No estoy sugiriendo vivir en negación (de hecho mi evangelio personal lo prohíbe) ni mucho menos no llamar a las cosas por su nombre. Simplemente pido dejar siempre abierta la puerta al progreso. Al diálogo. A la concordia. Hablo, por supuesto, del beneficio de la duda que he sugerido otorgarle a la presidencia de Laura Fernández Delgado. Frente a quienes parten de que será una extensión automática de la línea beligerante que ha caracterizado a don Rodrigo Chaves Robles, yo solo estoy planteando algo muy sencillo: no adelantemos la sentencia.