Bue. Todo apunta a que serán cuatro años más de lo mismo. Empiezo desde ya a prender velitas a ver si a partir del 2030 podemos pensar en una democracia de debate intenso centrado en ideas y no en descalificaciones. Por lo pronto la luna de miel con el enojo y los extremos parece que seguirá siendo el patrón ineludible de la realidad política costarricense.