde 2010.

Desde entonces ha perdido 18 alcaldías; 9 con respecto a 2016. El PLN va al 2022 más debilitado que en 2018 cuando perdieron frente a Carlos Alvarado.

En esas circunstancias, de no pasar nada extraordinario, un tercer triunfo del PAC en las elecciones nacionales está dentro de lo posible.

Por otro lado, la victoria en Montes de Oca, más allá del esfuerzo desplegado y el compromiso de quienes la hicieron posible, es un claro reconocimiento a la excelente gestión municipal que viene desarrollando la Coalición GENTE Montes de Oca y su alcalde Marcel Soler; reconocimiento y aprobación que se refleja en un aumento en casi 1,000 votos con respecto al 2016. Se lograron mantener 2 regidurías, pese a que el FA esta vez hizo casa aparte. Se ganan 3 de las 4 sindicaturas (en el distrito que se pierde es porque no se llevaban candidaturas por un error en su inscripción). Esta vez la coalición sacó más de 2,000 votos de diferencia a sus otros contendientes, quienes ni sumando los votos del PLN y el PUSC le alcanzan.

Obviamente el papel de los equipos de trabajo de los distintos partidos políticos, la calidad de sus candidaturas y las estrategias de campaña desplegadas también fueron determinantes en los resultados.

Las teorías de la conspiración esgrimidas por el derrotado PLN, que achacan a GENTE un traslado masivo de votantes al cantón; o que culpan al abstencionismo de su fracaso, como hizo hace poco Domingo Argüello, o a un imaginario fraude electoral como alegó en privado otro ex candidato; no son de recibo. El frío no está en las cobijas.

Si el PLN perdió en Montes de Oca, quedando con una sola regiduría, si el FA y Avance no lograron pasar del 9% y el 7% de los votos respectivamente, es también en parte por su irresponsable y nefasta política de obstrucción a la Administración ejercida desde el Concejo y las comisiones municipales.

La paralización de proyectos, el retraso en la firma de convenios, el recorte de presupuestos, la pérdida de financiamientos y donaciones para obras comunales le han hecho un grave daño al cantón.

La población políticamente más activa y clara, que es la que vota en estas elecciones, se los ha cobrado con creces.

Por el contrario, dos regidores; uno de la coalición GENTE Montes de Oca y otro del Partido Republicano Socialcristiano (PRSC), se reeligen holgdamente. Lo cual es también un reconocimiento a una gestión constructiva y proactiva en favor del cantón de parte de estos regidores, entre los que me incluyo.

Mismo reconocimiento que obtiene el PUSC, cuyo actual regidor, resume sabiamente su forma de hacer política en que “se deben apoyar los proyectos buenos para el cantón vengan de donde vengan”.

Fue esa forma de hacer política lo que les permitió también situarse por encima del 15% de los votos y mantener una regiduría.

Los derrotados deberían poner sus barbas en remojo, ser autocríticos como también lo deben ser los ganadores y dejar de andar culpando a otros por sus propias derrotas y fracasos.

Con sus discursos y sus prácticas solo le hacen daño a la democracia y fomentan aún más la apatía ciudadana hacia la política y los procesos electorales.