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El amor es sabio, el odio es tonto.  Esta es una conocida frase del filósofo inglés Bertrand Russell, cuyo mensaje deberíamos de analizar como una herramienta para el desarrollo y reactivación económica en la actualidad.

La falta de empatía por la persona prójima en conjunto con las redes sociales se ha convertido en la herramienta principal para la manipulación de masas y para fomentar la separación social que se observa actualmente en la sociedad.

Por más que uno se moleste con los políticos y le eche la culpa al sistema, es probable que la democracia en realidad funcione mejor de lo que uno pensara, y en realidad nuestros líderes reflejan en su totalidad (para bien y para mal) lo que somos como país y sociedad.

¿Entonces? ¿De quién es la culpa?  Primero, es una pregunta sin sentido y vacía, ya que la culpa nunca resuelve absolutamente nada, y si se trata de justicia, para eso existe el Poder Judicial.  Y sí, nuestro sistema de justicia también responde a quienes somos como nación.  Segundo, y en el caso de que la respuesta se utilizara solo para mejorar, la culpa ha sido de todas y todos nosotros.

Hemos tenido tanto que nos hemos convertido en la versión sociedad de un niño berrinchoso, que hace un escándalo cuando no le dan lo que quieren, que se molesta cuando le corrigen y muestran sus errores, que se reúsa a cooperar.

Entiéndase:

Entre muchos otros que se podrían mencionar.  Esto no es una discusión sobre posiciones ideológicas o de quién “tiene la razón o no”, sino de las consecuencias de nuestras acciones como sociedad.

No es irse a huelga, es cómo irse a huelga.  No es consumir, es cómo consumir.  No es votar, es cómo votar.  No es botar basura, es cómo hacerlo.

Pero justificamos nuestro actuar colectivo egoísta e irresponsable en los ideales sagrados de libertad, los cuales en su esencia no existen para fomentar el comportamiento individualista, sino para que, desde el marco de la acción personal, se contribuya a la mejora del bienestar colectivo.  No es difícil de observar que cosas como ir en car pooling podrían tener un efecto sobre el tránsito por encima de cualquier proyecto del MOPT.

Lo mismo se podría decir de realizar consumo responsable: no es que no se puede ni se debe consumir, en realidad esto es necesario para que la economía crezca.  Pero entonces por qué no consumimos menos plástico, o tal vez menos petróleo.  Quizás consumir algo de una empresa local.  Pero en realidad, aumentamos el consumo de combustibles mientras que al mismo tiempo nos oponemos utilizar el petróleo disponible en el país.

Si colectivamente las personas pensáramos el voto con empatía y no con odio, podríamos escoger líderes que representaren más nuestros valores, que nuestros antivalores.  Es más, tenemos el derecho de fiscalizar el actuar de las personas democráticamente elegidas, pero eso le toca a alguien más siempre.  Igual que al wila que siempre le recogen la ropa.

Si seguimos así no vamos a lograr reactivar la economía ni desarrollarnos.  El bicentenario ha sido incapaz y esto está más que probado, pero no quiere decir que no sea la responsabilidad de todas y de todos.

La economía se reactiva pensando en la persona que va conmigo en el bus, también tiene una vida, una historia y problemas.  La podemos reactivar logrando encadenamientos productivos y aprovechando el enorme talento que tenemos en los jóvenes del país.  No la reactivamos serruchando el piso ni acribillando a quienes estén brillando.

Reactivación económica implica aumentar el consumo de forma responsable, exportar más de lo que importamos e invertir en infraestructura.  Algunas las podemos hacer directamente, otras indirectamente; todas aquellas que dependan de algún poder de la República tienen forma de fiscalizarse mediante herramientas como el artículo 27 de la Constitución Pública.

O también está la otra decisión, que es que no nos importe nada, pagamos impuestos y ya.  Pero debemos ser conscientes que todas las decisiones en la vida tienen un costo, y el de mantener una actitud egoísta y basada en el odio nos seguirá llevando a un camino de mayor separación y tensión social.

Cuando uno es niño no comprende que toda acción tiene una consecuencia y que la inacción ante una situación es una decisión en sí misma.

Ojalá no nos esté pasando lo mismo como sociedad.